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Umbral sobre Cardenal

Ernesto Cardenal posa de Ché apócrifo y bajito para la foto. Demasiado para un hombre que habla de la vocación trapense por la soledad y el silencio. Esperamos que el Comandante Cero sea una proa militar más efectiva contra la dormilona dictadura de Somoza.

—En Santiago han habido muchas personas a escucharme.

Han habido, mis queridos académicos. Un impersonal en plural. Un defecto del castellano catalán y de otras gentes, algo imperdonable en un poeta forjado en la lengua arcaica de España. ¿Los versos de Cardenal? No son buenos. Ni siquiera son los malos versos políticos de los grandes poetas que han hecho política: Neruda, León Felipe, Nicolás Guillén, cualquiera.

FRANCISCO UMBRAL, Ernesto Cardenal, El País, 1 de diciembre de 1978 (AQUÍ)

Arenas sobre Nicolás Guillén

No te embulles ni te guilles, Guillén, ni mucho menos te engalles, porque no tienes agallas. ¡Calla! O como payador de talla entónale una loa a la papaya de Maya Plisezcaya hasta que te salgan callos. Respeta a tu ayo o te parte un rayo, porque el caballo sólo quiere grillos y si te las das de gallo te engrilla, te engulle o te corta el cuello mientras tú aplaudes tu “autodegüello”.

REINALDO ARENAS, El color del verano, Ediciones Universal, Miami, 1991.

Cabrera Infante sobre Nicolás Guillén y Carpentier

Algún día se verá que a Nicolás Guillén le hizo un daño irreparable hacerse comunista. Hasta entonces había sido un poeta de "vuelo popular". A partir de entonces fue un escritor al servicio del Partido Socialista Popular. Carpentier en sus últimos años, no sólo era un funcionario acomodaticio (vicepresidente de la Unión de Escritores, director de la Imprenta Nacional, consejero cultural en París) del gobierno castrista, sino que en sus últimas novelas se hizo un oportunista literario.

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GUILLERMO CABRERA INFANTE, "Lo peor del dragón está en la cola", entrevista de Jesús Hernández Cuéllar para la revista CONTACTO MAGAZINE, 27 de octubre de 2001. Toda la entrevista AQUÍ

Neruda sobre Nicolás Guillén, Carpentier, Fernández Retamar y todos los escritores cubanos que publicaron una carta contra él

XLIII
JUICIO FINAL

Si hay en la duración de los dolores
una sofocación, un entretanto
que nos lleva y nos trae de temores
hasta llenar la copa del espanto,
hay en lo que hace el hombre
y sus victorias una rama de puro desencanto
y ésta crece sin pájaros ni pétalos:
no la riega la lluvia sino el llanto.

Este libro, primero entre los libros
que propagaron la intención cubana,
esta Canción de Gesta que no tuvo
otro destino sino la esperanza
fue agredido por tristes escritores
que en Cuba nunca liberaron nada
sino sus presupuestos defendidos
por la chaqueta revolucionaria.

A uno conocí, cínico negro,
disfrazado hasta el fin de camarada;
éste de cabaret en cabaret
ganó en París las últimas batallas
para llegar campante como siempre
a cobrar sus laureles en La Habana.

Y a otro conocí neutral eterno,
que huyendo de los nazis como rata
se portó silencioso como un héroe
cuando era su voz más necesaria.

Y otro tan retamar que despojado
de su fernández ya no vale nada
sino lo que le cuesta a los cubanos
vendiendo elogios y comprando fama.

Ay Cuba! tu fulgor de estrella dura
lo defiende tu pueblo con sus armas!

Mientras Miami propala sus gusanos
tus propios escritores te socavan
y uno que se da cuenta de las cosas
y participa en la común batalla
distingue a los que luchan frente a frente
contra la ira norteamericana
de los que gastan tinta de su pueblo
manchando la centella solidaria.

Pero sabemos que a través del tiempo
a la envidia que escribe enmascarada
se le cae su rostro de combate
y se le ve la piel aminorada,
se le ve la mentira en la estatura
y se le ven las manos mercenarias.

En esa hora nos veremos todos.

Y desde ahora toco las campanas
para el Juicio Final de la conciencia.

Yo llegaré con mi conciencia clara.

Yo llegaré con la canción que tengo:
con lo que mi partido me enseñara:
llegaré con los mismos ojos lentos,
la misma voz, y con la misma cara,
a defender frente al insulto muerto,
Cuba, tu gesta revolucionaria.


PABLO NERUDA, Canción de gesta, Obras Completas II, RBA, Barcelona, 2005, págs. 942 y 943.

Arenas sobre algunos escritores cubanos


Los dictadores y los regímenes autoritarios pueden destruir a los escritores de dos modos: persiguiéndolos o colmándonos de prebendas oficiales. En Cuba, desde luego, los que optaron por esas prebendas también perecieron, y de una manera más lamentable e indigna; gente de indiscutible talento, una vez que se acogieron a la nueva dictadura, jamás volvieron a escribir nada de valor. ¿Qué fue de la obra de Alejo Carpentier, luego de haber escrito El siglo de las luces? Churros espantosos, imposibles de leer hasta el final. ¿Qué fue de la poesía de Nicolás Guillén? A partir de los años sesenta toda esa obra es prescindible; es más, absolutamente lamentable. ¿Qué se hicieron de los ensayos luminosos, aunque siempre un poco reaccionarios, del Cintio Vitier de los años cincuenta? ¿Dónde está ahora la gran poesía de Eliseo Diego, escrita en los años cuarenta? Ninguno de ellos ha vuelto a ser lo que era.


REINALDO ARENAS, Antes que anochezca, RBA, Barcelona, 1994, pág. 116.

Nicolás Guillén sobre Cabrera Infante


GENIO Y FIGURA

Tenía las gafas displicentes.
El rictus de sus labios
Anunciaba un cercano mal olor.
¿Y la pequeña barba?

El otro día lo recordé,
Cuando un gran sueño de cemento
(La fábrica que el pueblo alzó en Nuevitas)
Lanzaba por sus libres chimeneas
Su primer humo nuestro.

¿Dónde estaba, qué hacía?
Tal vez
En alguna pequeña
Tertulia ironizaba,
Inmerso en esa atmósfera tan suya,
De comentarios puñalitos
Y navajitas agresiones.

De pronto, lo vi pálido
(¿quién lo trajo?)
Allí mismo,
Caído
En aquel mundo de candor enérgico.
Agitaba los brazos,
Pedía socorro acaso.
Socorro, por supuesto.
Pero aquel mar lo estrangulaba,
En aquel mar se hundía,
Yo vi cómo se hundía.
(Era un alegre torbellino
De puños y canciones.)


NICOLÁS GUILLÉN, La rueda dentada, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1972, pág. 49.