En agradecimiento, decidieron otorgar a Javier la etiqueta de "gran novelista".
El joven Marías se envalentonó. Cada año escribía ladrillos más contundentes, en varios tomos de trescientas páginas, fárragos perifrásticos llenos de digresiones, circunloquios y etimologías improvisadas.
RAFAEL REIG, Manual de literatura para caníbales, Debate, 2006, Barcelona, pág. 295.