He querido en mis notas críticas ahuecar, perforar, o al menos resquebrajar el farallón constituido por los novelistas que me precedieron, los cuales habían creado una especie de institución oficial, estatal casi, totalmente despótica y que funcionaba a través de citas, elogios mutuos, sin el menor pudor, premios oficiales y, sobre todo exclusiones, es decir, "censura". Inquisitoriales, exclusivistas como un club de burgueses en un país reaccionario, estos autores habían constituido una "listita" inevitable que no olvidaba un solo profesor de literatura ni una sola joven cultivada y "en mal d'esthétique" y de telurismo sudamericano. El sistema de "censura" al cual, sin ir más lejos, mis propios libros precedentes fueron sometidos, de parte de esos autores, era impenetrable. En ninguna de sus críticas, ni en sus entrevistas, ni en ninguno de los libros que con títulos tan aparatosos como tontos trataban de la nueva novela en América Latina, mi nombre apareció jamás, ni el mío ni el de autores jóvenes que han aportado realmente algo... Pero vamos por partes, pues no quiero caer yo, a mi vez, en el sectarismo: no niego la evidente calidad de algunos de sus libros; impugno el carácter improvisado y extraliterario de sus juicios críticos, la falta de vigor para pensar la escritura y su relación con un contexto dado, lo polvoso y trasnochado de sus criterios, el "impresionismo" crítico que practican. Todo en ellos es subjetivo, "idealista", desprovisto de método y de seriedad.
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SEVERO SARDUY, entrevistado por Jean-Michel Fossey para Galaxia latinoamericana, Inventarios provisionales, Las Palmas de Gran Canaria, 1973, págs. 246 y 247