Detesto su Comedia Humana. Qué fácil es estropear la mejor de las sopas añadiendo una cucharadita de grasa rancia o una pizca de pasta de dientes. Basta con una gota de Balzac malo, pretencioso y melodramático para volver indigestos todos esos volúmenes y su entera personalidad. Dicen que es un genio, seamos pues indulgentes. Las mujeres que se acostaban con su genial gordura debieron saber algo de esta indulgencia, puesto que para meterse en la cama con el Genio tuvieron que vencer en ellas más de una aversión. Pero no estoy seguro de que ese cálculo valga la pena y de que esté conforme con la naturaleza. En el campo de las relaciones personales -y así son nuestras relaciones con los artistas-, un detalle tiene a menudo mayor importancia que toda una montaña de méritos merecedores de un monumento. Es más fácil llegar a odiar a alguien por hurgarse en la nariz que llegar a amarlo por haber creado una sinfonía. Porque el detalle es característico y determina a la persona en su dimensión cotidiana.
WITOLD GOMBROWICZ, Diario (1953-1969), Seix Barral, Barcelona, 2005, traducción de Bozena Zaboklicka y Francesc Miravitlles, págs. 436 y 437.