Mostrando entradas con la etiqueta Stendhal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Stendhal. Mostrar todas las entradas

Stendhal sobre Goethe


Los alemanes no tienen más que un hombre, Schiller, y dos volúmenes que escoger entre los veinte tomos de Goethe. Se leerá la vida de este último por lo extremadamente ridículo que resulta un hombre que se cree lo bastante importante como para contarnos, en cuatro volúmenes en octavo, de qué manera se hacía arreglar el cabello a los veinte años y que tenía una tía abuela llamada Anichen.

Pero esto demuestra que en Alemania no se tiene sentido del ridículo; y cuando se carece de ese sentido y se pretende a toda costa hacer gala de ingenio, se está muy cerca de caer en aquello que uno no conoce. Y cuando a uno se le ocurre juzgar el ingenio de los demás y decidir, desde lo alto de su tribunal germánico, que Molière no hizo más que sátiras triviales, se está muy cerca de hacer reír a Europa a su costa.

En literatura, los alemanes no tienen más que pretensiones. Tampoco ellos llegarán a ser algo hasta después de alcanzar la libertad; pero sucede lo contrario que con los italianos: quieren llegar a ello con tanta ciencia que serán los últimos en conseguirlo.


STENDHAL, fragmento de Rome, Naples et Florence en 1817, incluido en Voyages en Italie, Editions Gallimard, 1973, traducción de ChatGPT + Maricrónica, págs. 117 y 118.

NOTA DE LA ADMINISTRACIÓN: El segundo párrafo no creo que se refiera a Goethe, que siempre consideró a Moliére uno de los mayores maestros, sino a August Wilhelm von Schlegel, que en "Lecciones sobre la poesía dramática", que impartió en Viena entre 1808 y 1811, tacha a Moliére de vulgar y de "robar" lo mejor de su obra a otros. 

Sender sobre Azorín, D'Ors y Leon

Trato de ir directamente a las cosas. Cada cosa, cada hecho, tiene su expresión, no otra. Cada hecho pasional, o sensual, o sentimental, o intelectual, tiene una manera directa y exclusiva y propia de ser dicho. Y el escritor sabe cuál es esa manera. No olvides que el mayor novelista del siglo pasado, que era Stendhal, cuando le hablaban del estilo soltaba a reír y decía: “¡Oh!, yo antes de escribir para ponerme a tono leo tres páginas del código civil”. Eso del estilo es sólo una preocupación de escritores menores. Se puede imitar el estilo de Azorín. Si quieres te puedo escribir una página de Azorín y te ibas a reír mucho, o de Eugenio d’Ors. O de Ricardo León. Pero ¿cómo imitas tú el estilo de Tolstoi o de Dostoyevski? En ellos y en Stendhal la memoria selectiva actúa mejor gracias a la gris neutralidad del medio.

RAMÓN J. SENDER, entrevistado por MARCELINO C. PEÑUELAS para Conversaciones con Ramón J. Sender , Magisterio Español, Madrid, 1969, pág. 226

Tabucchi sobre Stendhal

No me gusta demasiado Stendhal. Como ustedes saben, o se es flaubertiano o se es stendhaliano, y yo me sitúo sin ninguna duda entre los primeros. Stendhal es como Proust, tiene un ego tan hinchado que no me interesa. Hubiera sido incapaz de hablar de una pobre y mezquina mujer infeliz, como hizo Flaubert. Sobre todo sentía la necesidad de hablar de sí mismo, de Henri Beyle; basta ver la prosopopeya con la que trata del amor para darse cuenta. Se aprecia claramente la diferencia entre los dos autores comparando ese insoportable tratado que es Del amor con esa otra sublime disquisición sobre la bétise que es Bouvard y Pécuchet.

ANTONIO TABUCCHI, recogido por Carlos Gumpert en Conversaciones con Antonio Tabucchi, Anagrama, Barcelona, 1995, pág. 70

Giono sobre Balzac


No me gusta Balzac. Acaba de hacer cuarenta años que releo a Balzac cada año. Balzac empieza describiéndote Francia. En Francia, te describe una provincia, en una provincia te describe un valle, en el valle te describe un castillo, en el castillo te describe una escalera; la escalera llega a un descansillo, en el descansillo hay unas puertas; te describe las puertas, y luego te describe una habitación, y entramos en la habitación y se acaba la novela. Precisamente en ese momento es cuando suele empezar la novela de Stendhal.


JEAN GIONO, recogido por Julio Cerón en el artículo “El único valor estable, en su infinita mediocridad es Fernán Caballero, la Brahms de nuestra novela”, ABC, 21 de diciembre de 1991