Reig sobre Javier Marías

Siendo aburrido, Javier Marías no se parecía gran cosa a Juan Benet: los de Marías eran tostones de fabricación casera, casi artesanal, a menudo incluso legibles. Sin embargo, consiguió que los mandarines se libraran de esa posición incómoda (o brete) en la que ellos mismos se habían colocado al proclamar la poderosa influencia de Benet.

En agradecimiento, decidieron otorgar a Javier la etiqueta de "gran novelista".

El joven Marías se envalentonó. Cada año escribía ladrillos más contundentes, en varios tomos de trescientas páginas, fárragos perifrásticos llenos de digresiones, circunloquios y etimologías improvisadas.

RAFAEL REIG, Manual de literatura para caníbales, Debate, 2006, Barcelona, pág. 295.