Giménez-Arnau sobre Umbral

Me fui a ver a Umbral. Localicé su tumba. Llamé al timbre.

Abrió España, la mujer de Umbral. Yo podía destrozarla, describirla en los mismos términos asquerosos en los que Umbral nos metió a mi mujer y a mí: braguetazo. Lo del oro es lo de menos, está destinado a suavizar la cobardía. ¿Cómo puede equivocarse tanto un escritor?

España vio mi cara y se heló la suya. Tengo fama de expresivo.

–Soy Joaquín Giménez-Arnau. ¿Está Francisco Umbral?

España no llegó a articular más que indecisiones. Le besé la mano y ya sí que no entendía nada. Umbral apareció al fondo, atándose el foulard, ajustándose sus dioptrías a mi aparición.

–¿Puedo pasar? –le pregunté a España, quien miró a su marido, a mí, otra vez a su marido, y con tantos titubeos se creó una corriente que me situó dentro de la casa.

Al momento la voz sonora de Umbral tembló:

–Ah, sí, sí, Jimmy, pasa, pasa. España, este es Jimmy Giménez-Arnau…

–¿A cuenta de qué dices que yo he dado un braguetazo con mi mujer?

–Hombre, ya sabes, no hay mala intención por mi parte, el empleo de las palabras, el humor, yo no pensé que te lo tomarías así…

–¿Por qué no haces humor con tu madre?

–También lo he hecho.

–Ya me lo has contado todo. Si eres capaz de cachondearte de tu propia madre, me desarmas. No entiendo por qué has escrito eso de mí, no lo entiendo.

–Hombre, es que tú te has fabricado una imagen…

–La imagen la fabrica gente como tú soltando bellaquerías de ese tamaño. Antes de hablar de mi mujer, ¡límpiate la boca!

–España, ¿no te he hablado yo de Jimmy, no te he contado la simpatía que le tengo, incluso lo bien que escribe?

–Sí, sí.

–¿Lo ves, Jimmy? No es para que te pongas así, creo que estás influenciado por el ambiente en que te mueves. Yo te considero un amigo.

Cogió el gato y lo empezó a acariciar. No tenía nada más que ese gato. Ese día comprendí por qué es tan despiadado como escritor. Le da igual que le cuelguen lo que sea. Es peligroso porque no es vulnerable. Padece cáncer de alma.

El sainete acabó ante un vaso de agua del grifo. El matrimonio Umbral me ofreció de beber y como no había nada sin alcohol pedí:

–Agua, un vaso de agua, por favor. Y siento, España, el numero que has tenido que presenciar.

–Ya estoy acostumbrada. Paco sale a paliza por artículo.

–Ya será algo menos.

El escritor dejó ir al gato. Empezó a tocarse el cuello entre la oreja y el foulard con gesto de que aquello le dolía, y dijo:

–No creas, Jimmy, hace una semana me atizaron los guerrilleros de Cristo Rey en California 47, llevo unos días malos. A ti te he dejado pasar porque eras tú.

JOAQUÍN GIMÉNEZ-ARNAU, Yo, Jimmy. Mi vida entre los Franco, Planeta, Barcelona, 1981, págs. 205-208, recogido por Anna Caballé en Umbral, el frío de una vida, Espasa, Madrid, 2004, págs. 312-313
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