Esta magra y famélica figura,
cecina del Parnaso, musa momia,
cadáver de la infamia y la locura,
de todo bodegón cáncer y gomia;
este descomulgado,
con su proprio bonete encorozado,
doctor en mierda, gradüado en pujos,
que para deshonrar a otros linajes,
luego les achacaba sus abuelos;
éste que, permitiéndolo los cielos,
por desacreditar los más honrados
y dar a los modestos pesadumbres,
de los unos decía sus costumbres,
levantaba a los otros sus pecados;
éste que en sí estudiaba
oprobios con que a todos deshonraba,
aunque parece que es el racionero
de Zamora, yo quiero
que esta vez sola, porque no se ofenda,
del racionero cordobés se entienda.
FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III (Parte I), Biblioteca clásica Castalia, Madrid, 2001, pág. 246