ALFREDO BRYCE ECHENIQUE: Yo me he sentido siempre muy marginal de todo, soy lo que se llama un escritor de frontera, como Proust, que se mueve entre un mundo judío y católico. Siempre he estado, como dicen los franceses, “entre dos sillas con el culo en el suelo” (risas). Yo era muy incómodo, no me dejaba incluir o clasificar fácilmente.
SILVINA FRIERA: ¿Qué es lo que incomodaba de su literatura?
ALFREDO BRYCE ECHENIQUE: El humor, porque la literatura del boom era muy seria, muy grave. Cortázar, que es como mi hermano mayor, escribió que cuando un latinoamericano se hacía escritor se volvía serio. No había ni una gota de humor en Carpentier, en Asturias, en Rulfo, en Vargas Llosa. Además, consideraban que el humor podía ser reaccionario porque al reírse no se veía bien la realidad. Fijate la gravedad de los títulos de los escritores del boom: Cien años de soledad, El otoño del patriarca, El siglo de las luces... ¡qué aburridos! Tito Monterroso, que fue un maestro de la ironía, participó del proyecto que armaron los escritores del boom para hacer varias novelas sobre cada uno de los dictadores, pero Monterroso, mientras investigaba, descubrió que la mamá del dictador guatemalteco era alcohólica y el papá le pegaba, y me acuerdo de que Tito me dijo que prefería no escribir sobre el dictador porque le estaba entrando una ternura por el personaje...
ALFREDO BRYCE ECHENIQUE: “La novela es acto de rebeldía contra el destino”, entrevista de Silvina Friera publicada el 16 de abril de 2005 en Página/12. Toda la entrevista AQUÍ