Verendo padre, a lástima movido
de verte sin consejo zumbeando,
por Helicona, te requiero y mando
que te vuelvas a E(s)gueva arrepentido;
que te aseguro que, a no haber salido
de lo que él va con su licuor lavando,
más dulce paresciera y más blando:
si bien tan viejo, no tan distraído.
Vuélvete al dios Apolo, y sin con ira
despreciaré tus ruegos, por tus vicios
enfadado de tantas necedades,
alza tu propia cara, calla y mira,
y en vez de hacerle nuevos sacrificios,
hazle otra Garza y otras Soledades.
FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III (Parte I), Biblioteca clásica Castalia, Madrid, 2001, pág. 242