Lobo Antunes sobre Saramago

 Antes de la Revolución, el partido comunista tenía a casi todos los intelectuales. Ahora tiene a Saramago y algunos más. Saramago es la gran referencia y ha optado por la línea dura del partido, ha criticado con gran violencia a sus camaradas que apostaban por una apertura. Pero él sólo se ha mostrado así hace poco tiempo. Porque siempre ha sido muy cuidadoso con sus declaraciones. En los periódicos españoles decía que era un exiliado político, exiliado político de nada, porque aquí vivimos en una democracia. Antes de la Revolución nunca estuvo en prisión, y eso otros que sí han estado no se lo han perdonado.

De todas formas Saramago es un fenómeno que se está disolviendo. En otros países no existe, y aquí se está desinflando como un globo pinchado. Empezó a publicar aquellos cuadernos biográficos, que han caído muy mal a la gente porque eran un ejercicio de vanidad insoportable. Y después, cuando fue a recibir el Nobel... En fin, mejor no perder el tiempo hablando de estas cosas. Literariamente para mí no es competencia. Tiene más presencia en España y en Brasil, pero no en el resto del mundo.


(...) Me acuerdo de cuando estaba en Brasil, al comienzo de los años ochenta, con otros escritores portugueses, y la mujer que entonces tenía Saramago venía por la mañana diciendo: “José, has tenido doce líneas, éste ha tenido nueve, el otro ha tenido ocho...”. Le contaba las líneas que nos habían dedicado a cada uno en la prensa. Y se pasaba las mañanas subrayando los periódicos, no solamente lo que decían de él, sino también lo que decían de los otros. Como si el elogio a otros fuera un ataque contra él. Es algo muy extraño.


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ANTONIO LOBO ANTUNES, en Conversaciones con Antonio Lobo Antunes, de María Luisa Blanco Lledo, Siruela, Madrid, 2001