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Eliade sobre Faulkner

5 de enero de 1952

Por la tarde, continúo a base de esfuerzos con El ruido y la furia, de Faulkner. De todo lo que hasta ahora he leído de él, me parece su libro menos conseguido. La técnica revela la época: 1930, con influencias de James Joyce y John Dos Passos. ¿A qué viene ese largo y absurdo monólogo interior, sin ningún interés, de un neurástenico en el umbral del suicidio? Pretenciosa facilidad la del monólogo interior, que da una falsa impresión de autenticidad. Conozco muy bien la atracción, las trampas y los fraudes del monólogo y de la película mental; los utilicé en La luz que se apaga (también por los años treinta). ¿Pero adónde puede llevar semejante procedimiento? Al universo cabalístico del último James Joyce: guarismo, solidaridad mística entre sonidos, espacios y luz; universos seminales y multidimensionales. Habría que escribir un largo artículo que podría titular “Sobre la necesidad de la novela novela”. Señalar la dimensión autónoma, gloriosa e irreductible de la narración, fórmula readaptada a la conciencia moderna del mito y la mitología. Hay que destacar que el hombre moderno, al igual que el de las sociedades arcaicas, no puede existir sin mitos, sin cuentos ejemplares. La dignidad metafísica de la narración, ignorada desde luego por las generaciones realistas y psicologizantes que elevaron a un primer plano al análisis psicológico y luego al espectral para llegar a las fáciles recetas de filmación de los automatismos psicomentales. La gran lección de algunos escritores anglosajones (Thornton Wilder y Faulkner en el relato breve, pero también Graham Greene) ha sido rehabilitar la narración directa mostrando toda la metafísica y teología que puede revelar la narración como tal y no los comentarios o análisis del autor.

Por otra parte, me parece que Faulkner mismo renunció pronto al monólogo interior. Santuario y Luz en agosto son netamente superiores a El ruido y la furia que tanto me está costando leer.

MIRCEA ELIADE, Diario (1945-1969), Kairós, Barcelona, 2001, traducción de Joaquín Garrigós, págs. 110 y 111.

Eliade sobre Joyce


He llegado a la página 163 de las Cartas de James Joyce, editadas por Stuart Gilbert. Casi tres cuartas partes de sus cartas están dirigidas a los editores, directores de revistas, agentes y críticos literarios y a sus amigos escritores. Habla casi exclusivamente de su obra, de lo que se escribe o se ha escrito sobre él, etc. Impresión deplorable y sofocante de homme de lettres y de pequeño funcionario a un tiempo. El en otro tiempo alumno de los jesuitas que se consagra completamente a una absoluta mediocridad, no hay nada de exaltante, de fanático, de místico o de loco en la tozudez con que empuja su obra en el mercado de las letras. Vive en "su universo literario". Lo que más parece interesarle es "imponer" su obra como se impone un nuevo invento o una nueva marca de coches. Es inagotable cuando se trata de la mercancía que quiere despachar.


MIRCEA ELIADE, anotación del 8 de abril de 1961, Diario (1945-1969), Kairós, Barcelona, 2001, traducción de Joaquín Garrigós, pág. 240.

Eliade sobre Sartre


1 de noviembre de 1965

He empezado La force des choses. Me asombra (o casi) la seguridad de J. P. Sartre y de sus camaradas. Tienen siempre razón; todos los demás se equivocan (Camus, Merleau-Ponty y Koestler), pero ellos jamás. Y la explicación ultra marxista que dan a las posiciones políticas de Camus y Koestler es absolutamente pasmosa. Casi no queda nada más que añadir. ¡Dichosos ellos!


MIRCEA ELIADE, Diario (1945-1969), Kairós, Barcelona, 2001, traducción de Joaquín Garrigós