Personalmente, yo no admito el surrealismo, pues encuentro que rebaja la poesía al querer ponerla al alcance de todo el mundo, como un simple pasatiempo familiar para después de la comida.
En ciertos poetas habéis hallado obscuridades, misterios que se os escapan; os habéis hallado ante un problema y habéis creído resolverlo suponiendo que aquellas cosas misteriosas se debían a un dictado automático.
M. François de Curel también pretende que escribe sin vigilar directamente sus piezas, y se dice indiferente ante sus producciones, sosteniendo, surrealista ante todo, que es "un personaje interior quien hace correr su pluma". Lamartine sostenía lo mismo cuando decía: "No soy yo quien pienso, sino mis ideas las que lo hacen".
Proclamáis lo arbitrario, pero lo arbitrario no existe. Es cuestión de puntos de vista.
Para los lectores de Lamartine, Baudelaire era arbitrario; para los lectores de Baudelaire, Rimbaud era arbitrario; para los lectores de Rimbaud, Apollinaire era arbitrario, y seguramente los lectores de Apollinaire nos encuentran sumamente arbitrarios.
Yo, por mi parte, niego absolutamente la existencia de lo arbitrario en el arte. Al igual que no creo en aquellas famosas realidades distantes hablando de la imaginación. Distantes sí; ¿pero para quién?
VICENTE HUIDOBRO, fragmento de Yo encuentro..., recogido por Klaus Müller-Bergh y Gilberto Mendonça Teles en Vanguardia Latinoamericana, Tomo V, Iberoamericana, Madrid, 2009, pág. 56.