Ciertos poetas americanos, como Rubén Darío, que no son más que sinsontes vestidos con plumaje pseudo parisién. [...] El señor Darío es muy decidor, no cabe negarlo; pero es mucho más cursi que decidor y para corromper el gusto y el idioma y el verso castellano, ni pintado. No tiene en la cabeza más que una indigestión cerebral de lecturas francesas y el prurito de imitar en español ciertos desvaríos de los poetas franceses de tercer orden. [...] El tal Rubén Darío no es más que un versificador sin jugo propio, como hay ciento, que tiene el tic de la imitación, y además escribe, por falta de estudio o sobra de presunción, sin respeto a la gramática ni de la lógica, y nunca dice nada entre dos platos. Eso es Rubén Darío, en castellano viejo.
LEOPOLDO ALAS "CLARÍN", en Vivos y muertos. Salvador Rueda, Madrid Cómico 566 (23 de diciembre de 1893), recogido por Alberto Cereceda en El acecho antidariano. Ataques y deformaciones en torno a Rubén Darío, Biblioteca Virtual Cervantes.