Jiménez sobre Benavente

¿Qué hay en Jacinto Benavente, que, a pesar de su injenio evidente, de su manera sencilla, fácil, lijera de escribir, de su superficialidad ondeada y amable, lo pone entre bastidores, siempre aparte, como si su arte fuese una figura más de cartón y guardarropía con voz sólo en la garganta? ¿Qué hay en todo ello de tiesura, de engolamiento, de falsedad, de incomodidad, de... cursilería?

He intentado releer o leer algún pasaje de Benavente en estos últimos años. Sí, veo su viveza, su lijereza, su injenio. Y sin embargo me aprieta el cuello y me pellizca la nuez, me pesan los hombros, se me entran "los bigotes" en la nariz y en los ojos. ¡Qué incomodidad y qué cursilería! Porque el injenio..., ¿hay nada malabaristas de los sesos huecos, que canse, que rebaje, que pase más que el injenio?

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Españoles de tres mundos, Alianza Editorial, Madrid, 1987, págs. 150 y 151