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Parra sobre Neruda

I

ANTES DE COMENZAR

Una pregunta:

Qué sería de Chile sin Huidobro

Qué sería de la chilena poesía sin este duende?

Fácil imaginárselo
Desde luego no habría libertad de expresión
Todos estaríamos escribiendo Sonetos

Odas elementales

                         O gemidos

Alabado sea el Santísimo!

XVII

¿TANGO DE VIUDO?

Para tangos me quedo con Gardel

XX

NERUDIANA

Huidobro está a la cabeza
De una maniobra internacional anti Neruda

Pero yo voy a dejar caer todo mi poder

Que es muy grande

En la cabeza del señor Huidobro!
Dicho y hecho 

XXI

LÁSTIMA QUE NERUDA
Haya terminado pisando el palito

No tenía perno para esa tuerca

Era poeta lírico
                         no dramático

No sabía pelear a puño limpio

No manejaba bien la margarita 

Se veía mejor en la penumbra 

NICANOR PARRA, Also sprach Altazor / Así habló Altazor, recogido en After-dinner declarations / Discursos de sobremesa, Host Publications, Texas, 2009, edición de Dave Oliphant, págs. 170, 202, 208 y 210.

Huidobro sobre Neruda

PREGUNTA: ¿Qué piensa de Pablo Neruda?

HUIDOBRO: ¿Con qué intención me hace Ud. esta pregunta? ¿Es forzoso bajar de plano y hablar de cosas mediocres? Ud. sabe que no me agrada lo calugoso, lo gelatinoso. Yo no tengo alma de sobrina de jefe de estación. Estoy a tantas leguas de todo eso.

P.: ¿Cree Ud. que esa poesía que Ud. llama gelatinosa puede hacer escuela en América?

H.: Es posible, pero sólo entre los mediocres. Es una poesía fácil, bobalicona, al alcance de cualquier plumífero. Es, como dice un amigo mío, la poesía especial para todas las tontas de América.

VICENTE HUIDOBRO, "La poesía contemporánea empieza en mí", La Nación, Santiago 28 de mayo de 1939, pág. 5. Toda la entrevista AQUÍ.

Alberti sobre los imitadores de Neruda

El poemote

(Contra la cansina reata plúmbea de hórridos remedadores de Pablo Neruda)

Yo soy el poemón, el poemote,

el paredón cemento, el tomo y lomo.

Por otro mote: el plomo, soy el plomo,

la chatarra, el cascajo y el cascote.

No soy el verso ya, soy el versote,

soy el yo me lo guiso y me lo como,

el te reviento, encalabrino, embromo,

pegado y repegado con cerote.

Por ser arrastre, hasta arrastrar querría

un resto –ristra o raspa– de poesía

en mi avalancha. Pero vano empeño.

Ha de dormir, morir quien me recorra.

Soy el run-rún, el opio, la modorra,

la mosca, en fin, el moscardón del sueño.

RAFAEL ALBERTI, El poeta en la calle, Obras Completas I, Aguilar, Madrid, 1988.

Vargas Llosa sobre Neruda

Tengo a la poesía de Neruda por la más rica y liberadora que se ha escrito en castellano en este siglo, una poesía tan vasta como es la pintura de Picasso, un firmamento en el que hay misterio, maravilla, simplicidad y complejidad extremas, realismo y surrealismo, lírica y épica, intuición y razón y una sabiduría artesanal tan grande como capacidad de invención. ¿Cómo pudo ser, la misma persona que revolucionó de este modo la poesía de la lengua, el disciplinado militante que escribió poemas en loor de Stalin y a quien todos los crímenes del estalinismo -las purgas, los campos, los juicios fraguados, las matanzas, la esclerosis del marxismo- no produjeron la menor turbación ética, ninguno de los conflictos y dilemas en que sumieron a tantos artistas? Toda la dimensión política de la obra de Neruda se resiente del mismo esquematismo conformista de su militancia. No hubo en él duplicidad moral: su visión del mundo, como político y como escritor (cuando escribía de política) era maniquea y dogmática. Gracias a Neruda incontables latinoamericanos descubrimos la poesía; gracias á él -su influencia fue gigantesca- innumerables jóvenes llegaron a creer que la manera más digna de combatir las iniquidades del imperialismo y de la reacción, era oponiéndoles la ortodoxia estalinista.

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MARIO VARGAS LLOSA, Contra viento y marea (II), Seix Barral, Barcelona, 1986, págs. 409-410

Jiménez sobre Neruda

Siempre tuve a Pablo Neruda por un gran poeta, un gran mal poeta, un gran poeta de la desorganización; el poeta dotado que no acaba de comprender ni emplear sus dotes naturales. Neruda me parece un torpe traductor de sí mismo y de los otros, un pobre explotador de sus filones propios y ajenos, que a veces confunde el orijinal con la traducción; que no supiera completamente su idioma ni el idioma de que traduce. Por eso cuanto escribe, bueno y malo, tiene una evidente aparición sucesiva con las fallas de lo ignorado.

Tiene Neruda mina explotada y por explotar; tiene rara intuición, busca estraña, hallazgo fatal, lo nativo del poeta; no tiene acento propio ni crítica llena. Posee un depósito de cuanto ha ido encontrando por su mundo, algo así como un vertedero, estercolero a ratos, donde hubiera ido a parar entre lo sobrante, el desperdicio, el detrito, tal piedra, cuál flor, un metal en buen estado aun y todavía bellos. Encuentra la rosa, el diamante, el oro, pero no la palabra representativa y transmutadora; no suple el sujeto o el objeto con su palabra; traslada objeto y sujeto, no sustancia ni esencia. Sujeto y objeto están allí y no están, porque no están entendidos. Es acaso un rebuscador que encontrase aquí y allá, por su camino, un pedazo de carbón, un vidrio, una suela de zapatos, un ojo perdido, una colilla, etc., y los fuera uniendo y pegando sin ton ni son sobre el tablero de su taller (dejándose olvidado también entre ello el útil ajeno, un lápiz, una tijera de sastre, una goma, un pedazo de periódico, un jaboncillo, que allí no sirven de nada; todo eso que Picasso sabe trasmutar).

No tiene calidad Neruda porque no es estático ni dinámico, sino solo estanco. ¿Y cómo un escritor estancado podrá ser nunca guía de una patria, expresión de una tierra, representación de un continente, un continente, además, bastante nuevo?

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JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, recogido por Edmundo Olivares Briones en Pablo Neruda: Los caminos de América. Tras las huellas del poeta itinerante III (1940-1950), Lom ediciones, Santiago de Chile, 2004, pág. 240

Cambours sobre Lorca

Neruda menciona en sus memorias que tanto él como Lorca tenían sus detractores en Buenos Aires, si bien no facilita nombres. Uno de ellos era el escritor Arturo Cambours Ocampo, que más adelante manifestaría la gran decepción que le había suscitado el famoso autor del Romancero Gitano y deBodas de sangre, obras que admiraba. Aquel día Lorca había hablado de sí mismo sin parar, como si la poesía española empezara y se acabara con él, y el teatro español también; y decía que Yerma (aún sin terminar) significaba el redescubrimiento de la tragedia griega. "No habíamos visto nunca tanta pedantería y soberbia; tanta inmodestia y vanidad juntas -escribe Cambours-. Estábamos frente a un estúpido engreído; frente a un gordito petulante y charlatán".

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IAN GIBSON, Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca (II), Ediciones Folio, Barcelona, 2003, pág. 472

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Alberti y Neruda sobre Huidobro

Elvira fue quien me presentó a Vicente Huidobro, gran poeta, sí, pero de una inmensa vanidad, rayana casi en lo grotesco. Cuando en el año 1937 vino a España para el Congreso de Escritores por la Paz, quiso en Madrid visitar algún frente, Pablo Neruda y yo inventamos esta copla, que se le hizo llegar, diciéndole que los soldados la cantaban con alborozo en las trincheras:

Ya llegó nuestro Vicente,

ganaremos la batalla,

que es el hombre más valiente

por donde quiera que vaya.
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RAFAEL ALBERTI, La arboleda perdida (Segunda parte), Seix Barral, 1987, págs. 15 y 16
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Publicado por Neorrabioso en 22:343 comentarios

Neruda sobre De Rokha

Veinticinco revistas fueron publicadas por un director invariable (que era él siempre), destinadas a destruirme literalmente, a atribuirme toda clase de crímenes, traiciones, agotamiento poético, vicios públicos y secretos, plagio, sensacionales aberraciones del sexo. También aparecían panfletos que eran distribuidos con asiduidad, y reportajes no desprovistos de humor, y finalmente un volumen entero titulado Neruda y yo, libro obeso, enrollado de insultos e imprecaciones.

(...) Ya es hora de que nombremos al personaje. Se llamaba Perico de Palothes. Era un hombre fuerte y peludo que trataba de impresionar tanto con su retórica como con su catadura. En cierta ocasión, cuando yo tenía sólo dieciocho o diecinueve años, me propuso que publicáramos una revista literaria. La revista constaría solamente de dos secciones: una en la que él, en diversos tonos, prosas y metros, afirmaría que yo era un poeta poderoso y genial; y otra en la que yo sostendría a todos los vientos que él era el poseedor de la inteligencia absoluta, del talento sin límites. Todo así quedaba arreglado.

Aunque yo era demasiado joven, aquel proyecto me pareció excesivo. No obstante, me costó disuadirlo. Él era un portentoso publicador de revistas. Resultaba asombroso observar cómo arañaba fondos para mantener su perpetuidad panfletaria.

(...) La característica suprema de Perico de Palothes, filósofo nietzscheano y grafómano irredimible, era su matonismo intelectual y físico. Ejerció de perdonavidas en la vida literaria de Chile. Tuvo durante muchos años una pequeña corte de pequeños diablos que lo celebraban. Pero la vida suele desinflar en forma implacable a estos seres circunstanciales.



PABLO NERUDA, Confieso que he vivido, Unidad Editorial, Madrid, 1999, págs. 316 y 317.

Lisandro Otero sobre Neruda

 En 1960 Neruda había visitado La Habana. No lo conocía personalmente. Pese a mi admiración por su obra, la timidez juvenil me impidió acercármele. Recuerdo haberlo entrevisto de lejos en un cóctel en la revista Bohemia. Sus majaderías usuales, sus actitudes inconvenientes que lo llevaron a ser ofensivo en ocasiones, quizá sin proponérselo, no dejaron el mejor recuerdo. En los medios culturales nos sentíamos perplejos por la candidez con que Neruda se había dejado utilizar en un instante de emergencia. Intercambiábamos estas inquietudes en nuestros diálogos. De una reunión entre Guillén, Pita, Portuondo, Retamar, Desnoes, Fornet y yo, Nicolás nos planteó la idea, que le había sido sugerida a su vez por el presidente Osvaldo Dorticós, de escribir una carta abierta a Neruda para advertirle la repercusión que podía tener en América su erróneo comportamiento. Neruda respondió con unas breves líneas pero no quiso asumir autocríticamente el cordial llamado. No perdonó. Alentó, desde entonces, un oscuro resentimiento, que emergió en sus memorias. Después se urdieron muchas interpretaciones tendenciosas para velar el verdadero sentido de nuestra carta. Se adujo que habíamos criticado a Neruda por visitar Estados Unidos, con el objetivo de presentar nuestra posición en un infantilista extremismo antinorteamericano; que lo censuramos por estar presente en la congregación del PEN, lo cual también era absurdo; que habíamos pretendido dar lecciones de ética a uno de los gigantes de la literatura latinoamericana, etc. Sólo nos interesó la rectificación de un desvío que podía ser muy dañino en un momento crítico de la historia americana. Nunca respondimos a nuestros acusadores. No valía la pena.


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LISANDRO OTERO, Llover sobre mojado, Ediciones Libertarias, 1999, págs. 199-200

Bolaño sobre Neruda

 A mí Neruda me gusta bastante, tal como lo digo en ese cuentito. Un gran poeta americano. Muy equivocado, por otra parte, claro, como casi todos los poetas. No era el sucesor de Whitman, en muchos de sus poemas, en la estructura de esos poemas, sólo podemos ver ahora a un plagiario de Whitman. Pero la literatura es así, es una selva un poco pesadillesca en donde la gran mayoría, la inmensa mayoría de escritores son plagiarios. Hay algunos jóvenes con voz propia, pero no saben escribir, lo que es un desastre. Entonces esos jóvenes van a los talleres literarios o a la universidad para aprender a escribir y cuando ya saben escribir no tienen voz propia. En fin, qué le vamos a hacer. Neruda, en algún momento de su vida, pensó que él era el paradigma del poeta, y se equivocó. Pero la verdad es que todos los poetas, en algún momento de sus vidas, se creen la muerte.


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ROBERTO BOLAÑO, Siempre quise ser un escritor político, entrevista de DEMIAN OROZS, La voz del interior, vía sololiteratura.com, 26 de diciembre de 2001

Neruda sobre Larrea

 Oda a Juan Tarrea


Sí, conoce la América,


Tarrea.


La conoce.


En el desamparado


Perú, saqueó las tumbas.


Al pequeño serrano,


al indio andino,


el protector Tarrea


dio la mano,


pero la retiró con sus anillos.


Arrasó las turquesas.


A Bilbao se fue con las vasijas.


Después


se colgó de Vallejo,


le ayudó a bien morir


y luego puso


un pequeño almacén


de prólogos y epílogos.


Ahora


ha hablado con Pineda.


Es importante.


Algo andará vendiendo.


Ha “descubierto”


el Nuevo Mundo.


Descubramos nosotros


a estos descubridores!


A Pineda, muchacho


de quien leí


en su libro


verdades


y velorios,


ríos ferruginosos,


gente clara,


panes y panaderos,


caminos con caballos,


a nuestro americano


Pineda,


o a otro


desde España con boina


de sotacura y uñas


de prestamista,


Tarrea

llega


a enseñar


lo que es él, lo que soy


y lo que somos.


No sabe nada


pero


enseña.


“Así es América.


Éste es Rubén Darío”,


dice


poniendo sobre el mapa


la larga uña de Euzkadi.


Y escribe el pobrecillo


largamente.


Nadie puede leer


lo que repite,


pero incansable


sube


a las revistas,


se descuelga


entre los capitolios,


resbala


desde las academias,


en todas partes


sale con su discurso,


con su berenjenal


de vaguedades,


con su oscilante


nube


de tontas teorías,


su baratillo viejo


de saldos metafísicos,


de seudo magia


negra


y de mesiánica


quincallería.


Es lo que ahora llevan


por nuestras inocentes

poblaciones,


suplementos,


revistas,


los últimos


o penúltimos


filibusteros,


y al pobre americano


le muestran


una inservible y necia


baratija


con


sueños


de gusano


o mentiras



de falso Apocalipsis,


y se llevan


el oro


de Pineda,


el vapor


verde


de nuestros ríos,

la piel

pura,


la sal


de nuestras soledades espaciosas.


Tarrea,


ándate pronto.


No me toques. No toques


a Darío, no vendas


a Vallejo, no rasques


la rodilla


de Neruda.


Al español, a la española amamos,


a la sencilla gente


que trabaja y discurre,


al hijo luminoso


de la guerra


terrible,


al capitán valiente


y al labrador


sincero


deseamos. Si quieren


roturar tierra o presidir los ríos,


vengan,


sí, vengan ellos,


pero


tú,


Tarrea, vuelve


a tu cambalache


de Bilbao,


a la huesa


del monasterio pútrido,


golpea


la puerta del Caudillo,


eres su emanación,


su nimbo negro,


su viudedad vacía.


Vuelve


a tus enterrados, al osario


con ociosos lagartos,


nosotros,


simples


picapedreros, pobres


comedores de manzanas,


constructores


de una casa sencilla,


no queremos


ser descubiertos,


no,


no deseamos


la cháchara perdida


del tonto de ultramar.


Vuélvete ahora


a tu epitafio


atlántico, a la ría


mercantil, marinera,


allí sal con tu cesta


de monólogos


y grita por las calles


a ver si alguien se apiada


y consume


tu melancólica mercadería.


Yo no puedo.


No acepto baratijas.


No puedo


preocuparme de ti, pobre Tarrea.


Tengo deberes de hombre.


Y tengo canto


para tanto tiempo


que te aconsejo


ahorres


uña y lengua.


Dura


fue mi madre,


la cordillera andina,


caudaloso


fue el trueno del océano


sobre mi nacimiento,


vivo en mi territorio,


me desangro


en la luz de mi batalla,


hago los muros


de mi propia casa,


contribuyo


a la piedra con mi canto,


y no te necesito,


vendedor


de muertos, capellán


de fantasmas,


pálido sacristán


espiritista,


chalán de mulas muertas,


yo no te doy


vasija


contra baratijo:


yo, para tu desgracia,


he andado, he visto,


canto.


PABLO NERUDA, Nuevas odas elementales, Obras completas II, RBA, Barcelona, 2005, págs. 375-381

Neruda sobre Alonso y Diego

 A MIGUEL HERNÁNDEZ, ASESINADO EN LOS PRESIDIOS DE ESPAÑA


[...]


Que sepan los que te mataron que pagarán con sangre.


Que sepan los que te dieron tormento que me verán un día.


Que sepan los malditos que hoy incluyen tu nombre


en sus libros, los Dámasos, los Gerardos, los hijos


de perra, silenciosos cómplices del verdugo,


que no será borrado tu martirio, y tu muerte


caerá sobre toda su luna de cobardes.


[...]


PABLO NERUDA, Canto general, Obras completas I, RBA - Instituto Cervantes, Barcelona, 1999, pág. 746

De Rokha sobre Neruda (4)

1º Pablo Neruda no es un materialista dialéctico sino un idealista estético y no es un realista sino un formalista: no negamos su fama, negamos su obra, y el enjuiciamiento va contra Neruda solo, porque no sirve a su Partido;

2º su lenguaje poético no es un lenguaje poético del pueblo, de la clase obrera y los trabajadores, sino el lenguaje poético, en desintegración, de la burguesía latinfundista-imperialista y de la oligarquía y está contra la forma correspondiente al contenido continental combativo e insurgente;

3º no es un militante sino un demagogo;

4º toda su obra es un proceso de emboscamiento de carácter histriónico y romántico, el cual, afirmándose en la consigna popular desfigurada, usa la máquina del éxito mayor para encubrir el mérito menor, enmascarado de propaganda;

5º engaña, confunde y frena las masas lanzadas a una expresión justa y mayoritaria de lo épico social Americano;

6º estamos de acuerdo con su autocrítica de México en el sentido de que su poesía es burguesa y oscura, subjetiva, inhibida, formalista y antisocial, y creemos que no debió despreciarla sino superarla, etapa por etapa;

y 7º desde entonces, con Canto General, Las Uvas y el Viento, Odas Elementales y Los Versos del Capitán se produce la caída definitiva del poeta y la traición poética a todos los pueblos.

Toda su obra es plagio total, hasta los títulos: del Canto Secular, de Horacio él “asimila” el Canto General, del poeta argentino Luis Enrique Ramponi saquea Macchu-Picchu plagiándola y copiándole a La Piedra Infinita; copia a Tagore y a Carlos Sabat Ercasty en los 20 Poemas y El Hondero Entusiasta, a Baudelaire, Rimbaud, Chenneviere y saqueándome fabrica, pre-fabrica, contra-fabrica el ágape nupcial de su poética en retórica pálida; me imita la épica social en versos de asno, y los endecasílabos de gran pacotillero que De Luigi le advierte, cortados en pingajos, son plagios de plagiario y son plagios plagiados o copiados con vil intención de comercio.

PABLO DE ROKHA, Obras inéditas, LOM ediciones, Santiago de Chile, 1999, págs. 213 y 214.

Rama sobre Neruda

Como esos ebrios que al llegar la madrugada hablan sin cesar y todo les sirve de pretexto para su inextinguible discurso, así aparece Neruda en este libro. Porque en verdad está borracho de poesía, o para mejor decir, evitando aludir al verso de Darío, está borracho de su propia capacidad para versificar sin mesura y nada puede detenerlo, ni siquiera la certidumbre de lo vano de su palabreo. Un libro penoso que a cualquiera de sus pregonados enemigos le serviría para escribir el ansiado «Neruda RIP» y que, para quienes creemos que es –¿o acaso ya no?–, el mayor poeta actual, vivo, de la lengua española, es motivo de vergüenza y de irritación. Navegaciones y regresos es [...] el cuarto tomo de las Odas elementales. Más exactamente es una colección de odas en el estilo, aunque más desmañado, de los anteriores volúmenes, y una serie de discursos poéticos circunstanciales originados por el incesante viajar del poeta [...] Sus poemas no nacen aquí del imperativo interior del canto y por lo tanto no comprometen honda, raigalmente, al hombre que los escribe, sino que son ejercicios a propósito de, basados en la enorme capacidad creadora en la que Neruda confía con excesiva ceguera, y en los instrumentos expresivos ya acuñados por él y ya colectivizados por sus discípulos. [...] Hablo de su desenfrenada egolatría y de su demagogia barata. Neruda no poetiza el mundo, ni las cosas, como pretende y dice, sino que dictamina [...] apostrofa [...] es siempre «yo, yo, yo» el que habla sin saber del «otro» más que el reflejo admirativo que de él espera. [...] Y es desagradable también la demagogia populista de que abusa Neruda con facilidad que puede ser frivolidad [...] No puede afirmar porque es literalmente falso: «mi poesía se hizo paso a paso/ trotando por el mundo/ devorando caminos pedregosos,/ comiendo con/ los miserables/ en el mesón glacial de la pobreza». Pero no es menos falso el tono con que asume la pobreza, con que se finge uno más de los desheredados [...] tono que él mismo rompe para proclamar: «Sólo yo puedo sentarme/ tan elevadamente puro/ en este trono de la muerte [...]». Viene a nosotros el recuerdo de otro tono para hablar de pobreza y de injusticia, otro tono que nos sigue sonando a verdad: el de César Vallejo, que no mentía [...] [este libro es] la triste comprobación de que el compromiso actual de Neruda no es con la poesía y la verdad sino con su biografía. . ÁNGEL RAMA, Pablo Neruda: Navegaciones y regresos, Marcha, Montevideo, nº 1.001, 18 de marzo de 1960, recogido en Neruda en Uruguay: pasaje y polémica, de Pablo Rocca, Cervantes Virtual (AQUÍ) ..

Paz sobre Neruda

A Neruda lo perjudicaron la ideología y la abundancia. La poderosa máquina de propaganda de los partidos comunistas y la influencia que tuvo durante la postguerra la ideología llamada de izquierda, lo convirtieron en una figura pública. Fue un ídolo o, más exactamente, un mito. Pero los mitos tienden fatalmente al estereotipo y Neruda no escapó a la estatua de cartón. En sí misma, la actividad política no tenía por qué haberlo dañado: pensemos en Milton o Victor Hugo. Pero Neruda no supo guardar las distancias con los jerarcas de su partido. Una actitud tan violentamente opuesta a la sociedad liberal capitalista como la suya, exigía cierta vigilancia crítica frente a sus correligionarios, especialmente ante la política de Stalin y sus sucesores. No fue así: Neruda fue un militante disciplinado, un creyente más que un partidario. Nunca fue una conciencia crítica, como no lo fueron tampoco Aragon, Éluard, Alberti, Brecht -aunque este último tuvo sobresaltos de conciencia al fin de sus días- y tantos otros. En cuanto a la abundancia: lo dañó porque le hizo confundir la facilidad con la inspiración. Fue admirado por la mayoría pero los lectores exigentes opusieron a ese entusiasmo irreflexivo una reticencia desdeñosa. Reticencia no siempre justificada. Neruda se quejó, con razón a veces, de la envidia de sus colegas. . . OCTAVIO PAZ, Poesía e historia: "Laurel" y nosotros, Obras completas II, Galaxia Gutenberg / Círculo de lectores, Barcelona, 2000, págs. 768 y 769

Paseyro sobre Neruda

Durante la estadía de Neruda en Europa y su viaje de regreso a Chile, uno de sus enemigos más furiosos fuera de Chile ha comenzado a publicar una serie de artículos en su contra, que culminarán con la publicación de un libro en 1958. Ricardo Paseyro, joven poeta uruguayo, publica "Pablo Neruda o el deshonor de la palabra". Ataca el nerudismo o sea "a Neruda, su poesía y todo lo que lo rodea desde hace por lo menos quince años". Argumenta que lo malo de Neruda es su influencia y sus imitadores. Se dirige contra la nueva poesía de Neruda, tomando ejemplos de Las uvas y el viento, Odas elementales y Los versos del capitán. Sostiene Paseyro que Neruda no es poeta y lo acusa de deshonrar la palabra. No habla de su primera poesía ya que, según Paseyro, Neruda mismo la había negado. Sostiene que en Las uvas y el viento se ataca a todos los disctadores latinoamericanos, menos a Perón, sólo porque Losada, editorial del poeta, tiene su sede en Buenos Aires. Describe un Neruda oportunista, y da como ejemplo la publicación de un mismo poema en diversas versiones, borrando en algunas toda seña militante. Ideológicamente acusa a Neruda de que su comunismo es "fórmula, no contenido": [...] con idéntico fraude induce a creer que la poesía surge no de una exigencia interior de las palabras, que se reúnen en poema porque sólo así pueden ordenarse, sino de la frecuencia, el aspecto, la distribución de los signos ortográficos. Neruda aprovecha y explota el formalismo de quienes, automáticamente, por reflejo condicionado, identifican verso y poesía, y renglón corto y verso. Según costumbre, Neruda va de afuera adentro: a beneficio de una industria técnica aplicada como un chaleco de fuerza, procura disfrazar de poesía un contenido poético. Técnica... exagero. Neruda ha perdido toda noción de métrica, de prosodia, de estética del verso, de musicalidad [...] no agrega la más ínfima invención teórica del arte literario. El sistema de líneas cortas en que cuadricula sus últimos libros (viejísimo truco, encima, que ya practicaban los "futuristas" de antes de 1914) es una suerte de letrismo malsonante, sus textos resultan ilegibles como verso y como prosa. RICARDO PASEYRO, Pablo Neruda, o el deshonor de la palabra, Índice, año 11, nº 107, Madrid, diciembre de 1957, recogido por David Schidlowsky en Pablo Neruda y su tiempo. Las furias y las penas: tomo 2, RILL Editores, 2008, Santiago de Chile, pág. 977

Pániker sobre Rilke y Jorge Guillén

Cosa en mí poco frecuente, leía poesía. Leía a Jorge Guillén, su pasmo absoluto, y me impresionaba poco. Para pasmo absoluto me bastaba el mío. Siempre he preferido a los poetas que se fijan en lo que yo no me fijo, los detalles y las menudencias. Las sensorialidades. Baudelaire, Neruda, el último García Lorca. Leía a Rilke y se me acababa pronto la paciencia. Rilke era entonces un poeta en la cresta de la ola, un genio; pero a mí se me hacía excesivo el contorsionismo, el tono alto, abstracto. (Para intelectualidades, ya digo, me sobraban con las mías). Liebe und Abscheid, amor y despedida, redentorismo pomposo que me dejaba frío. "¿Quién, si yo gritase, me oiría desde los órdenes angélicos?", traduce Torrente Ballester, y es una buena traducción, y es una bella e innovadora estrofa. Pero Heidegger venía a decir lo mismo en lenguaje técnico, y, en este caso, el lenguaje técnico era un alivio. 

SALVADOR PÁNIKER, Segunda memoria, Seix Barral, Barcelona, 1988, pág. 43

Huidobro sobre Neruda y Lorca

¿Es [Neruda] un poeta estimable? ¿Es un imitador de los primeros creacionistas chilenos y españoles? ¿Se es justo proclamarle poeta de primer plano o se es justo al declararle un poeta secundario y como tantos?

Mientras en Chile, el joven poeta Volodia Teitelboim descubre plagios de Neruda a Tagore, a Huidobro, a Díaz Casanueva, etc., en España, García Lorca le proclama el mejor poeta de América después de Rubén Darío.

La proclamación de García Lorca tendría valor si él lo tuviera, pero todos los poetas de primer plano que escriben en español niegan al andaluz una alta categoría, le consideran un poeta mediocre, un simple tonadillero. Así vistas las cosas, su opinión carece de importancia. En cambio la acusación de Teitelboim no es una opinión, es un hecho real. [...]

Analizado bajo el aspecto de su valor real, Pablo Neruda nos parece un poeta de segundo o tercer plano. [...] Hemos podido constatar que los jóvenes poetas de más valer, aquí y en otros países de nuestra lengua, consideran a Neruda un poeta mediocre o un simple bluf hinchado por un grupo tan mediocre como él...

JUSTICIERO (seudónimo de VICENTE HUIDOBRO), Pablo Neruda, plagiario o gran poeta, La Opinión, 15 de diciembre de 1934, recogido por David Schidlowsky en Neruda y su tiempo: Las furias y las penas, Tomo 1 (1904-1949), Ril editores, Santiago, 2008, pág. 243

De Rokha sobre Neruda (3)

 Juan Ramón Jiménez con su pobre Premio Nobel a cuestas, realmente era un hombre honesto y Juan Ramón Jiménez llamó a Neruda en Españoles de Tres Mundos “Un gran mal poeta”. Yo estimo que Pablo Neruda es un impostor político y un aventurero de la literatura y un mercader habilísimo, al cual desprecio. ¿Por qué aceptó Pablo Neruda, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Chile, la invitación del Pen Club a los Estados Unidos, cuando él sabía perfectamente que el Pen Club de los Estados Unidos es la criminal central de espionaje del imperialismo norteamericano, del imperialismo asesino que se revuelca en el genocidio de Vietnam? ¿Por qué almorzó Neruda con Belaúnde Terry en Lima, paladeando huevos fritos, según su declaración, y se embarcó a Chile con un gran Mascarón de Proa al cual bautizó como La Guillermina y que según parece aunque no lo afirmo rotundamente se lo regaló el asesino de guerrilleros de un pueblo tan querido y tan hambriento y tan herido como el pueblo de los antiguos Incas masacrados por los Conquistadores? ¿Por qué aceptó Neruda que Emir Rodríguez Monegal, el uruguayo suciamente renegado, espía de la CIA y del Pentágono en París, en donde dirige una cosa sucia que él designa Mudo Libre, escribiese un libro sobre él, sobre Pablo Neruda y después de haber sido abofeteado lo hospedó en Isla Negra, el cachureo del caracolismo?


PABLO DE ROKHA, Obras inéditas, LOM ediciones, Santiago de Chile, 1999, pág. 170

Neruda sobre Faulkner, Eliot, Heidegger y Sartre

Tenemos la influencia de novelistas como Faulkner, llenos de perversidad, o poetas como Eliot, falso místico reaccionario, que dispone de un cielo particular para la nobleza británica. Y no es por casualidad que estos dos escritores reciben el Premio Nobel, coronación y premio que da una sociedad agonizante a sus propios enterradores. Si lee uno las revistas de nuestra América, del Uruguay y de Panamá, se ve la preocupación cosmopolita, el deseo de no dejar número sin mencionar al ideólogo nazi Heidegger, o al destructivo Sartre. Este es el reflejo del cosmopolitismo y de la desnacionalización de los actuales dirigentes de nuestra sociedad criolla. La capa superintelectual se aleja de nuestros problemas y de la lucha del pueblo con sus episodios conmovedores y su grandeza. Vemos revistas, como “Sur” de Buenos Aires, que consagran números enteros a espías internacionales y cosmopolitas.

PABLO NERUDA, declaraciones a Enrique Bello en Reportaje a Neruda, Pro Arte, nº 160, Santiago de Chile, 28 de noviembre de 1952, recogido por David Schidlowsky en Neruda y su tiempo: Las furias y las penas, Tomo 2 (1950-1973), Ril editores, Santiago, 2008, pág. 866.