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La viuda de Mandelstam sobre Ajmátova

Tras su muerte, Ajmátova fue blanco de inesperadas críticas por parte de su vieja amiga Nadiezhda Mandelstam. En el segundo volumen de sus memorias, Nadiezhda la tachaba de vanidosa y de ser incomparablemente más egoísta que Tsvetáieva. Dos acusaciones que no se había atrevido a hacer en vida de ella, aunque eso no implica que fueran del todo falsas. También Naiman reconocía que Ajmátova era "a veces caprichosa, despótica, e injusta con la gente; otras, se comportaba de manera egoísta y se vanagloriaba de las últimas muestras de arrobamiento de sus lectores. Consciente o inconscientemente, Ajmátova animaba a las personas a verla como una figura excepcional y de mayor altura que ellas".

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ELAINE FEINSTEIN, Anna Ajmátova, Circe, Barcelona, 2007, pág. 369. Traducción de Xoán Abeleira

Zdhánov sobre Ajmátova

Pasemos ahora a la cuestión de la obra literaria de Anna Ajmátova. Sus poemas han aparecido recientemente en revistas de Leningrado con tiradas cada vez mayores (...) Anna Ajmátova es una de las representantes de esa reaccionaria ciénaga literaria carente de ideas (...) uno de los principales pilares de ese vano, vacío y aristocrático salón poético que es completamente ajeno a la literatura soviética (...) Los temas de su obra son penosamente limitados. La suya es la típica poesía de una inculta dama de salón que oscila entre el tocador y el reclinatorio. Su obra se basa en los consabidos y quejumbrosos motivos eróticos, la melancolía, la muerte, el misticismo y el aislamiento (...) siendo ella mitad monja, mitad puta, o más bien ambas cosas a la vez, con su mezquina y estrecha vida privada, sus experiencias triviales y su erotismo místico-religioso. En fin que la poesía de Ajmátova es completamente ajena a la realidad de nuestro pueblo.

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ELAINE FEINSTEIN, Anna Ajmátova, Circe, Barcelona, 2007, págs. 294-295

Ajmátova sobre Esenin


No entiendo por qué despierta Esenin tanta expectación cuando, en realidad, no es nada, excepto un poeta insignificante. De vez en cuando, sus versos tienen pasión, pero se trata de una pasión vulgar. Y si alguna vez fue un joven delicioso, ahora es patético. Sus poemas son vulgares, no ofrecen ni una sola idea. Y él transmite un rencor tan antipático, tan envidioso… Envidia a todo el mundo, miente acerca de todo el mundo.


ANNA AJMÁTOVA, recogido por Benjamín Prado en Anna Ajmátova, la emperatriz errante, Los nombres de Antígona, Aguilar, Madrid, 2001