Martin Amis sobre Tom Wolfe

En un manifiesto, citado con frecuencia, en pro de la “nueva novela social”, Wolfe aconseja a los escritores que mantengan a raya a la imaginación y hagan algunas “investigaciones” sobre el terreno: los grandes argumentos están allí, no aquí. Y afirma que el futuro de la novela radica en “un minucioso realismo” basado en el periodismo. A los periodistas, por descontado, esta idea les pareció estupenda, y todavía la utilizan como argumento contra esfuerzos más “literarios”. Me parece obvio, e incluso tautológico, que, si adoptas un punto de vista periodístico, escribirás novelas periodísticas. En otras palabras, al centrarte en acontecimientos locales de carácter, por lo general, efímero, restarás universalidad a tu prosa. Tom Wolfe, gracias al ojo clínico que tiene para la construcción, escribe tan bien acerca de las instituciones de prevención social, como asilos, orfanatos o cárceles, que no se puede menos que compararlo con su admirado Dickens. Éste era visitante habitual de esa clase de establecimientos, y no cabe duda de que hizo “investigaciones” que le permitieron dar verosimilitud a sus cárceles, sus orfanatos o tribunales. Pero tampoco cabe duda de que las informaciones que obtuvo pasaron por el tamiz de su imaginación y fueron rehechas de acuerdo con su personal manera de pensar y su particular lógica cómica. Quizá por eso sus obras han perdurado, mientras que las de Wolfe dan la impresión de que envejecerán con relativa rapidez.

MARTIN AMIS, La guerra contra el cliché, Anagrama, Barcelona, 2003, traducción de Francesc Roca, págs. 208 y 209.