Elvira fue quien me presentó a Vicente Huidobro, gran poeta, sí, pero de una inmensa vanidad, rayana casi en lo grotesco. Cuando en el año 1937 vino a España para el Congreso de Escritores por la Paz, quiso en Madrid visitar algún frente, Pablo Neruda y yo inventamos esta copla, que se le hizo llegar, diciéndole que los soldados la cantaban con alborozo en las trincheras:
Ya llegó nuestro Vicente,
ganaremos la batalla,
que es el hombre más valiente
por donde quiera que vaya.
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RAFAEL ALBERTI, La arboleda perdida (Segunda parte), Seix Barral, 1987, págs. 15 y 16
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