De ahí salió Neruda en busca de una mayor verdad. Los tiempos, la experiencia chilena en poesía -que es de las más vastas de América-, los ejemplos de contemporáneos suyos, iguales o superiores, pero con menos suerte en lo de la publicidad y el reclamo -Pablo de Rokha, Rosamel del Valle, Humberto Díaz-Casanueva... ¡y el maestro Huidobro!-, lo condujeron a trabajar una poesía más o menos profunda, pero rica, variada, ambiciosa de expresar visiones, conceptos, invenciones pertenecientes al nuevo modo de entender el papel demiúrgico, mágico, milagrizador del poeta. Y ese Pablo Neruda escribió Residencia en la tierra. Quien dio una obra como esa a la poesía hispanoamericana, ya tiene derecho a figurar en la ringlera de los grandes poetas. La influencia alcanzada por Neruda con este libro en América y en España fue tan considerable, que sólo por capricho puede ser olvidada. Parecía a muchos que se había repetido el caso de Darío, llevando allá un renacimiento. El libro tenía una fisonomía tan recia -esto no tiene nada que ver con influencias, precedencias y maneras-, unos aciertos tan indiscutibles, un grupo de poemas mayores en la lírica de cualquier tiempo y país, que se impuso con la fuerza de las cosas que quedan. Residencia en la tierra es un peldaño, una estación, una fecha miliar en la poesía hispanoamericana.
Pero hay el tercer Neruda. El político, el repetidor de sí mismo, el agotado hasta el vacío. Será tema para una sutil discusión el establecer si se agotó porque fue a la política comunista, o si fue a la política comunista porque ya no tenía nada que decir. En una dirección o en otra, el hecho cierto, a la vista de todos, es que después de Residencia en la tierra, Neruda se convirtió en un fabricante de poemas "a la manera de Neruda". Ha dado panfletitos políticos de cuarta clase, como ese Canto general, que fue realmente un "Desencanto general". Y el único título que tiene hoy para seguir figurando entre los poetas principales de América por lo que hace, es el de editor pulcro. A medida que escribe peor, edita más bellamente. La sonsera de las Odas está encerrada en un libro espléndido, desde el punto de vista tipográfico.
Y así el tercer Neruda, el deshecho por la cárcel mental del comunismo, el uncido de las consignas y de los tediosos vaivenes de la estrategia rusa, no cuenta para nada en la poesía. ¡Pero atención a los prejuicios a las generalizaciones! No estamos ante un caso de unidad, sino de tricefalia. Que el Neruda de hoy no funcione, y que el primer Neruda funcionara dentro de un marco trivial, no quita que haya existido el Neruda del medio, el de la plenitud. Ese hombre ha pasado por tres etapas: dos de ellas repudiables, la primera y la actual, y una intocable, poderosa, llena de vigor y de mágico asombro ante el mundo profundizado. Del Neruda romántico podemos prescindir; del Neruda comunista, mejor no hablar, ya que es un títere y un sin voluntad propia como otro comunista cualquiera; pero del Neruda autor de Residencia en la tierra, digamos las alabanzas mayores y guardemos la más reverenciadora memoria.
GASTÓN BAQUERO, fragmento de Polémica inútil por Neruda, publicado en Diario de la Marina, 6 de febrero de 1958, y recogido en Geografía literaria (1945-1996), Huerga y Fierro Editores, Madrid, 2007, págs. 165-167
.