El poeta populista de la democracia jacksoniana, Walt Whitman, cantó odas a la masculinidad y la superraza angloamericana que se había consolidado a fuerza de imperialismo. En su calidad de entusiasta defensor de la guerra contra México en 1846, Whitman propuso que se desplegaran sesenta mil tropas estadounidenses en México para efectuar allí un cambio de régimen «cuya eficacia y permanencia serán garantizadas por Estados Unidos. Esto generará negocios, abrirá el camino a fabricantes y al comercio; hacia ellos encontrará su camino el inmenso capital muerto del país [México]». Whitman sustentó esta receta explícitamente en el racismo: «El negro, como el indio, será eliminado; es la ley de las razas, la historia […]. Llega un grado superior de ratas y luego se borra a todas las ratas inferiores». Todo el mundo se beneficiaría de la expansión estadounidense: «Anhelamos ver que nuestro país y su Gobierno lleguen lejos. ¿Qué tiene que ver el miserable e ineficiente México […] con la gran misión de poblar el Nuevo Mundo con una raza noble?». En septiembre de 1846, cuando las tropas del general Zachary Taylor tomaron Monterrey, Whitman anunció que se trataba de «otra prueba irrebatible de la indomable energía del carácter anglosajón». Los sentimientos de Whitman reflejaban el mito fundacional estadounidense establecido: el destino histórico era que los colonos de frontera reemplazaran a los pueblos nativos, y Whitman agregó su propio giro teórico a lo que más tarde se conocería como darwinismo social.
ROXANNE DUNBAR-ORTIZ, La historia indígena de Estados Unidos, Insurgentes, 2019, traducción de Nancy Viviana Piñeiro.
