En cierta ocasión decía Ramiro de Maeztu, cuya fobia a Unamuno viene de antiguo -acaso esta fobia hubo de influir, aún sin él mismo saberlo, en su desgraciada aventura política-, refiriéndose a los poetas, que, a su juicio, eran eficientes como tales cuando alguien los retenía en su oído.
—Todos ustedes sabrán de memoria —decía dirigiéndose a un grupo de escritores— alguna poesía de Rubén Darío. Invito a cualquiera a recitar un verso de Unamuno.
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CÉSAR GONZÁLEZ-RUANO, Unamuno, Ediciones G.P., 1959, pág. 120