El poeta Arthur Rimbaud.
Sus poesías son, en general, ininteligibles. Lo demuestran las innumerables interpretaciones eruditas que han tenido. Cuando son inteligibles, son pura banalidad. A veces parece que el que escribió las poesías que quiso escribir Rimbaud fue Verlaine –gran poeta–. Gran pederasta, drogado, Rimbaud tuvo, de joven, una gran belleza física. Ojos de nomeolvides –dicen los retratos coetáneos.
La vida de Rimbaud, –evasión permanente, siempre fugitivo– fue sensacional, mucho más que su poesía. En Francia esta clase de poetas siempre será apreciada por la fatiga producida por el esfuerzo que pone en ella el academicismo.
JOSEP PLA, Dietarios (I): El cuaderno gris / Notas dispersas, Espasa, Madrid, 2001, pág. 524, traducción de Xavier Pericay.