Marías sobre Houellebecq

Difícil es que yo lea a quien se pasa media vida yendo de Sarajevo a Chiapas y de Jerusalen a Tel Aviv para “llamar la atención” sobre lo que todo el mundo ya sabe y así ponerse bajo los focos y quedar de fábula, por solidario y comprometido, oenegé individual con gran provecho. Y más difícil aún a quienes se fabrican “escándalos”. Acabo de quitarme entre los deberes, por ejemplo, a ese francés llamado Houellebecq, según los críticos muy provocador y muy bueno. Y no tanto por haberlo visto complacidísimo con su ridículo proceso por injurias al Islam, cuanto porque leí hace poco que había presentado una novela en Barcelona: encapuchado y con gafas negras, leyó un fragmento erótico, eso decían, mientras se veía a una mujer en un vídeo sacar moldes de un clítoris. Luego, “la artista Nifasta” realizó la misma operación en persona, con una acompañante con medias negras. Después ambas se quitaron sus sendas y muy rojas bragas, mientras el autor leía muy serio un pasaje felatario. Al final, el clitórico molde obtenido se colocó en una vitrina. Por caridad, cómo quieren que lea a semejante plasta. Claro que lo más penoso de todo venía al final de la noticia: “El Instituto Francés se llenó a rebosar. El publicó siguió toda la representación en respetuoso silencio”. Si al menos se hubieran reído, empezando por el provocador solemne...

JAVIER MARÍAS, Harán de mí un criminal, Alfaguara, Madrid, 2003, pág. 305.