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Breton sobre Camus


¿Qué es ese fantasma de rebelión que Camus se esfuerza por acreditar y detrás de qué se cobija? A una rebelión en la que se haya introducido la medida, a una rebelión vaciada de su contenido pasional, ¿que puede quedarle? No dudo de que muchos se dejen engañar con semejante artificio: se ha conservado la palabra y se ha suprimido la cosa.


ANDRÉ BRETON, recogido por ALAIN FINKIELKRAUT en "Aquí están los míos, mis maestros, mi linaje...": Lectura de El primer hombre, de Albert Camus, incluido en Un corazón inteligente, Alianza Editorial, Madrid, 2010, traducción de Elena M. Cano e Íñigo Sánchez-Paños, págs. 83 y 84.

NOTA DE LA ADMINISTRACIÓN: Breton formula esta crítica a raíz de la publicación de "El hombre rebelde", donde Camus sostiene que la rebelión es propia del que "se contiene", hermana del límite y la medida.

Camus sobre Sartre


Advenedizos del espíritu revolucionario, nuevos ricos y fariseos de la justicia. Sartre, el hombre y el espíritu, desleal.

*

Polémica T. M. — Pillerías. Su única excusa está en la terrible época. Algo en ellos, para terminar, aspira a la servidumbre. Soñaron con llegar siguiendo un camino noble, lleno de pensamientos. Pero no existe un camino real hacia la servidumbre. Existe la trampa, el insulto, la denuncia del hermano. Tras lo cual, el sonido de los treinta denarios.


ALBERT CAMUS, Carnets, 3 (Marzo de 1951 - Diciembre de 1959), Obras 5, Alianza Tres, Madrid, 1996, edición de José María Guelbenzu, págs. 241 y 242.

Camus sobre Mauriac


Mauriac. Prueba admirable del poder de su religión: llega a la caridad sin pasar por la generosidad. Hace mal remitiéndome sin cesar a la angustia de Cristo. Me parece que lo respeto yo más que él, puesto que jamás me creí autorizado a exponer el suplicio de mi salvador, dos veces por semana, en la primera página de un periódico para banqueros. Él se dice "escritor temperamental". En efecto. Pero en su temperamento hay una disposición invencible a utilizar la cruz como un arma de tiro. Lo cual lo convierte en un periodista de primer orden y en un escritor de segunda. El Dostoyevski de la Gironda.

[...]

La idea que yo me hago de la vulgaridad, se la debo a unos cuantos grandes burgueses, orgullosos de su cultura y de sus privilegios, como Mauriac, desde el instante en que dan el espectáculo de su vanidad herida. Tratan entonces de herir al mismo nivel en que ellos lo fueron y descubren, al mismo tiempo, la altura exacta en que viven, en realidad. La virtud de la humildad, por primera vez, triunfa entonces en ellos. Son pobretones, en efecto, pero en maldad.


ALBERT CAMUS, Carnets, 3 (Marzo de 1951 - Diciembre de 1959), Obras 5, Alianza Tres, Madrid, 1996, edición de José María Guelbenzu, págs. 212-213 y 214.

Eliade sobre Sartre


1 de noviembre de 1965

He empezado La force des choses. Me asombra (o casi) la seguridad de J. P. Sartre y de sus camaradas. Tienen siempre razón; todos los demás se equivocan (Camus, Merleau-Ponty y Koestler), pero ellos jamás. Y la explicación ultra marxista que dan a las posiciones políticas de Camus y Koestler es absolutamente pasmosa. Casi no queda nada más que añadir. ¡Dichosos ellos!


MIRCEA ELIADE, Diario (1945-1969), Kairós, Barcelona, 2001, traducción de Joaquín Garrigós

Bukowski sobre Camus


Vació el vino y se incorporó. Cogió Resistencia, Rebelión y Muerte de Camus. Leyó unas páginas, Camus hablaba de la angustia y el terror y de la miserable condición del hombre, pero hablaba de ello de un modo tan florido y agradable... su lenguaje... uno tenía la sensación de que las cosas no le afectaban ni a él ni a su forma de escribir. En otras palabras, las cosas igual podrían ir sobre ruedas. Camus escribía como un hombre que acabara de darse una buena cena con bistec, patatas fritas y ensalada, todo regado con una botella de buen vino francés. Tal vez la humanidad sufriera; él no. Tal vez fuera un sabio, pero Henry prefería a alguien que chillara cuando se quemaba.


CHARLES BUKOWSKI, Música de cañerías, Anagrama, Barcelona, 1987, traducción de Jorge Berlanga