Umbral sobre Galdós

A Galdós le traiciona la prosa. Su intención parece que es de cronista crítico, pero su prosa, pedestre, vulgar, carente de inspiración sintáctica, pobre, es exactamente el alimento espiritual, el lenguaje que puede entender ese público que él pretende denunciar. Con la prosa está corroborándoles. Una prosa de almacén, que diría Borges de Américo Castro, no es sólo un delito literario, sino ante todo una traición a lo que se quiere comunicar, en el caso de Galdós y de tantos otros. Es la prosa/argamasa del maestro de obras que viera el memorialista.

(...) Galdós es el burguesazo solitario, solterón, ilustrado de putas y admiradores, que se edita a sí mismo y calcula que cada Episodio Nacional le va a dejar una perrona por ejemplar.

(...) Galdós, pues, es el gran estorbo del 98 y el Modernismo, el hombre que asume en sí toda la realidad convencional, pequeñoburguesa y sin imaginación, y criticándola la consagra, cerrando el paso a esos creadores de realidades nuevas que son siempre los artistas venideros.

(...) Galdós, cuando se pone estilista, dice que Tristana tenía "una boquirrita"... Y es cuando arrojamos el libro. O dice que los garbanzos son pequeños proyectiles vegetales. Es el que compara siempre a los chicos saliendo del colegio con una bandada de gorriones, y a la bandada de gorriones con chicos saliendo del colegio. Y ahí se acaban sus recursos estilísticos.

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UMBRAL, FRANCISCO, Las palabras de la tribu, Planeta, Barcelona, 1994, págs. 27 y 28

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