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Huidobro sobre Lorca

PREGUNTA: ¿Qué piensa de García Lorca?

HUIDOBRO: Que es un poeta muy mediocre. Para mí no tiene ningún interés. En general, los poetas españoles carecen de imaginación y de inteligencia poética. La literatura española está aplastada por la retórica, esa terrible retórica del Mediterráneo, que mantiene ahogados bajo su lápida a todos los escritores de España, de Italia y muchos de Francia. Bueno, en realidad, Italia no tiene escritores sino escribanos, como el imbécil del tal Pitigrilli, el tonto furibundo de Marinetti y el tonto estético de D'Annunzio, con su cortejo de frases con miriñaques y crinolinas. Es increíble en el país del Dante, de ese genio cósmico, asombroso, que cada día me parece más admirable. Lo mismo sucede en España. ¿Cómo es posible que el magnífico impulso dado por los grandes poetas del Siglo de Oro no haya tenido continuidad? ¿Qué se hizo del genio español? Esto ha sido siempre, para mí, un motivo de misterio y de miles de conjeturas. Seguramente el descubrimiento de América desvió la imaginación española hacia la aventura vital de los exploradores y conquistadores, y la alejó de toda aventura intelectual; el español puso su acento en otra clase de conquistas que las espirituales. Y luego la retórica, la terrible retórica mediterránea, es como una lápida sobre el corazón, como un casco apretando los sesos; una verdadera armadura de hierro. Fíjese Ud. que todos los españoles de hoy escriben con un tono engolado, que parece salido de otros siglos, en un estilo tieso, rígido, con carrasperas de fantasmas y frío, de catedrales o humedad de cementerios. Escribir bien, para un español, es escribir como se escribía antes. Por eso la literatura española tiene tan poca vida. No han producido nada en una cantidad de ramas y subramas de las letras. No tienen un solo gran dramaturgo, ni un novelista de primer plano, ni un sicólogo, ni un gran pensador. No hay en España un Dostoievski, ni un Gogol, ni un Tolstoi, ni un Stendhal, ni un Balzac, ni siquiera un Proust, ni un Meredith, ni un Goethe, ni un Hölderlin, ni un Nietszche, para no nombrar sino autores de todos conocidos. Lo mejor que ha tenido la literatura española en los últimos tiempos es acaso Valle-Inclán, a pesar de su voz engolada. No hubo en España un Victor Hugo, un Musset, un Baudelaire, un Rimbaud, un Lautréamont, un Mallarmé, ni nada comparable. Mientras Inglaterra poseía un Byron, un Shelley, un Blake, España no tenía sino un Zorrilla, un Espronceda, un Núñez de Arce o novelistas como el señor Pereda, que todavía se atreven a editar los editores hispanos. Frente a esas montañas, unos tres o cuatro melones huecos. Desde el Siglo de Oro, las letras españolas son un desierto intelectual hasta Rubén Darío. Ésta es la verdad, la muy triste verdad.

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VICENTE HUIDOBRO, "La poesía contemporánea empieza en mí", La Nación, Santiago 28 de mayo de 1939, pág. 5. Toda la entrevista AQUÍ

Ehrenburg sobre Marinetti

 En París unos amigos me presentaron al poeta Marinetti; estaba muy seguro de sí mismo y era muy ambicioso. Me regaló su poema Mi corazón es de azúcar rojo.


-Si lo traduce, hará usted que los rusos descubran al poeta de mañana -dijo.


Traduje un fragmento breve, que acompañé de un corto prefacio: "Es difícil que gusten los versos de Marinetti. Lo que a uno le aleja de ellos es su vaciedad interior y, sobre todo, el mal gusto y el énfasis".


Más adelante asistí a una velada literaria, en el curso de la cual Marinetti glorificó el futurismo, las maravillas de la técnica y la conquista del mundo. Cuando más tarde se unió al fascismo lo hizo como una cosa lógica: no le hizo falta adaptación alguna, pues siempre había soñado con la violencia. Después del azúcar de cande rojo seguía la sangre.


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ILIA EHRENBURG, Hombres, años, vida, Editorial Mateu, 1964, pág. 147

César Vallejo sobre Marinetti


La vida es una cosa. El arte es otra cosa aunque se mueve dentro de la vida. Y la simulación del arte no es arte ni vida. Los seres ordinarios y normales viven en la vida. Los artistas viven en el arte. Los falsos artistas o seres artificiales no viven en la vida ni en el arte. ¿Pero puede haber acaso seres que caminen por la calle sin pasar por la vida? Sí que los hay y de carne y hueso. El señor Marinetti constituye un perfecto ejemplar de esta fauna de seres artificiales. El hecho de que coma y duerma, no significa que esté en la vida y viva en la vida, y el hecho de que piense y escriba, no prueba que esté en el arte y viva en el arte. Los fantoches consumen también aire y espacio y se producen por líneas y formas pintorescas.


CÉSAR VALLEJO, fragmento de De Rasputín a Ibsen, publicado en El Comercio, Lima, 17 de marzo de 1929 y recogido en Prosas, Linkgua Historia, Red Ediciones, 2013, pág. 101.