Tras su muerte, Ajmátova fue blanco de inesperadas críticas por parte de su vieja amiga Nadiezhda Mandelstam. En el segundo volumen de sus memorias, Nadiezhda la tachaba de vanidosa y de ser incomparablemente más egoísta que Tsvetáieva. Dos acusaciones que no se había atrevido a hacer en vida de ella, aunque eso no implica que fueran del todo falsas. También Naiman reconocía que Ajmátova era "a veces caprichosa, despótica, e injusta con la gente; otras, se comportaba de manera egoísta y se vanagloriaba de las últimas muestras de arrobamiento de sus lectores. Consciente o inconscientemente, Ajmátova animaba a las personas a verla como una figura excepcional y de mayor altura que ellas".
.
.
ELAINE FEINSTEIN, Anna Ajmátova, Circe, Barcelona, 2007, pág. 369. Traducción de Xoán Abeleira