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Sabato sobre Cabrera Infante

Al insistírsele, Sábato muestra una inmediata gran admiración por Juan Rulfo y por Joao Guimaraes Rosa. En cambio, con el mismo instinto animal, no gusta de Lezama Lima, quien cayó, según él, en una literatura literaria. Dice que está lleno de "precipitaciones pluviales. Hoy día, escribiendo esto en lugar de lluvia me parece no sólo bizantino sino sospechoso". Desconoce la obra de otro escritor cubano bastante joven, Guillermo Cabrera Infante, pero de hecho se siente prevenido contra el título de su famosa obra: Tres tristes tigres, que le han dicho es un divertido trabalenguas. Sábato concluye, a partir de esta vaga información, que la literatura de Cabrera es sólo juego, o por lo menos lo parece, y por lo tanto no es una gran literatura.

Alguien le aclara que Tres tristes tigres va mucho más allá de lo que el título sugiere (su juego verbal), y después de una difícil discusión —Sábato es un furibundo polemista, brillante y panfletario, demoledor e implacable—, confiesa que posiblemente puede estar equivocado. Aunque, un segundo después, una vez más está en guardia contra el cubano porque recuerda que en cierta ocasión leyó que Cabrera Infante confesaba que no le gustaban Balzac ni Dostoievski, escritores bastante admirados y casi venerados por Sábato.


ELIGIO GARCÍA M., Son así: Reportaje a Nueve escritores Latinoamericanos, Editorial La Oveja Negra, Bogotá, 1982, pág. 131

Pla sobre Balzac

Balzac, escritor aburridísimo, pesado. No hay manera de encontrar en sus novelas un adjetivo preciso, exacto –un adjetivo que responda a la verdad–. Las preocupaciones científicas de Balzac –Mesmer, Gall– hacen reír.

JOSEP PLA, Dietarios (I): El cuaderno gris / Notas dispersas, Espasa, Madrid, 2001, pág. 302, traducción de Dionisio Ridruejo y Gloria de Ros

Gombrowicz sobre Balzac

Detesto a Balzac. A sus obras y al hombre. ¡Todo lo que hay ahí está tal como no me gusta, como no quiero ni puedo soportar! ¡Está en demasiada contradicción consigo mismo y no sé por qué, pero esta contradicción es repugnante y estúpida! ¡Un sabio, pero qué bobo! Un artista, pero cuánto hay en él del pésimo gusto de la más desabrida de las épocas. Un gordinflón, pero conquistador, don Juan, mujeriego lúbrico. ¡Hombre eminente, pero de una vulgaridad pequeñoburguesa y de una insolencia de advenedizo! Realista y pobre soñador romántico... Todas estas antinomias, sin embargo, tal vez no deberían chocarme, al fin y al cabo conozco su papel en la vida y en el arte...; sí, lo que pasa es que en Balzac hasta la antinomia se vuelve gorda, repugnante, lúbrica, mugrienta y más que vulgar.

Detesto su Comedia Humana. Qué fácil es estropear la mejor de las sopas añadiendo una cucharadita de grasa rancia o una pizca de pasta de dientes. Basta con una gota de Balzac malo, pretencioso y melodramático para volver indigestos todos esos volúmenes y su entera personalidad. Dicen que es un genio, seamos pues indulgentes. Las mujeres que se acostaban con su genial gordura debieron saber algo de esta indulgencia, puesto que para meterse en la cama con el Genio tuvieron que vencer en ellas más de una aversión. Pero no estoy seguro de que ese cálculo valga la pena y de que esté conforme con la naturaleza. En el campo de las relaciones personales -y así son nuestras relaciones con los artistas-, un detalle tiene a menudo mayor importancia que toda una montaña de méritos merecedores de un monumento. Es más fácil llegar a odiar a alguien por hurgarse en la nariz que llegar a amarlo por haber creado una sinfonía. Porque el detalle es característico y determina a la persona en su dimensión cotidiana.

WITOLD GOMBROWICZ, Diario (1953-1969), Seix Barral, Barcelona, 2005, traducción de Bozena Zaboklicka y Francesc Miravitlles, págs. 436 y 437.

Primo Levi contra Borges, Isaac B. Singer, Proust, Dostoyevski y Balzac

AURELIO ANDREOLI: ¿Por qué ha omitido a J. L. Borges entre los contemporáneos?
PRIMO LEVI: Lo conozco poco, y diría que siento una vaga antipatía por él. Percibo en Borges algo que me es extraño y lejano. Por otra parte, sería audaz pretender justificar todas las propias simpatías y antipatías. Algunas son evidentes, otras lo son menos. Precisamente mi simpatía por Rabelais es en apariencia incomprensible. Y, sin embargo, entre todos es aquel a quien me siento más ligado, de forma casi filial. Si pudiera, lo escogería como padre.

AURELIO ANDREOLI: ¿Por qué usted, de tradición judía, ha descartado a un gran escritor como Isaac B. Singer?
PRIMO LEVI: Porque no estoy tan convencido de que sea un gran escritor. De entrada escribe demasiado, y además me parece un escritor diluido. Desde luego me es querido como persona, pero si lo hubiese puesto entre los escritores que leo y releo, y de esto se trataba, habría mentido. No creo que tenga "nervio" suficiente" como para ser incluido entre los escritores de serie A. Me temo que dentro de una generación sólo lo leerán los especialistas. Si se compara una página de Singer con una del menos conocido escritor yiddish Schalom Alechem, que yo cito, se comprende qué diferencia puede haber entre los dos a propósito del "vigor del estilo".

AURELIO ANDREOLI: ¿Y por qué ha omitido a autores de la tradición mitteleuropea: Proust, Musil, Kafka?
PRIMO LEVI: Proust me parece aburrido, a Musil no lo conozco suficientemente, Kafka también me inspira sentimientos ambivalentes: por un lado, la sensación de hallarme ante libros fundamentales, por otro, una repulsión de origen psicoanalítico.

AURELIO ANDREOLI: Hablemos un poco más de sus antipatías literarias...
PRIMO LEVI: Las antipatías no son siempre racionales, pueden obedecer a causas o circunstancias ocasionales, porque hemos ido a parar a una página inadecuada, porque la página era la adecuada pero el momento no. Entre las antipatías, Dostoievski, en quien he intentado entrar una vez más recientemente, y de quien me aleja su forma cansina de escribir. Encuentro ingrata esa mezcla suya de portentosa lucidez introspectiva y confusión en la escritura. Sería conveniente reducir sus libros a una tercera parte. Añádase a ello que se trata de traducciones. Sé perfectamente, porque también lo he hecho, lo difícil y peligroso que es el oficio de traducir. Y, por lo tanto, ante un autor cuya lengua no conozco, como en el caso de Dostoievski, y en general los rusos, recelo un poco. Balzac es otro al que he renunciado, sólo he leído dos libros suyos, y me di por vencido, porque nuestra vida es demasiado corta para leer a todo Balzac.

PRIMO LEVI, fragmento de la entrevista de Aurelio Andreoli, Paese Sera, 21 de agosto de 1981, recogido en Primo Levi: entrevistas y conversaciones, Ediciones Península, Barcelona, 1998, págs. 102 y 103, traducción de Francesc Miravitlles Salvador.

Proust sobre Balzac


En la actualidad se pone a Balzac por encima de Tolstói. Es locura. La obra de Balzac es antipática, gesticulante, llena de ridiculeces, la humanidad es juzgada en ella por un hombre de letras deseoso de hacer un gran libro, en Tolstói por un dios sereno. Balzac llega a dar la impresión de lo grande, en Tolstói todo es naturalmente más grande, como los cagajones de un elefante al lado de una cabra.


MARCEL PROUST, fragmento de León Tolstói, escrito en ¿noviembre de 1910?, recogido en Escribir: Escritos sobre arte y literatura, Páginas de Espuma, Madrid, 2022, traducción de Mauro Armiño, pág. 155.

Garro sobre Galdós


ELENA GARRO: Yo divido a los escritores en escritores padres y escritores hijos. El escritor padre es como un gran árbol del que salen muchas hojas, ramas, flores.

GABRIELA MORA: ¿Así que en la literatura moderna casi no hay padres para ti? Por ejemplo, ¿no sería padre Galdós?
ELENA GARRO: No, porque es un hijo de Balzac.

GABRIELA MORA: ¿Qué otro grande?
ELENA GARRO: Balzac me parece extraordinario. Así como Tolstói es el escritor de la nobleza, Balzac es el escritor de la burguesía. Se compara mucho a Balzac con Pérez Galdós. Claro, porque es un resultado de Balzac. ¡El idioma de Galdós es malísimo! No sé, es muy grosero, no, no me gusta.


ELENA GARRO, «Me convertí en no persona», conversaciones con Gabriela Mora, entrevista de 1979 recogida en la Revista Dossier, toda la conversación AQUÍ

Nietzsche sobre Sand


He leído las primeras lettres d'un voyageur [Cartas de un viajero]: como todo lo que desciende de Rousseau, falsas, afectadas, un fuelle, exageradas. Yo no soporto ese multicolor estilo de papel pintado; tampoco la ambición plebeya de tener sentimientos generosos. Lo peor, ciertamente, continúa siendo la coquetería femenina expresada con unos modales masculinos, con unos modales de jóvenes ineducados. — ¡Qué fría tiene que haber sido, con todo, esta artista insoportable! Se daba cuerda como un reloj — y escribía... ¡Fría como Hugo, como Balzac, como todos los románticos, en cuanto se ponían a hacer poesía! ¡Y qué complacida de sí misma habrá estado tumbada al hacerlo, esa fecunda vaca de escribir, que tenía en sí algo alemán en el mal sentido de la palabra, lo mismo que también Rousseau, su maestro, y que, en todo caso, sólo fue posible al decaer el gusto francés! — Pero Renan la venera...


FRIEDRICH NIETZSCHE, Crepúsculo de los ídolos, Alianza Editorial, Madrid, 1979, traducción de Andrés Sánchez Pascual, pág. 89.

Moravia sobre Flaubert


No me gusta Flaubert, que cuidó mucho su estilo. Flaubert no parece un novelista muy bueno. Madame Bovary es una novela que se detiene y se atasca en todas las páginas. Por el contrario, en Proust, la novela se desliza, fluye, no se detiene jamás. Proust supo reanimar el movimiento narrativo mezclando en una misma frase los hechos y la crítica de los hechos. Sus novelas son novelas-ensayos. Desbloqueó la novela, que, después de Flaubert, no acababa de encontrar su camino. De pronto, afirma que sus personajes han envejecido. No es suficiente. Proust sacó a la novela de este callejón sin salida; su genio le hizo descubrir la solución de la novela-ensayo.

En realidad, ni siquiera aprecio el estilo de Flaubert. Lo encuentro ronroneante, simétrico, enredado, burgués. Por otra parte, conviene admitir que Flaubert asesinó a la novela en tanto que narración "inventada", romancesca. Prefiero, con mucho, a Balzac. Aunque escribe algunas veces muy mal y se encuentra en sus páginas cierta cantidad de escorias, de desperdicios, Balzac sigue siendo muy vivo, muy poderoso. Es más burgués aún que Flaubert, pero es la burguesía en todo su esplendor, treinta años antes que la de Madame Bovary.


ALBERTO MORAVIA, El rey está desnudo, conversaciones con Vania Luksic, Plaza&Janés, Barcelona, 1982, traducción de Alberto Baró, págs. 133 y 134.

Giono sobre Balzac


No me gusta Balzac. Acaba de hacer cuarenta años que releo a Balzac cada año. Balzac empieza describiéndote Francia. En Francia, te describe una provincia, en una provincia te describe un valle, en el valle te describe un castillo, en el castillo te describe una escalera; la escalera llega a un descansillo, en el descansillo hay unas puertas; te describe las puertas, y luego te describe una habitación, y entramos en la habitación y se acaba la novela. Precisamente en ese momento es cuando suele empezar la novela de Stendhal.


JEAN GIONO, recogido por Julio Cerón en el artículo “El único valor estable, en su infinita mediocridad es Fernán Caballero, la Brahms de nuestra novela”, ABC, 21 de diciembre de 1991

Gombrowicz sobre Balzac


Detesto a Balzac. A sus obras y al hombre. ¡Todo lo que hay ahí está tal como no me gusta, como no quiero ni puedo soportar! ¡Está en demasiada contradicción consigo mismo y no sé por qué, pero esta contradicción es repugnante y estúpida! ¡Un sabio, pero qué bobo! Un artista, pero cuánto hay en él del pésimo gusto de la más desabrida de las épocas. Un gordinflón, pero conquistador, don Juan, mujeriego lúbrico. ¡Hombre eminente, pero de una vulgaridad pequeñoburguesa y de una insolencia de advenedizo! Realista y pobre soñador romántico... Todas estas antinomias, sin embargo, tal vez no deberían chocarme, al fin y al cabo conozco su papel en la vida y en el arte...; sí, lo que pasa es que en Balzac hasta la antinomia se vuelve gorda, repugnante, lúbrica, mugrienta y más que vulgar.

Detesto su Comedia Humana. Qué fácil es estropear la mejor de las sopas añadiendo una cucharadita de grasa rancia o una pizca de pasta de dientes. Basta con una gota de Balzac malo, pretencioso y melodramático para volver indigestos todos esos volúmenes y su entera personalidad. Dicen que es un genio, seamos pues indulgentes. Las mujeres que se acostaban con su genial gordura debieron saber algo de esta indulgencia, puesto que para meterse en la cama con el Genio tuvieron que vencer en ellas más de una aversión. Pero no estoy seguro de que ese cálculo valga la pena y de que esté conforme con la naturaleza. En el campo de las relaciones personales -y así son nuestras relaciones con los artistas-, un detalle tiene a menudo mayor importancia que toda una montaña de méritos merecedores de un monumento. Es más fácil llegar a odiar a alguien por hurgarse en la nariz que llegar a amarlo por haber creado una sinfonía. Porque el detalle es característico y determina a la persona en su dimensión cotidiana.


WITOLD GOMBROWICZ, Diario (1953-1969), Seix Barral, Barcelona, 2005, traducción de Bozena Zaboklicka y Francesc Miravitlles