Parra sobre Neruda
Huidobro sobre Neruda
Alberti sobre los imitadores de Neruda
Vargas Llosa sobre Neruda
Jiménez sobre Neruda
Cambours sobre Lorca
Alberti y Neruda sobre Huidobro
Neruda sobre De Rokha
Lisandro Otero sobre Neruda
En 1960 Neruda había visitado La Habana. No lo conocía personalmente. Pese a mi admiración por su obra, la timidez juvenil me impidió acercármele. Recuerdo haberlo entrevisto de lejos en un cóctel en la revista Bohemia. Sus majaderías usuales, sus actitudes inconvenientes que lo llevaron a ser ofensivo en ocasiones, quizá sin proponérselo, no dejaron el mejor recuerdo. En los medios culturales nos sentíamos perplejos por la candidez con que Neruda se había dejado utilizar en un instante de emergencia. Intercambiábamos estas inquietudes en nuestros diálogos. De una reunión entre Guillén, Pita, Portuondo, Retamar, Desnoes, Fornet y yo, Nicolás nos planteó la idea, que le había sido sugerida a su vez por el presidente Osvaldo Dorticós, de escribir una carta abierta a Neruda para advertirle la repercusión que podía tener en América su erróneo comportamiento. Neruda respondió con unas breves líneas pero no quiso asumir autocríticamente el cordial llamado. No perdonó. Alentó, desde entonces, un oscuro resentimiento, que emergió en sus memorias. Después se urdieron muchas interpretaciones tendenciosas para velar el verdadero sentido de nuestra carta. Se adujo que habíamos criticado a Neruda por visitar Estados Unidos, con el objetivo de presentar nuestra posición en un infantilista extremismo antinorteamericano; que lo censuramos por estar presente en la congregación del PEN, lo cual también era absurdo; que habíamos pretendido dar lecciones de ética a uno de los gigantes de la literatura latinoamericana, etc. Sólo nos interesó la rectificación de un desvío que podía ser muy dañino en un momento crítico de la historia americana. Nunca respondimos a nuestros acusadores. No valía la pena.
.
.
LISANDRO OTERO, Llover sobre mojado, Ediciones Libertarias, 1999, págs. 199-200
Bolaño sobre Neruda
A mí Neruda me gusta bastante, tal como lo digo en ese cuentito. Un gran poeta americano. Muy equivocado, por otra parte, claro, como casi todos los poetas. No era el sucesor de Whitman, en muchos de sus poemas, en la estructura de esos poemas, sólo podemos ver ahora a un plagiario de Whitman. Pero la literatura es así, es una selva un poco pesadillesca en donde la gran mayoría, la inmensa mayoría de escritores son plagiarios. Hay algunos jóvenes con voz propia, pero no saben escribir, lo que es un desastre. Entonces esos jóvenes van a los talleres literarios o a la universidad para aprender a escribir y cuando ya saben escribir no tienen voz propia. En fin, qué le vamos a hacer. Neruda, en algún momento de su vida, pensó que él era el paradigma del poeta, y se equivocó. Pero la verdad es que todos los poetas, en algún momento de sus vidas, se creen la muerte.
.
..
ROBERTO BOLAÑO, Siempre quise ser un escritor político, entrevista de DEMIAN OROZS, La voz del interior, vía sololiteratura.com, 26 de diciembre de 2001
Neruda sobre Larrea
Oda a Juan Tarrea
Sí, conoce la América,
Tarrea.
La conoce.
En el desamparado
Perú, saqueó las tumbas.
Al pequeño serrano,
al indio andino,
el protector Tarrea
dio la mano,
pero la retiró con sus anillos.
Arrasó las turquesas.
A Bilbao se fue con las vasijas.
Después
se colgó de Vallejo,
le ayudó a bien morir
y luego puso
un pequeño almacén
de prólogos y epílogos.
Ahora
ha hablado con Pineda.
Es importante.
Algo andará vendiendo.
Ha “descubierto”
el Nuevo Mundo.
Descubramos nosotros
a estos descubridores!
A Pineda, muchacho
de quien leí
en su libro
verdades
y velorios,
ríos ferruginosos,
gente clara,
panes y panaderos,
caminos con caballos,
a nuestro americano
Pineda,
o a otro
desde España con boina
de sotacura y uñas
de prestamista,
Tarrea
llega
a enseñar
lo que es él, lo que soy
y lo que somos.
No sabe nada
pero
enseña.
“Así es América.
Éste es Rubén Darío”,
dice
poniendo sobre el mapa
la larga uña de Euzkadi.
Y escribe el pobrecillo
largamente.
Nadie puede leer
lo que repite,
pero incansable
sube
a las revistas,
se descuelga
entre los capitolios,
resbala
desde las academias,
en todas partes
sale con su discurso,
con su berenjenal
de vaguedades,
con su oscilante
nube
de tontas teorías,
su baratillo viejo
de saldos metafísicos,
de seudo magia
negra
y de mesiánica
quincallería.
Es lo que ahora llevan
por nuestras inocentes
poblaciones,
suplementos,
revistas,
los últimos
o penúltimos
filibusteros,
y al pobre americano
le muestran
una inservible y necia
baratija
con
sueños
de gusano
o mentiras
de falso Apocalipsis,
y se llevan
el oro
de Pineda,
el vapor
verde
de nuestros ríos,
la piel
pura,
la sal
de nuestras soledades espaciosas.
Tarrea,
ándate pronto.
No me toques. No toques
a Darío, no vendas
a Vallejo, no rasques
la rodilla
de Neruda.
Al español, a la española amamos,
a la sencilla gente
que trabaja y discurre,
al hijo luminoso
de la guerra
terrible,
al capitán valiente
y al labrador
sincero
deseamos. Si quieren
roturar tierra o presidir los ríos,
vengan,
sí, vengan ellos,
pero
tú,
Tarrea, vuelve
a tu cambalache
de Bilbao,
a la huesa
del monasterio pútrido,
golpea
la puerta del Caudillo,
eres su emanación,
su nimbo negro,
su viudedad vacía.
Vuelve
a tus enterrados, al osario
con ociosos lagartos,
nosotros,
simples
picapedreros, pobres
comedores de manzanas,
constructores
de una casa sencilla,
no queremos
ser descubiertos,
no,
no deseamos
la cháchara perdida
del tonto de ultramar.
Vuélvete ahora
a tu epitafio
atlántico, a la ría
mercantil, marinera,
allí sal con tu cesta
de monólogos
y grita por las calles
a ver si alguien se apiada
y consume
tu melancólica mercadería.
Yo no puedo.
No acepto baratijas.
No puedo
preocuparme de ti, pobre Tarrea.
Tengo deberes de hombre.
Y tengo canto
para tanto tiempo
que te aconsejo
ahorres
uña y lengua.
Dura
fue mi madre,
la cordillera andina,
caudaloso
fue el trueno del océano
sobre mi nacimiento,
vivo en mi territorio,
me desangro
en la luz de mi batalla,
hago los muros
de mi propia casa,
contribuyo
a la piedra con mi canto,
y no te necesito,
vendedor
de muertos, capellán
de fantasmas,
pálido sacristán
espiritista,
chalán de mulas muertas,
yo no te doy
vasija
contra baratijo:
yo, para tu desgracia,
he andado, he visto,
canto.
PABLO NERUDA, Nuevas odas elementales, Obras completas II, RBA, Barcelona, 2005, págs. 375-381
Neruda sobre Alonso y Diego
A MIGUEL HERNÁNDEZ, ASESINADO EN LOS PRESIDIOS DE ESPAÑA
[...]
Que sepan los que te mataron que pagarán con sangre.
Que sepan los que te dieron tormento que me verán un día.
Que sepan los malditos que hoy incluyen tu nombre
en sus libros, los Dámasos, los Gerardos, los hijos
de perra, silenciosos cómplices del verdugo,
que no será borrado tu martirio, y tu muerte
caerá sobre toda su luna de cobardes.
[...]
PABLO NERUDA, Canto general, Obras completas I, RBA - Instituto Cervantes, Barcelona, 1999, pág. 746
De Rokha sobre Neruda (4)
Rama sobre Neruda
Paz sobre Neruda
Paseyro sobre Neruda
Pániker sobre Rilke y Jorge Guillén
Huidobro sobre Neruda y Lorca
De Rokha sobre Neruda (3)
Juan Ramón Jiménez con su pobre Premio Nobel a cuestas, realmente era un hombre honesto y Juan Ramón Jiménez llamó a Neruda en Españoles de Tres Mundos “Un gran mal poeta”. Yo estimo que Pablo Neruda es un impostor político y un aventurero de la literatura y un mercader habilísimo, al cual desprecio. ¿Por qué aceptó Pablo Neruda, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Chile, la invitación del Pen Club a los Estados Unidos, cuando él sabía perfectamente que el Pen Club de los Estados Unidos es la criminal central de espionaje del imperialismo norteamericano, del imperialismo asesino que se revuelca en el genocidio de Vietnam? ¿Por qué almorzó Neruda con Belaúnde Terry en Lima, paladeando huevos fritos, según su declaración, y se embarcó a Chile con un gran Mascarón de Proa al cual bautizó como La Guillermina y que según parece aunque no lo afirmo rotundamente se lo regaló el asesino de guerrilleros de un pueblo tan querido y tan hambriento y tan herido como el pueblo de los antiguos Incas masacrados por los Conquistadores? ¿Por qué aceptó Neruda que Emir Rodríguez Monegal, el uruguayo suciamente renegado, espía de la CIA y del Pentágono en París, en donde dirige una cosa sucia que él designa Mudo Libre, escribiese un libro sobre él, sobre Pablo Neruda y después de haber sido abofeteado lo hospedó en Isla Negra, el cachureo del caracolismo?
PABLO DE ROKHA, Obras inéditas, LOM ediciones, Santiago de Chile, 1999, pág. 170