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Lorca sobre Alberti

Ahí tienen ustedes el caso de Alberti, uno de nuestros mejores poetas jóvenes, que, ahora, luego de su viaje a Rusia, ha vuelto comunista y ya no hace poesía, aunque él lo crea, sino mala literatura de periódico. ¡Qué es eso de artista, de arte, de teatro proletario!... El artista, y particularmente el poeta, es siempre anarquista, sin que sepa escuchar otras voces que las que afluyen dentro de sí mismo; tres fuertes voces: la VOZ de la muerte, con todos sus presagios; la VOZ del amor y la VOZ del arte…

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FEDERICO GARCÍA LORCA, entrevista de Ricardo F. Cabal, publicada en el periódico La Mañana de León el 12 de agosto de 1933 y recogida por Hilario Jiménez Gómez en Alberti y Lorca, la difícil compañía, Renacimiento, 2009, pág. 217

Varios sobre Lorca

Pocos meses más tarde, al fin, se publicó la primera edición completa de El Público, de Lorca, después de años de esperas y dilaciones. El texto, anticipado con cuentagotas tiempo atrás, no defraudaba; por el contrario, excedía todas las expectativas por su grandeza, audacia y profundidad. En veinte años se ha convertido en un clásico del teatro europeo, a la altura de los mejores logros de Beckett, Ionesco o Adamov. Que habiendo escrito esta obra, que yo creo que se halla terminada, no incompleta, como se ha venido diciendo, y el Llanto y Poeta en Nueva York haya quien discuta todavía el talento y la capacidad poética de Lorca, revela que la estupidez humana no encuentra freno ni obstáculo que la detenga. Hace años en Lisboa comí con un editor y crítico portugués, quienes se desataron furiosamente contra Pessoa con saña y rencor verdaderamente dignos de mejores causas. Citaban con mucho entusiasmo a un poeta de la tierra, que era el verdadero poeta portugués de este siglo. A Lorca hace años que lleva pasándole algo similar en España. Hay gente a la que le molesta, gente de la literatura, quiero decir. El asunto es viejo, pero sorprende la nómina, más o menos explícita, del antilorquismo militante. En la siniestra estela de Borges (“fue un andaluz profesional, que tuvo la suerte de que lo fusilaran”), han zaherido o infravalorado su figura y obra gentes como Carlos Barral, los hermanos Goytisolo, Luis Martín-Santos, Josep Maria Castellet, Gabriel Ferrater y Juan Luis Panero, entre otros. O les molesta el andalucismo, que no entienden, o les molesta la gloria, que, al parecer, les perjudica a ellos. La gloria de un asesinado, un hombre de treinta y ocho años, que será en todo caso la gloria de otros, no la de él, que se despidió del mundo en medio de un inmenso horror. La metonimia que designa a la obra por el escritor es uno de los grandes fraudes del lenguaje.

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MIGUEL GARCÍA-POSADA, Cuando el aire no es nuestro. Memorias II, Península, Barcelona, 2001, págs. 136 y 137

Huidobro sobre Lorca

PREGUNTA: ¿Qué piensa de García Lorca?

HUIDOBRO: Que es un poeta muy mediocre. Para mí no tiene ningún interés. En general, los poetas españoles carecen de imaginación y de inteligencia poética. La literatura española está aplastada por la retórica, esa terrible retórica del Mediterráneo, que mantiene ahogados bajo su lápida a todos los escritores de España, de Italia y muchos de Francia. Bueno, en realidad, Italia no tiene escritores sino escribanos, como el imbécil del tal Pitigrilli, el tonto furibundo de Marinetti y el tonto estético de D'Annunzio, con su cortejo de frases con miriñaques y crinolinas. Es increíble en el país del Dante, de ese genio cósmico, asombroso, que cada día me parece más admirable. Lo mismo sucede en España. ¿Cómo es posible que el magnífico impulso dado por los grandes poetas del Siglo de Oro no haya tenido continuidad? ¿Qué se hizo del genio español? Esto ha sido siempre, para mí, un motivo de misterio y de miles de conjeturas. Seguramente el descubrimiento de América desvió la imaginación española hacia la aventura vital de los exploradores y conquistadores, y la alejó de toda aventura intelectual; el español puso su acento en otra clase de conquistas que las espirituales. Y luego la retórica, la terrible retórica mediterránea, es como una lápida sobre el corazón, como un casco apretando los sesos; una verdadera armadura de hierro. Fíjese Ud. que todos los españoles de hoy escriben con un tono engolado, que parece salido de otros siglos, en un estilo tieso, rígido, con carrasperas de fantasmas y frío, de catedrales o humedad de cementerios. Escribir bien, para un español, es escribir como se escribía antes. Por eso la literatura española tiene tan poca vida. No han producido nada en una cantidad de ramas y subramas de las letras. No tienen un solo gran dramaturgo, ni un novelista de primer plano, ni un sicólogo, ni un gran pensador. No hay en España un Dostoievski, ni un Gogol, ni un Tolstoi, ni un Stendhal, ni un Balzac, ni siquiera un Proust, ni un Meredith, ni un Goethe, ni un Hölderlin, ni un Nietszche, para no nombrar sino autores de todos conocidos. Lo mejor que ha tenido la literatura española en los últimos tiempos es acaso Valle-Inclán, a pesar de su voz engolada. No hubo en España un Victor Hugo, un Musset, un Baudelaire, un Rimbaud, un Lautréamont, un Mallarmé, ni nada comparable. Mientras Inglaterra poseía un Byron, un Shelley, un Blake, España no tenía sino un Zorrilla, un Espronceda, un Núñez de Arce o novelistas como el señor Pereda, que todavía se atreven a editar los editores hispanos. Frente a esas montañas, unos tres o cuatro melones huecos. Desde el Siglo de Oro, las letras españolas son un desierto intelectual hasta Rubén Darío. Ésta es la verdad, la muy triste verdad.

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VICENTE HUIDOBRO, "La poesía contemporánea empieza en mí", La Nación, Santiago 28 de mayo de 1939, pág. 5. Toda la entrevista AQUÍ

González-Ruano sobre Lorca

A mí, Federico García Lorca no me acabó de ser nunca simpático como le fue a casi todo el mundo. Era como un chico de pueblo ordinario que se hubiera puesto un lazo de seda en el pelo y sentado frente a un piano a hacer gracias.

Federico era feo, agitanado y con cara ancha de palurdo. Vestía cursimente y presumía de ser gracioso, espiritual y mariquita del Sur. Sus versos ya eran naturalmente algo y quizá mucho, aunque sin embargo con ese cursileo histérico lleno de ayes, de limoneros, de fascinación por los hombres morenos y de incursiones en lo folclórico. A mí me pareció siempre un zangolotino para estudiantes de la F.U.E., aunque nunca negué su talento, y ahí están mis opiniones críticas a la vista de todos.

Estas cosas creo que son casi siempre recíprocas. Tres o cuatro veces intentamos, tan sin ningún entusiasmo, una relativa amistad que aquello quedó en nada. Nunca nos llamamos de tú, y un día que, coincidiendo con algunos amigos comunes, se habló de ir a casa de no sé quién para oír unas canciones al piano y que yo dije que no podía acompañarles, recuerdo que él, quizá creyéndolo una desconsideración, me dijo destempladamente y sin que viniera a cuento:

-Usted tendrá citada una de esas Mata-Haris que meriendan bocadillos de jamón...

-¡Hombre, Federico!... ¡Es que usted sólo conoce marineros que meriendan nardos!
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CÉSAR GONZÁLEZ-RUANO, Mi medio siglo se confiesa a medias, recogido por LAURA FREIXAS, Retratos literarios, Espasa, Madrid, 1997, págs. 191-192

Cambours sobre Lorca

Neruda menciona en sus memorias que tanto él como Lorca tenían sus detractores en Buenos Aires, si bien no facilita nombres. Uno de ellos era el escritor Arturo Cambours Ocampo, que más adelante manifestaría la gran decepción que le había suscitado el famoso autor del Romancero Gitano y deBodas de sangre, obras que admiraba. Aquel día Lorca había hablado de sí mismo sin parar, como si la poesía española empezara y se acabara con él, y el teatro español también; y decía que Yerma (aún sin terminar) significaba el redescubrimiento de la tragedia griega. "No habíamos visto nunca tanta pedantería y soberbia; tanta inmodestia y vanidad juntas -escribe Cambours-. Estábamos frente a un estúpido engreído; frente a un gordito petulante y charlatán".

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IAN GIBSON, Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca (II), Ediciones Folio, Barcelona, 2003, pág. 472

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Dalí sobre Lorca

NOTA NEORRABIOSA: Se respetan las habituales faltas ortográficas de Dalí . . Querido Federico: He leido con calma tu libro del que no puedo estarme de comentar algunas cosas. Naturalmente me es imposible coincidir en nada a la opinión de los grandes puercos putrefactos que lo han comentado. Andrenio, ect ect pero creo que mis opiniones que cada dia van concretandose en torno de la poesia pueden interesarte algo. I Me parece lo mejor del libro lo ultimo, martirio de Santa Olalla, pedazos de incesto -Rumor de rosa encerrada- estas cosas pierden ya buena parte de costumbrismo, son mucho menos anecdotico que los demas ect. Lo peor me parece lo de aquel senyor que se la llevo al rio. La gracia producto de un estado de espiritu vasado en la apreciacion deformada sentimentalmente por el anacronismo. Lo de las enaguas del santito en su alcoba (San Gabriel) me es hoy en que toda produccion solo admito la rabia en el crearla, una especie de inmoralidad -eso es lo que a sido empleado por los Franceses por el -sprit- Frances, asqueroso i inatmisible -Cocteau- ect i del que todos hemos estado.contagiados. II Tu poesia actual cae de lleno dentro de lo tradicional, en ella advierto la substancia poetica mas gorda que ha existido: pero! ligada en absoluto a las normas de la poesia antigua, incapaz de emocionarnos ya ni de satisfacer nuestros deseos actuales -Tu poesia esta ligada de piez y brazos [al arte] a la poesia vieja -Tu quizas creeras atrevidas ciertas imagenes, pero yo puedo decirte que tu poesia se mueve dentro de la ilustracion de los lugares comunes mas estereotipados i mas conformistas -[o gran Federico Tu] Precisamente estoy convencido que el esfuerzo oy en poesia solo tiene sentido con la evasion de las ideas que nuestra inteligencia a ido forjando artificialmente, asta dotar a estas de su exacto sentido real. Fragmento de la carta que Salvador Dalí escribe a Lorca en septiembre de 1928. Recogida íntegra por Ian Gibson en Lorca-Dalí. El amor que no pudo ser, Plaza & Janés, Barcelona, 1999, págs. 207 y 208

Borges sobre Lorca

Federico García Lorca me parece un poeta de utilería. Ciertamente, la muerte lo favoreció. Creo que, en definitiva, sólo sirvió para que Machado escribiera un poema admirable. (pág. 79) Jamás me gustó Lorca. Vi "Yerma" y la encontré tan estúpida que me marché del teatro. No podía soportarlo. Lorca no era un pensador, pero creo que tenía un don para las palabras. Su mundo era un mundo prácticamente de palabras. Un mundo de metáforas chocantes. Charlé con él en Buenos Aires. Me pareció un hombre que actuaba, que representaba un papel. Yo he vivido en Andalucía y los andaluces no son nada así. Tal vez pensó que en Buenos Aires debía mantener ese personaje. Bueno, pues cuando yo conocí a Lorca, él era un andaluz profesional. Quería deslumbrarnos. Me dijo que estaba muy preocupado por un personaje muy importante del mundo contemporáneo. Un personaje en el que se podía leer toda la tragedia de los Estados Unidos. Siguió hablando de esa manera hasta que le pregunté cuál era ese personaje. Resultó ser Mickey Mouse. Supongo que intentaba hacerse el vivo. (págs. 152 y 153) JORGE LUIS BORGES, recogido por Esteban Peicovich en Borges, el palabrista, Libertarias/Prodhufi, Madrid, 1995

Buñuel sobre Lorca (2)

. Federico me revienta de un modo increíble. Yo creía que el novio [Dalí] es un putrefacto pero veo que lo más contrario [sic] es aún más. Es su terrible esteticismo el que lo ha apartado de nosotros. Ya sólo con su narcisismo extremado era bastante para alejarlo de la pura amistad. Allá él. Lo malo es que hasta su obra podría resentirse. . Dalí influenciadísimo. Se cree un genio, imbuido por el amor que le profesa Federico. Me escribe diciendo: "Federico está mejor que nunca. Es el gran hombre. Sus dibujos son geniales. Yo hago cosas extraordinarias, etc. etc." Y es el triunfo fácil de Barcelona. Qué desengaños terribles se iba a llevar en París. Con qué gusto le vería llegar aquí y rehacerse lejos de la nefasta influencia del García. Porque Dalí, eso sí, es un hombre y tiene mucho talento. LUIS BUÑUEL, carta a Pepín Bello, 5 de septiembre de 1927, recogida por Ian Gibson enLorca-Dalí. El amor que no pudo ser, Plaza & Janés, Barcelona, 1999, pág. 196.

Buñuel sobre Lorca

Entre 1925 y 1929 volví varias veces a España y vi a mis amigos de la Residencia. Durante uno de aquellos viajes, Dalí me anunció, entusiasmado, que Lorca había escrito una obra magnífica, Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín. . -Tengo que leértela. Federico se mostró reticente. Con frecuencia, y no sin razón, consideraba que yo era demasiado elemental, demasiado rústico, para apreciar la sutileza de la literatura dramática. Un día en que iba a casa de no sé qué aristócrata, incluso se negó a que yo le acompañara. De todos modos, ante la insistencia de Dalí, accedió a leerme la obra. Los tres nos reunimos en el bar del sótano del "Hotel Nacional" que tenía tabiques de madera formando compartimentos como los de algunas cervecerías de la Europa Central. Lorca empezó la lectura. Como ya he dicho, leía admirablemente. Sin embargo, había algo que me desagradaba en aquella historia del viejo y la muchacha que, al final del primer acto, terminan en una cama con dosel y cortinas. Entonces, de la concha del apuntador sale un gnomo que dice: "Pues bien, respetable público, entonces don Perlimplín y Belisa...". Yo interrumpo la lectura dando una palmada en la mesa y digo: -Basta, Federico. Es una mierda. Él palidece, cierra el manuscrito y mira a Dalí. Éste, con su vozarrón, corrobora: -Buñuel tiene razón. Es una mierda. No llegué a saber cómo terminaba la obra. Tengo que confesar aquí que la admiración que me merece el teatro de Lorca es más bien escasa. Su vida y su personalidad superaban con mucho a su obra, que me parece a menudo retórica y amanerada. Algún tiempo después, asistí al estreno de Yerma en el Teatro Español de Madrid, con mi madre, mi hermana Conchita y su marido. Aquella noche, me atormentaba de tal modo la ciática que tenía que estar con la pierna extendida sobre un taburete, en un palco. Se levanta el telón: un pastor cruza la escena muy despacio, para que le dé tiempo de recitar una larga poesía. Lleva en las pantorrillas pieles de cordero atadas con tiras de cuero. No acaba. Yo, impaciente, procuro resistir. Van sucediéndose las escenas. Empieza el tercer acto. Unas lavanderas lavan la ropa junto al decorado de un arroyo. Al oír unos cascabeles, exclaman: "¡El rebaño! ¡Viene el rebaño!". En el fondo de la sala, dos acomodadoras hacer sonar unos cascabeles. El todo Madrid encontraba muy original y moderna esta presentación. A mí me irritó vivamente y salí del teatro apoyándome en mi hermana. Mi paso al surrealismo me había alejado -y así me mantendría durante mucho tiempo- de esta pretendida "vanguardia". LUIS BUÑUEL, Mi último suspiro, Mondadori, Barcelona, 1982, págs. 115 y 116. Traducción de Ana Mª de la Fuente

Pániker sobre Rilke y Jorge Guillén

Cosa en mí poco frecuente, leía poesía. Leía a Jorge Guillén, su pasmo absoluto, y me impresionaba poco. Para pasmo absoluto me bastaba el mío. Siempre he preferido a los poetas que se fijan en lo que yo no me fijo, los detalles y las menudencias. Las sensorialidades. Baudelaire, Neruda, el último García Lorca. Leía a Rilke y se me acababa pronto la paciencia. Rilke era entonces un poeta en la cresta de la ola, un genio; pero a mí se me hacía excesivo el contorsionismo, el tono alto, abstracto. (Para intelectualidades, ya digo, me sobraban con las mías). Liebe und Abscheid, amor y despedida, redentorismo pomposo que me dejaba frío. "¿Quién, si yo gritase, me oiría desde los órdenes angélicos?", traduce Torrente Ballester, y es una buena traducción, y es una bella e innovadora estrofa. Pero Heidegger venía a decir lo mismo en lenguaje técnico, y, en este caso, el lenguaje técnico era un alivio. 

SALVADOR PÁNIKER, Segunda memoria, Seix Barral, Barcelona, 1988, pág. 43

Huidobro sobre Neruda y Lorca

¿Es [Neruda] un poeta estimable? ¿Es un imitador de los primeros creacionistas chilenos y españoles? ¿Se es justo proclamarle poeta de primer plano o se es justo al declararle un poeta secundario y como tantos?

Mientras en Chile, el joven poeta Volodia Teitelboim descubre plagios de Neruda a Tagore, a Huidobro, a Díaz Casanueva, etc., en España, García Lorca le proclama el mejor poeta de América después de Rubén Darío.

La proclamación de García Lorca tendría valor si él lo tuviera, pero todos los poetas de primer plano que escriben en español niegan al andaluz una alta categoría, le consideran un poeta mediocre, un simple tonadillero. Así vistas las cosas, su opinión carece de importancia. En cambio la acusación de Teitelboim no es una opinión, es un hecho real. [...]

Analizado bajo el aspecto de su valor real, Pablo Neruda nos parece un poeta de segundo o tercer plano. [...] Hemos podido constatar que los jóvenes poetas de más valer, aquí y en otros países de nuestra lengua, consideran a Neruda un poeta mediocre o un simple bluf hinchado por un grupo tan mediocre como él...

JUSTICIERO (seudónimo de VICENTE HUIDOBRO), Pablo Neruda, plagiario o gran poeta, La Opinión, 15 de diciembre de 1934, recogido por David Schidlowsky en Neruda y su tiempo: Las furias y las penas, Tomo 1 (1904-1949), Ril editores, Santiago, 2008, pág. 243

León Felipe sobre Borges

Como es común entre nosotros acabamos hablando de poesía y de poetas. Surge el nombre de Federico García Lorca y León nos dice: 
–Lo conocí y lo quise mucho. Vivimos juntos en Norteamérica.

–¿Qué piensas de su poesía?
–¡Hombre!, su poesía queda. No digamos las tonterías que ha dicho José Luis Borges. Borges que es un poeta de segunda categoría. Sí es verdad que le ha favorecido su tragedia a Federico, pero eso no quiere decir gran cosa.

–¿Qué es lo que más le gusta de la poesía de Federico a León Felipe?
–No creo que su poesía de "Poeta en Nueva York" sea lo mejor de él. Creo que tiene en sus comedias poemas, como aquel de "El Niño y el Gato", que resultó ser gata, y que está en "Así que pasen cinco años", muy buenos.

–¿De gran poeta? 
–Sí, Federico García Lorca era un gran poeta.

–¿Y qué tal era como persona?
–¡Hombre!, Federico, además de gran poeta, era una buena persona. Era un muchacho que realmente tenía un magnetismo como yo no he visto en otra persona.

LEÓN FELIPE, conversación con Juan Cervera Sanchís, El poeta y el hombre, México, 10 de agosto de 1968. Toda la conversación AQUÍ

Gaya sobre Lorca

Pasado ya un poco más de medio siglo, la obra de todos esos jóvenes que fueron apareciendo –quieran ellos o no–al amparo de Juan Ramón Jiménez se nos presenta un poco extraña y difícil de situar –eso que les gusta tanto a los comentadores profesionales–, y si, de pronto, intentamos revisar nuestras cuentas, podemos muy bien llegar a la conclusión –sospechada desde hace mucho, quizá más decididamente desde el estreno de Yerma– de que Federico García Lorca es un magnífico poeta... menor, decorativo, de un lirismo sobrante, con una muy curiosa mezcla de pillería y de inocencia mientras va cediendo voluptuosamente a las simples palabras. (La verdad es que, de no haber sido asesinado, podía muy bien, dado su instinto, haber dejado atrás muchos adornos inútiles y acaso emerger entonces de su encantadora persona, si no propiamente un poeta... mayor, sí un poeta más firme.)

RAMÓN GAYA, Carta a José María, 1979, Antología, Selección de Andrés Trapiello, Biblioteca Virtual Cervantes (AQUÍ)

Jiménez sobre Lorca

Lorca tiene valor y orijinalidad, pero no está hecho. Sus romances tienen trozos buenos, pero son abiertos, deshechos, inconsecuentes. Creo que los amigos de Lorca hacen mal en exaltarlo de ese modo, porque con ello no hacen sino contribuir a su desmoralización y abandono.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Estética y ética estética, Obras selectas I, RBA - Instituto Cervantes, Barcelona, 2005, pág. 703

Borges sobre Neruda


Miércoles, 5 de junio de 1963. […] BORGES: “¿No habrá franceses que escriban poemas tan insensatos como los de Neruda? ¿Vos creés que allá también habrá santones, como acá? Qué absurda la idea de Heredia, de suponer que de toda la Historia sólo quedarían cuadritos. Ese poema grotesco de Rimbaud sobre el cura, ¿no está bien? (Pausa) Aunque no está muy bien... En cuanto a Baudelaire, todo es tan feo y tan lujoso... Wilde, que no era buen poeta, hacía lo mismo, pero un poco en broma. Poe, que tampoco era buen poeta, se le parecía mucho. Bueno, tal vez Poe sea un poco mejor”. BIOY: “No creo. Todo es demasiado fabricado”.

Leemos a Apollinaire. BORGES: “Es muy casual. Llevado por la rima puede tomar para cualquier rumbo. En sus mejores momentos está muy bien: en "La jolie rousse", en "Cors de chasse" hay versos que uno quisiera repetir. En Neruda no hay versos que uno quisiera repetir. Además, si uno lee a Apollinaire, tiene la impresión de que, por momentos al menos, siente lo que dice y lo dice porque quiere. Neruda no ha de recordar sus propios poemas. Nadie puede recordarlos, y si alguien se los leyera y salteara un verso, Neruda no se daría cuenta... Apollinaire puede ser sentimental. Los franceses no temen ser sentimentales, y lo hacen bien. Escribe sus versos con un poco de descuido, por momentos como si no le importaran mucho. Eso está bien. Los argentinos (y sudamericanos) que lo imitan son más secos: los poemas les resultan muertos. Apollinaire es un poeta que uno puede admirar, pero no respetar mucho”. BIOY: “Y hasta querer un poco”. BORGES: “Neruda cambia de estilo y de tono en un poema, sin darse cuenta. Es un bruto. Empieza bien el poema sobre Walt Whitman porque sin duda le quedó en el oído el ritmo de versos de Whitman que estaría leyendo, pero después llega al disparate y de pronto se le llena de negros el poema, que se convierte en otro: en un poema contra los Estados Unidos. Es un discípulo de Lorca, mucho peor que Lorca. El mejor Lorca es el que escribe poemas andaluces y gitanos. Cuando creyó que podía escribir de todo, cuando escribió los versos libres de Poeta en Nueva York, escribió poemas horribles. Estos poetas, en cierto modo, son muy hábiles. No se les puede acusar de insensatos, porque están jugando a ser insensatos. De todos modos, una barba con mariposas o una barba marinera son ridiculeces bastante feas”. BIOY: “Neruda gusta porque a veces es cursi sin asco. Gusta a gente a quien gusta Pedro Miguel (que es mucho mejor), pero que sabe que Pedro Miguel está desacreditado. Aquí pueden abandonarse al placer de la cursilería, porque viene entre modernidades feas y concretas, que les garante que el poeta no es cursi, sino moderno”. BORGES: “Pero, ¿cómo les gusta? Esa gente ¿nunca leyó un buen poema de Bécquer? ¿Ignora el placer que da un buen poema? Yo creo que Neruda está por debajo de Molinari. Siquiera Molinari es un poco misterioso”. BIOY: “Octavio Paz, con dolor en el alma, condenaba en Neruda al hombre y admiraba al poeta. Estaba muy apenado”.

Leemos poemas de Neruda y de Paz. Los de Paz, no libres de fealdades y estupideces, parecen mejores. BORGES: “En la "Oda a Lorca", Neruda hacia el final habla de su melancolía de hombre varonil. Está escribiendo sobre un manflora y que no vayan a confundirlo: qué miseria. Incomparablemente mejor es el poema de Machado sobre la muerte de Lorca: tiene inspiración. Yo le decía a Amorim que el poema de Martínez Estrada sobre Whitman era mejor que el de Neruda. "¿Cómo vas a comparar —me preguntaba— a ese viejo confuso con un gran poeta?" Yo le decía: "Olvidate de Martínez Estrada, olvidate de Neruda: leé los poemas, compará los poemas". El pobre Amorim no tuvo suerte. Era muy cordial, muy amigo de todos, pero no creo que Neruda ni nadie lo recuerde...”.


ADOLFO BIOY CASARES, Borges, Destino, Barcelona, 2006, págs. 893-895.

Neruda sobre Jiménez


Juan Ramón Jiménez, poeta de gran esplendor, fue el encargado de hacerme conocer la legendaria envidia española. Este poeta que no necesitaba envidiar a nadie puesto que su obra es un gran resplandor que comienza con la oscuridad del siglo, vivía como un falso ermitaño, zahiriendo desde su escondite a cuanto creía que le daba sombra.

Los jóvenes –García Lorca, Alberti, así como Jorge Guillén y Pedro Salinas– eran perseguidos tenazmente por Juan Ramón, un demonio barbudo que cada día lanzaba su saeta contra éste o aquél. Contra mí escribía todas las semanas unos acaracolados comentarios que publicaba domingo a domingo en el diario El Sol. Pero yo opté por vivir y dejarlo vivir. Nunca contesté nada. No respondí –ni respondo las agresiones literarias.


PABLO NERUDA, Confieso que he vivido, Pehuén Editores, Santiago, 2005, págs. 163 y 164.