Baroja sobre Pardo Bazán

La Pardo Bazán no me interesó nunca ni como mujer ni como escritora. Como mujer, era de una obesidad desagradable, y como escritora, todo eso del casticismo y del lenguaje no he tenido muchas condiciones para sentirlo.

Al menos para mí, todo ello no tenía gran atractivo. En su conversación, doña Emilia era un poco ansiosa y trepadora.

La cuestión era demostrar que era amiga de la condesa y de la duquesa, del príncipe, del gran escritor y del gran político. Si la representación de la aristocracia y del ingenio español eran la infanta Isabel, la marquesa de La Laguna y la Pardo Bazán, había que echar al galope al yermo.

“Emilia la Rabicorta”, parece que la llamaba la Laguna a la Pardo. No sé por qué; las dos eran igualmente rabicortonas y pesadas.

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PÍO BAROJA, Desde la última vuelta del camino, Tusquets, Barcelona, 2006, pág. 748