En mi opinión, estos escritores de dramones han envenenado los teatros de toda Europa e incluso del mundo entero hasta los cimientos y por tiempo indefinido, y por desgracia no se podrán sanear nunca más de la plaga clásica. Chernobil, ese esperpento soviético-ortodoxo, no es nada comparado con una de esas piezas de Shakespeare que explotan cada día, al menos una vez, en cualquier parte del mundo; una Tempestad shakespeariana causa más daño a Europa que 10 catástrofes del tipo de la de Chernobil o incluso de Basilea, créame. Shakespeare, él solo, ha contaminado y destruido el mundo teatral por siglos, por no decir eternidades, ¡créame! Y el señor Peymann nos cuenta que en marzo pone en escena Tartufo, por cierto una de las obras de teatro más tontas que jamás se han escrito y sacado a un escenario, créame, yo sé lo maravilloso que resulta cuando se saca un vaso de cerveza al escenario, créame, pero jamás una obra dramática.
THOMAS BERNHARD, Mi "Feliz Austria", El País, 19 de febrero de 1989, traducción de Genoveva Dieterich. Todo el artículo AQUÍ