Umbral sobre Azorín (2)

Azorín, teóricamente, también es un escritor apasionante. El escritor dandy, hermético y silencioso que escribe de sí y desde sí. Perfecto. Pero luego en sus obras hay una falta de aliento que ahoga. Inventó el párrafo corto porque tenía las ideas cortas. Me comunica constantemente una disnea literaria que me hace físicamente imposible leerlo. Cómo lucha porque se le ocurran cosas. No se le ocurre nunca nada. Tiene que apelar al arcaísmo o al dato preciso de agrimensor. Fantasía para el idioma no tiene ninguna. No es cierto que trajese la naturalidad, porque nada menos natural que lo suyo. Ni que crease la nueva prosa española. La nueva prosa española -y el verso- nace de Juan Ramón Jiménez, Gómez de la Serna y Valle-Inclán, los tres grandes Ramones que de alguna manera han empreñado a todo escritor subsiguiente. Nadie ha vuelto a escribir como Azorín. Ni siquiera Pedro de Lorenzo, contra lo que decían los maledicentes del café a última hora de la tarde, cuando ya no había de qué hablar.

Azorín es un escritor muy imitable, pero muy poco aprovechable.

FRANCISCO UMBRAL, La noche que llegué al Café Gijón, Destino, 1977, pág. 55.