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Lobo Antunes sobre Camus

Marimba, 16.4.72 . [...] He estado releyendo el Camus de un alférez, lo que para mí ha supuesto una enorme desilusión. Libros que a los 16 años me dejaban atontado de admiración, ahora me irritan y me aburren un poco, como ciertos amigos de la infancia que acabamos dejando atrás y que ya no nos interesan. La pesteme parece ahora un tostón demasiado esquemático, de un humanismo ingenuo, cargado de buenas intenciones. Me acuerdo de Gide, que decía que las buenas intenciones producen siempre mala literatura, dan siempre como resultado mala literatura, algo que cada vez me parece más cierto. La verdad es que este hombre (Camus, claro), generoso, inteligente y honesto ha envejecido extraordinariamente con sus lirismos naturalistas y sus absurdas insolaciones. Cada vez más me parece que la literatura debe ser un festival de palabras, una celebración pánica (en el sentido griego), una fiesta pagana, y los personajes simples voces que se deslizan por las páginas cantando o susurrando. . . ANTONIO LOBO ANTUNES, Cartas de la guerra, Debate, Random House Mondadori, Barcelona, 2006, pág. 406. Traducción de Dolores Vilavedra

Capote sobre Borges, Bellow y Camus

LAWRENCE GROBEL: ¿Le gusta Borges?
TRUMAN CAPOTE: Es un escritor de segunda categoría. Es muy buen escritor, me gusta, pero es de menor importancia.

L: G.: ¿Le alegró que García Márquez recibiera el Premio Nobel?
T.C.: Para mí, el Premio Nobel es una burla. Año tras año se lo conceden a un autor prácticamente inexistente. Es decir, los autores norteamericanos que lo han recibido son increíbles. Sinclair Lewis, Pearl Buck. Está bien que se lo dieran a Hemingway. Está bien que se lo dieran a Faulkner. Pero, ¿a Saul Bellow? Y no sólo los norteamericanos. Todos los elegidos son, por lo general, muy pobres. Fue ridículo dar el Premio Nobel a Camus. ¿Por qué se lo dieron? ¿El extranjero? ¿Un par de libros de ensayo? Yo le tenía mucho afecto a Camus, no podía gustarme más, pero si alguna vez hubo un autor de segunda fila ése era Camus.

LAWRENCE GROBEL, Conversaciones íntimas con Truman Capote, Anagrama, Barcelona, 2006, La pág. 134, traducción de Benito Gómez Ibáñez.

Nabokov sobre Brecht, Faulkner, Camus, Pound y D. H. Lawrence

HERBERT GOLD: ¿Lee a algún escritor contemporáneo con placer? VLADIMIR NABOKOV: A muchos de ellos, pero prefiero no decir sus nombres. El placer anónimo no ofende a nadie. HERBERT GOLD: ¿Hay alguno que le disguste especialmente? VLADIMIR NABOKOV: No. Hay muchos autores reconocidos que simplemente no existen para mí. Sus nombres están grabados sobre tumbas vacías, sus libros son simples, insignificantes de acuerdo a mi gusto literario. Brecht, Faulkner, Camus –y muchos otros–, no significan absolutamente nada para mí y me veo obligado a atenuar sospechas de conspiración contra mi cerebro cuando veo que los críticos y colegas escritores aceptan como gran literatura las copulaciones de Lady Chatterley o las sandeces pretenciosas de Mr. Pound que en realidad son una impostura total. Noté que en algunos hogares, sustituyó al Dr. Schweitzer. VLADIMIR NABOKOV, entrevista publicada en The Paris Review (Summer-Fall 1967 No. 41), extraída de la página de Yomar González Nada del mundo real, traducción del propio Yomar González. Toda la entrevista AQUÍ

Malraux y Camus sobre Lautréamont

Este resumen de las que juzgo mejores interpretaciones de su obra, no estaría completo sin las críticas negativas de dos importantes novelistas: André Malraux y Albert Camus. El primero, en un artículo de 1920, piensa que Maldoror posee un “sadismo infantil, un baudelerismo de empleado de ferrocarriles”. Y Albert Camus en 1951: “El conformismo es una de las tentaciones nihilistas de la rebelión que domina una gran parte de nuestra historia intelectual. Muestra en todo caso cómo el rebelde que pasa a la acción, si olvida sus orígenes, es tentado por el mayor conformismo. Esto explica que en el siglo XX, Lautréamont, saludado habitualmente como el cantor de la rebelión pura, anuncia, por el contrario, el gusto por la servidumbre intelectual que florece en nuestro mundo”.

ÁNGEL PARIENTE, fragmento del prólogo a Los cantos de Maldoror, de Lautréamont, Pre-Textos, Valencia, 2000, págs. 17 y 18.

Breton sobre Camus


¿Qué es ese fantasma de rebelión que Camus se esfuerza por acreditar y detrás de qué se cobija? A una rebelión en la que se haya introducido la medida, a una rebelión vaciada de su contenido pasional, ¿que puede quedarle? No dudo de que muchos se dejen engañar con semejante artificio: se ha conservado la palabra y se ha suprimido la cosa.


ANDRÉ BRETON, recogido por ALAIN FINKIELKRAUT en "Aquí están los míos, mis maestros, mi linaje...": Lectura de El primer hombre, de Albert Camus, incluido en Un corazón inteligente, Alianza Editorial, Madrid, 2010, traducción de Elena M. Cano e Íñigo Sánchez-Paños, págs. 83 y 84.

NOTA DE LA ADMINISTRACIÓN: Breton formula esta crítica a raíz de la publicación de "El hombre rebelde", donde Camus sostiene que la rebelión es propia del que "se contiene", hermana del límite y la medida.

Camus sobre Sartre


Advenedizos del espíritu revolucionario, nuevos ricos y fariseos de la justicia. Sartre, el hombre y el espíritu, desleal.

*

Polémica T. M. — Pillerías. Su única excusa está en la terrible época. Algo en ellos, para terminar, aspira a la servidumbre. Soñaron con llegar siguiendo un camino noble, lleno de pensamientos. Pero no existe un camino real hacia la servidumbre. Existe la trampa, el insulto, la denuncia del hermano. Tras lo cual, el sonido de los treinta denarios.


ALBERT CAMUS, Carnets, 3 (Marzo de 1951 - Diciembre de 1959), Obras 5, Alianza Tres, Madrid, 1996, edición de José María Guelbenzu, págs. 241 y 242.

Camus sobre Mauriac


Mauriac. Prueba admirable del poder de su religión: llega a la caridad sin pasar por la generosidad. Hace mal remitiéndome sin cesar a la angustia de Cristo. Me parece que lo respeto yo más que él, puesto que jamás me creí autorizado a exponer el suplicio de mi salvador, dos veces por semana, en la primera página de un periódico para banqueros. Él se dice "escritor temperamental". En efecto. Pero en su temperamento hay una disposición invencible a utilizar la cruz como un arma de tiro. Lo cual lo convierte en un periodista de primer orden y en un escritor de segunda. El Dostoyevski de la Gironda.

[...]

La idea que yo me hago de la vulgaridad, se la debo a unos cuantos grandes burgueses, orgullosos de su cultura y de sus privilegios, como Mauriac, desde el instante en que dan el espectáculo de su vanidad herida. Tratan entonces de herir al mismo nivel en que ellos lo fueron y descubren, al mismo tiempo, la altura exacta en que viven, en realidad. La virtud de la humildad, por primera vez, triunfa entonces en ellos. Son pobretones, en efecto, pero en maldad.


ALBERT CAMUS, Carnets, 3 (Marzo de 1951 - Diciembre de 1959), Obras 5, Alianza Tres, Madrid, 1996, edición de José María Guelbenzu, págs. 212-213 y 214.

Eliade sobre Sartre


1 de noviembre de 1965

He empezado La force des choses. Me asombra (o casi) la seguridad de J. P. Sartre y de sus camaradas. Tienen siempre razón; todos los demás se equivocan (Camus, Merleau-Ponty y Koestler), pero ellos jamás. Y la explicación ultra marxista que dan a las posiciones políticas de Camus y Koestler es absolutamente pasmosa. Casi no queda nada más que añadir. ¡Dichosos ellos!


MIRCEA ELIADE, Diario (1945-1969), Kairós, Barcelona, 2001, traducción de Joaquín Garrigós

Bukowski sobre Camus


Vació el vino y se incorporó. Cogió Resistencia, Rebelión y Muerte de Camus. Leyó unas páginas, Camus hablaba de la angustia y el terror y de la miserable condición del hombre, pero hablaba de ello de un modo tan florido y agradable... su lenguaje... uno tenía la sensación de que las cosas no le afectaban ni a él ni a su forma de escribir. En otras palabras, las cosas igual podrían ir sobre ruedas. Camus escribía como un hombre que acabara de darse una buena cena con bistec, patatas fritas y ensalada, todo regado con una botella de buen vino francés. Tal vez la humanidad sufriera; él no. Tal vez fuera un sabio, pero Henry prefería a alguien que chillara cuando se quemaba.


CHARLES BUKOWSKI, Música de cañerías, Anagrama, Barcelona, 1987, traducción de Jorge Berlanga