Si la novela Doctor Zhivago, de Boris Pasternak, tuvo esos mismos defectos –defectos que aparecen como tales porque el autor eligió el estilo realista–, no es raro que sea una obra que al cabo de poco tiempo, después de su inmensa popularidad, haya desaparecido de las librerías y ya nadie hable de ella. Buena lección de humildad para los novelistas totalizadores que aspiran a lo eterno.
JOSÉ DONOSO, Diarios, ensayos, crónicas: La cocina de la escritura, Ril Editores, Santiago, 2009, pág. 81