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Bennett sobre Austen


¿Jane Austen? Siento que me estoy acercando a un terreno peligroso. La reputación de Jane Austen está rodeada de batallones de defensores que están dispuestos a matar por su sagrada causa. Casi todos son fanáticos. No escucharán. Si alguien “se marchara” de Jane, cualquier cosa podría pasarle. Seguramente se le pediría que renunciara a sus clubes... Ni siquiera estoy de acuerdo en que Jane fuera una gran novelista. Fue una pequeña gran novelista. Es maravillosa, embriagadora: tiene un ingenio único, una gran dosis de sentido común, un sentido de la proporción muy agradable, mucha habilidad narrativa. Y siempre es legible. Pero su mundo es un mundo diminuto, e incluso de ese mundo diminuto ignora, consciente o inconscientemente, los factores fundamentales. No sabía lo suficiente del mundo para ser una gran novelista. No tenía la ambición de ser una gran novelista. Sabía cuál era su lugar; sus “fanáticos” actuales no conocen su lugar, y sus payasadas sin duda habrían excitado la ironía letal de Jane.


ARNOLD BENNETT, recogido por Ian Littlewood en Critical Assessments Vol. I, Helm Information, 1998, traducción de Mary Crónica, pág. 449.

Emerson sobre Austen


Me cuesta comprender por qué la gente conserva tantas novelas de la señorita Jane Austen. Me horroriza la domesticidad trivializadora y la atenuación de su ficción, vulgar en el tono, estéril en invención artística, aprisionada en las convenciones funestas de la sociedad inglesa, sin genio, ingenio o conocimiento del mundo. Nunca fue la vida tan comprimida y estrecha. El único problema que hay en la mente de la escritora en ambos relatos que he leído, Persuasión y Orgullo y prejuicio, es la posibilidad de casarse. Todo lo que interesa en todo personaje que se presenta sigue siendo esto: ¿Tiene él o ella el dinero para casarse y las condiciones necesarias? Digamos más bien que es “el frenesí de una desesperación íntima” de un internado inglés. El suicidio es más respetable.


RALPH WALDO EMERSON, Journal of Ralph Waldo Emerson: 1856-1863, ed. E. W. Emerson y W. E. Forbes, Boston, Houghton Mifflin, 1913, recogido por Sandra M. Gilbert y Susan Gubar en La loca del desván, Cátedra, Madrid, 1998, traducción de Carmen Martínez Gimeno