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Borges sobre Joyce

Sobre el libro han escrito de un modo tan brillante tantos escritores. Yo quiero referirme a unos pocos. Primero me referiré a Montaigne, que dedica uno de sus ensayos al libro. En ese ensayo hay una frase memorable: "No hago nada sin alegría". Montaigne apunta a que el concepto de lectura obligatoria es un concepto falso. Dice que si él encuentra un pasaje difícil en un libro, lo deja; porque ve en la lectura una forma de felicidad. Recuerdo que hace muchos años se realizó una encuesta sobre qué es la pintura. Le preguntaron a mi hermana Norah y contestó que la pintura es el arte de dar alegría con formas y colores. Yo diría que la literatura es también una forma de la alegría. Si leemos algo con dificultad, el autor ha fracasado. Por eso considero que un escritor como Joyce ha fracasado esencialmente, porque su obra requiere un esfuerzo. Un libro no debe requerir un esfuerzo, la felicidad no debe requerir un esfuerzo. Pienso que Montaigne tiene razón. JORGE LUIS BORGES, conferencia sobre el libro dada en la universidad de Belgrano recogida en Borges, oral. Miscelánea, Random House Mondadori, Barcelona, 2011, pág. 204 y 205

Borges sobre el movimiento estridentista

Yo trato de evitar lo que se llama «el feísmo», que me parece horrible, ¿no? Pero ha habido tantos movimientos literarios con nombres horribles. Por ejemplo, en México hubo un movimiento literario apodado de un modo terrorífico: el estridentismo. Pero finalmente se calló la boca, que era lo mejor que podía hacer. Aspirar a ser estridente, qué incómodo ¿no? Era un amigo mío: Manuel Maples Arce, él dirigió ese movimiento contra un gran poeta: Ramón López Velarde. Él dirigió ese movimiento estridentista, y yo recuerdo el primer libro de él, que, desde luego, sin ningún asomo de belleza, se llamaba Andamios interiores, lo cual es muy incómodo, ¿no? (ríe), tener andamios interiores. Yo recuerdo un solo verso, que no estoy seguro de que sea un verso, y era éste: “Y en todos los periódicos se ha suicidado un tísico”, el único verso que recuerdo, y, quizá, ese olvido sea piadoso, ya que si ése era el mejor verso del libro, quizá no convenga esperar mucho de él. Y lo he visto muchos años después en el Japón –creo que fue embajador de México en el Japón– y eso lo hizo olvidar no la literatura, pero sí su literatura. Pero, ha quedado en las historias de la literatura –que recogen todo– como fundador del estridentismo (ríen ambos), una de las formas más incómodas de la literatura, querer ser estridente. JORGE LUIS BORGES / OSVALDO FERRARI, En diálogo I, SIGLO XXI Editores, México D. F., 2005, págs. 72 y 73

Borges sobre los vascos

¿Vasco? Yo no entiendo cómo alguien puede sentirse orgulloso de ser vasco... Los vascos me parecen más inservibles que los negros, y fíjese que los negros no han servido para otra cosa que para ser esclavos. Se habla de la voluntad vasca, de la terquedad vasca y, ¿para qué les ha servido?: nada más que para ser españoles y franceses. Por lo demás han producido unos pintores execrables y un escritor insoportable como Unamuno. Lo más que han producido son buenos pelotaris. Mire, yo tengo sangre vasca también, varios de mis apellidos delatan ese origen: Garay, Otarola; sin embargo pienso que los vascos no han hecho nada, nada, son sólo notables por ser uno de los países más estériles del mundo. Realmente no me explico por qué la gente tiene tanto orgullo de ser vasca. Ya le dije, yo también tengo esa sangre, pero cuando enumero mis orígenes soy muy cuidadoso en olvidarme de los vascos. Y ahora que recuerdo, esto lo dije en uno de mis cuentos: los vascos no han hecho otra cosa en la historia que ordeñar vacas, se han pasado los siglos ordeñando vacas. . . JORGE LUIS BORGES, recogido por Esteban Peicovich en El palabrista: Borges: Visto y oído, Marea Editorial, Buenos Aires, 2006

Varios sobre Lorca

Pocos meses más tarde, al fin, se publicó la primera edición completa de El Público, de Lorca, después de años de esperas y dilaciones. El texto, anticipado con cuentagotas tiempo atrás, no defraudaba; por el contrario, excedía todas las expectativas por su grandeza, audacia y profundidad. En veinte años se ha convertido en un clásico del teatro europeo, a la altura de los mejores logros de Beckett, Ionesco o Adamov. Que habiendo escrito esta obra, que yo creo que se halla terminada, no incompleta, como se ha venido diciendo, y el Llanto y Poeta en Nueva York haya quien discuta todavía el talento y la capacidad poética de Lorca, revela que la estupidez humana no encuentra freno ni obstáculo que la detenga. Hace años en Lisboa comí con un editor y crítico portugués, quienes se desataron furiosamente contra Pessoa con saña y rencor verdaderamente dignos de mejores causas. Citaban con mucho entusiasmo a un poeta de la tierra, que era el verdadero poeta portugués de este siglo. A Lorca hace años que lleva pasándole algo similar en España. Hay gente a la que le molesta, gente de la literatura, quiero decir. El asunto es viejo, pero sorprende la nómina, más o menos explícita, del antilorquismo militante. En la siniestra estela de Borges (“fue un andaluz profesional, que tuvo la suerte de que lo fusilaran”), han zaherido o infravalorado su figura y obra gentes como Carlos Barral, los hermanos Goytisolo, Luis Martín-Santos, Josep Maria Castellet, Gabriel Ferrater y Juan Luis Panero, entre otros. O les molesta el andalucismo, que no entienden, o les molesta la gloria, que, al parecer, les perjudica a ellos. La gloria de un asesinado, un hombre de treinta y ocho años, que será en todo caso la gloria de otros, no la de él, que se despidió del mundo en medio de un inmenso horror. La metonimia que designa a la obra por el escritor es uno de los grandes fraudes del lenguaje.

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MIGUEL GARCÍA-POSADA, Cuando el aire no es nuestro. Memorias II, Península, Barcelona, 2001, págs. 136 y 137

Crespo sobre Borges

Nada tan triste y negativo como la entrevista de Abel Posse con Jorge Luis Borges que publica El País del 26 de agosto. ¿Cómo es posible que se tenga por erudito a un escritor que no cita a otros autores españoles que los que pueden haber llegado a oídos de un estudiante francés o alemán de catorce años? Su visión de la literatura española no es simplemente negativa: es un producto de la falta absoluta de formación humanista, de una incultura radical que se disimula -y, por lo que se ve, con éxito- mediante un baño de esoterismo y un indudable ingenio literario. Por otra parte, resulta desvergonzado que niegue su fascismo y hasta se atreva a decir que fue a recibir una condecoración de manos de Pinochet porque se la concedía el pueblo chileno. ¿El pueblo chileno, víctima de la dictadura de ese mismo Pinochet? Lo que sucede es que a Borges, que tiene algo de cura y hetaira en su carácter, le gusta como a los clérigos y a las cortesanas, el poder. No hay más que leer, en Fervor de Buenos Aires, su poesía "Rosas", en la que trata con evidente simpatía la figura de aquel tirano. Con las palabras que Borges escribe se podría, de ser justas, justificar a cualquier dictador. Por si fuera poco, en la nota a esta poesía se declara unitarista, "un salvaje unitario", dice, y aclara que el fin de la composición es "la justificación de Rosas o de cualquier déspota disponible". Y, por si fuera poco lo lamentable de la entrevista, todavía le hace la rueda a la Academia Sueca, pues el carcamal no se resigna a no recibir el Nobel.

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ANGEL CRESPO, Los trabajos del espíritu, Seix Barral, Barcelona, 1999, págs. 332 y 333
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Borges sobre Sabato

Un bochornoso día de diciembre almorzábamos con Eduardo Falú, después de la grabación que había hecho de la Milonga del muerto. Borges nos habló de su reciente visita a los Estados Unidos y de una experiencia maravillosa que había tenido en California: un viaje en globo. "En un avión -explicó Borges- uno no tiene la sensación de volar. Los trayectos aéreos lindan con el tedio; no se sienten el mar ni las montañas. El globo, en cambio, nos depara la verdadera convicción del vuelo."

El maestro Falú, asombrado por la predisposición de Borges hacia la aventura, lo interrumpió para exclamar:

-¡Qué maravilla, Borges, es increíble que con más de ochenta años usted se anime a esas cosas! ¡Sábato seguramente no lo haría!

-Depende -contestó Borges-, si invitan fotógrafos, tal vez sí..

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ROBERTO ALIFANO, Borges: Biografía verbal, Plaza&Janés, Barcelona, 1988, págs. 203 y 204.

García-Posada sobre Borges

Borges ha hecho mucho daño a la crítica literaria en España. No se puede proclamar, entre ovaciones, que Manuel Machado es el primer poeta español de este siglo; no se puede decir, impunemente, lo que dijo de Lorca y su suerte de ser ejecutado; no se puede descalificar a Gracián con chistecitos líricos; no se puede entronizar a Rafael Cansinos Asséns como un genio con el solo fin de borrar en su nombre a casi todos los demás escritores españoles contemporáneos. Borges desdeñaba a la Celestina, Lope de Vega y Calderón. Veía la literatura española como fruto de la hipérbole o del "realismo chato"; Bécquer le parecía sólo "una réplica débil del primer Heine", pero Jaime Freyre y Lugones, por ser argentinos, eran para él poetas de entidad, no inferiores a Juan Ramón Jiménez y a los Machado. Su desdén por el género novelesco es hijo de su condición dieciochesca del cuento, y carece de fundamento: en nombre de Borges, la mayoría de la gran novela universal es una redundancia que se hubiera resuelto mejor en diez o doce relatos breves. En realidad, Borges estaba ebrio de sí mismo ("La avanzada edad me ha enseñado la resignación de ser Borges") y nutría un curioso resentimiento antiespañol que es común a otros escritores latinoamericanos.

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MIGUEL GARCÍA-POSADA, Cuando el aire no es nuestro, Península, Barcelona, 2001, pág. 164.

Aira sobre Cortázar

Cortázar es un caso especial para los argentinos, y no sólo para los argentinos, también para los latinoamericanos y quizás para los españoles, porque es el escritor de la iniciación, el de los adolescentes que se inician en la literatura y encuentran en él —y yo también lo encontré en su momento— el placer de la invención. Pero con el tiempo se me fue cayendo. Hay algunos cuentos que están bien. El de los cuentos es el mejor Cortázar. O sea, un mal Borges, o mediano. A propósito de una de las cosas más feas que hizo Cortázar en su vida, el prólogo para la edición de la Biblioteca Ayacucho de los cuentos de Felisberto Hernández, un prólogo paternalista, condescendiente, en el que prácticamente viene a decir que el mayor mérito del escritor uruguayo fue anunciarlo a él, cuando en verdad Felisberto es un escritor genial al que Cortázar no podría aspirar siquiera a lustrarle los zapatos. Sus cuentos son buenas artesanías, algunas extraordinariamente logradas, como Casa tomada, pero son cuentos que persiguen siempre el efecto inmediato. Y luego, el resto de la carrera literaria de Cortázar es auténticamente deplorable.

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CÉSAR AIRA, "El mejor Cortázar es un mal Borges", entrevista de CARLOS ALFIERI para el diario Clarín, 9 de octubre de 2004. Toda la entrevista AQUÍ

Arenas sobre García Márquez

Uno de los casos de injusticia intelectual más conocidos de este siglo fue el de Jorge Luis Borges, a quien sistemáticamente se le negó el Premio Nobel, sencillamente, por su actitud política. Borges es uno de los escritores latinoamericanos más importante; tal vez el más importante; sin embargo, el Premio Nobel se lo dieron a Gabriel García Márquez, pastiche de Faulkner, amigo personal de Castro y oportunista nato. Su obra, además de algunos méritos, está permeada por un populismo de baratija que no está a la altura de los grandes escritores que han muerto en el olvido o han sido postergados.

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REINALDO ARENAS, Antes que anochezca, RBA, 1994, Barcelona, pág. 322 y 323.

Sebreli sobre Borges

Borges no es reivindicable (...) no hay en él la menor contradicción entre sus ideas personales reaccionarias y una obra literaria cuyas constantes son la inexistencia de la historia, la insignificancia del hombre, la ilusión del tiempo lineal, la imposibilidad del pensamiento, el fatalismo irracional, la destrucción del lenguaje, la desigualdad de razas, la represión de la sexualidad, la exaltación de las glorias militares, la apología del Imperio Británico, la reducción del pensamiento filosófico a las ocurrencias de Macedonio Fernández, la denigración de toda experiencia colectiva.

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JUAN JOSÉ SEBRELI en Los dos Borges, de VOLODIA TEITELBOIM, Meran, Albacete, 2003, pág. 210
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Borges sobre Lowell

Me cuenta Borges que un poeta norteamericano, Robert Lowell, pagado por los Estados Unidos, está aquí, habla en favor de Fidel Castro y es un imbécil. Este Lowell dijo, delante de la madre de Borges: “¿Cuál es la mujer más linda de Buenos Aires? Para go to bed with her. ¿Cuál es el mejor poeta de Buenos Aires?”. BORGES: “No estoy acostumbrado a estas conversaciones de certámenes. No me interesan. No tiene sentido su pregunta. Como no tendría sentido preguntarle cuál es el mejor poeta norteamericano”. LOWELL: “Pero, my dear fellow, I know the answer: yo, por cierto”. BORGES: “Nadie estará de acuerdo con usted. Es la suya a minority of one”. Lowell le preguntó si creía que en Francia habría un poeta comparable con Góngora. Borges le contestó: “No. Porque ningún poeta es comparable con otro. Góngora es sólo comparable con Góngora. Y usted no puede apreciar a Góngora, porque sus virtudes son de estilo e idioma”. Lowell regaló a Borges un grabado; para colgarlo arrancó un lienzo de Norah, diciendo: “This is no good”. La madre lo miraba perpleja. BORGES: “No se puede decir a los dueños de una casa que algo que tienen es horrible... Si está ahí es porque alguien lo eligió”.

(...) Borges me dice: “No le tendrías lástima si conocieras a Lowell. Es un individuo insufrible”. Sin duda le tiene un poco de lástima. Para defenderse de la compasión, agrega: “Decía que Castro era a very interesting chap. Qué idiota”.

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ADOLFO BIOY CASARES, Borges, Destino, Barcelona, 2006, pág. 807 y 808

Vargas Llosa sobre García Márquez

 Con este telón de fondo quiero situar aquella respuesta mía en Nueva York, a la pregunta de un escritor sudafricano, en la que dije lamentar que García Márquez hubiera aceptado ser un “cortesano” de Fidel Castro. Hasta en tres ocasiones me conminó usted [Günter Grass] en Hamburgo a pedir disculpas por aquella frase, so pena -según los cables- de dejar de ser para usted “un interlocutor válido”. (Estas son las bravatas suyas a las que me referí al principio.)


No voy a retirar esa frase. Sé que ella es dura pero estoy convencido que expresa una verdad. Dije también algo igualmente severo, hace algunos años, cuando supe que Borges -un escritor al que tengo como uno de los más originales e inteligentes que haya producido nuestra lengua- había aceptado una condecoración del general Pinochet. Tener un gran talento literario no me parece un atenuante sino un agravante en estos casos. Simplemente no entiendo qué puede llevar a un escritor como García Márquez a conducirse como lo hace con el regimen cubano. Porque su adhesion va más allá de la solidaridad ideológica y asume a menudo las formas de la beatería religiosa o de la adulación. Que un escritor inciense como él lo hace al caudillo de un régimen que mantiene muchos presos políticos -entre ellos varios escritores-, que practica una estrictísima censura intelectual, no tolera la menor crítica y ha obligado a exiliarse a decenas de intelectuales, es algo que, como decimos en español, me hace sentir vergüenza ajena. Y también me alarma, pues poniendo su prestigio al servicio incondicional de Fidel Castro, García Marquez confunde a mucha gente en América Latina sobre la verdadera naturaleza de su régimen.


Probablemente admiro la obra literaria de García Marquez tanto como usted. Y, acaso, la conozco mejor, pues dediqué dos años a estudiarla y escribí sobre ella. Él y yo fuimos muy amigos; luego, nos distanciamos y las diferencias políticas han ido abriendo un abismo entre nosotros en todos estos años. Pero nada de eso me impide gozar con la buena prosa que escribe y con la imaginación fosforecente que despliega en sus historias. Porque reconozco en él un talento literario poco común, no puedo comprender que, tratándose de Cuba, haya renunciado a toda forma de discriminación moral y de independencia crítica asumiendo resueltamente un papel que me parece indigno de él: el de propagandista.


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MARIO VARGAS LLOSA, Carta a Günter Grass, Letras Libres, Vuelta 117, Agosto 1986. Toda la carta AQUÍ

Borges sobre Lorca

Federico García Lorca me parece un poeta de utilería. Ciertamente, la muerte lo favoreció. Creo que, en definitiva, sólo sirvió para que Machado escribiera un poema admirable. (pág. 79) Jamás me gustó Lorca. Vi "Yerma" y la encontré tan estúpida que me marché del teatro. No podía soportarlo. Lorca no era un pensador, pero creo que tenía un don para las palabras. Su mundo era un mundo prácticamente de palabras. Un mundo de metáforas chocantes. Charlé con él en Buenos Aires. Me pareció un hombre que actuaba, que representaba un papel. Yo he vivido en Andalucía y los andaluces no son nada así. Tal vez pensó que en Buenos Aires debía mantener ese personaje. Bueno, pues cuando yo conocí a Lorca, él era un andaluz profesional. Quería deslumbrarnos. Me dijo que estaba muy preocupado por un personaje muy importante del mundo contemporáneo. Un personaje en el que se podía leer toda la tragedia de los Estados Unidos. Siguió hablando de esa manera hasta que le pregunté cuál era ese personaje. Resultó ser Mickey Mouse. Supongo que intentaba hacerse el vivo. (págs. 152 y 153) JORGE LUIS BORGES, recogido por Esteban Peicovich en Borges, el palabrista, Libertarias/Prodhufi, Madrid, 1995

Borges sobre la literatura española

La Literatura española... Trataré de decirlo cortésmente: empieza espléndidamente con los Romances, que son realmente lindísimos. Luego vienen escritores admirables, como Fray Luis de León, que para mí sigue siendo el mejor poeta castellano. Y San Juan de la Cruz. Y así llegamos al Quijote, que creo que es un libro realmente inagotable, sobre todo la segunda parte. Pero después ocurre algo que ya se nota en dos hombres de genio, como lo son Quevedo y Góngora: todo se torna rígido. Uno tiene la impresión de que ya no hay caras, sino máscaras. La culminación de este fenómeno se da en Baltasar Gracián, donde no se siente ninguna pasión ni sensibilidad. Es un mero juego de formas, como el cubismo o la literatura de Joyce... Luego tenemos el siglo XVIII, muy pobre. Y el movimiento romántico, donde España sirve para inspirar a todo el mundo, menos a los españoles. Sólamente queda Bécquer: una réplica débil del primer Heine... Luego de este panorama general, ocurre un hecho que creo que no se debe ocultar: cuando todo se renueva, sobre todo por influencia de Francia (la obra de Hugo, de Verlaine, de Poe -Poe también nos llegaba de Francia, porque entonces Francia era la forma para que se pudieran comunicar dos países americanos-), esa renovación se hace desde este lado del Atlántico y no desde España. Si usted piensa en Rubén Darío, en Freire, en Lugones: son poetas no inferiores y ciertamente anteriores a los Machado y a Juan Ramón Jiménez. . . JORGE LUIS BORGES, recogido por Esteban Peicovich en Borges, el palabrista, Libertarias/Prodhufi, Madrid, 1995, págs. 107 y 108

Borges sobre Tolstói

Empecé a leer "Guerra y Paz" y de repente me di cuenta que los personajes no podían interesarme. También de Tolstoi he leído algunos cuentos... pero me veía a mí mismo haciendo un esfuerzo. Y no me gusta eso cuando leo. Es decir, si leo un libro de matemáticas, o psicología, o ciencia, entonces debe ser así, pero con una novela o un cuento no deseo esforzarme. Quiero divertirme. No veo la razón por la que un escritor de cuentos o de novelas deba causar ningún problema. Recuerdo que George Moore dijo que Tolstoi hizo la descripción de doce hombres de un jurado tan minuciosamente que, al llegar al cuarto, ya había olvidado todo sobre el primero. Y añadió que seguramente Tolstoi cuando escribía una novela, se despertaba por las noches y decía: "Bueno, todavía no he escrito nada sobre una carrera de caballos, ni hay la descripción de un baile, ni nadie que juegue a las cartas". Y eso no está bien, desde luego. Si tuviese que elegir entre la literatura inglesa o la literatura rusa, entre Dickens o Dostoyevsky, elegiría a Dickens. JORGE LUIS BORGES, recogido por Esteban Peicovich en Borges, el palabrista, Libertarias/Prodhufi, Madrid, 1995, págs. 167 y 168.

Borges sobre Nietzsche y Blake

Siento gran simpatía por Schopenhauer y por otros muchos escritores, pero en el caso de Nietzsche, siento que hay algo duro en él -y no diré fatuo-, quiero decir que como persona no tiene la menor modestia. Me ocurre lo mismo con Blake. No me gustan los escritores que hacen declaraciones definitivas continuamente. Claro, usted podría decirme que lo que estoy diciendo es también una declaración definitiva. En fin, uno ha de tener cuidado de cómo dice las cosas. JORGE LUIS BORGES, recogido por Esteban Peicovich en Borges, el palabrista, Libertarias/Prodhufi, Madrid, 1995, pág. 117.

Borges sobre Ortega y Gasset

El buen pensamiento de José Ortega y Gasset queda obstruido por sus laboriosas y adventicias metáforas. Ortega puede razonar, bien o mal, pero no imaginar. Debió contratar como amanuense a un buen hombre de letras, un "negro", para que escribiera sus libros. JORGE LUIS BORGES, recogido por Esteban Peicovich en Borges, el palabrista, Libertarias/Prodhufi, Madrid, 1995, pág. 191

Buñuel sobre Borges

Entre todos los ciegos del mundo, hay uno que no me agrada mucho, Jorge Luis Borges. Es un buen escritor, evidentemente, pero el mundo está lleno de buenos escritores. Además, yo no respeto a nadie porque sea buen escritor. Hacen falta otras cualidades. Y Jorge Luis Borges, con quien estuve dos o tres veces hace sesenta años, me parece bastante presuntuoso y adorador de sí mismo. En todas sus delaraciones percibo un algo de doctoral (sienta cátedra) y de exhibicionista. No me gusta el tono reaccionario de sus palabras, ni tampoco su desprecio a España. Buen conversador como muchos ciegos, el premio Nobel retorna siempre como una obsesión en sus respuestas a los periodistas. Está completamente claro que sueña con él. Yo sitúo frente a la suya la actitud de Jean-Paul Sartre, que, cuando la Academia sueca le otorgó el galardón, rechazó el título y el dinero. Cuando, leyendo un periódico, tuve un conocimiento de este gesto, envié inmediatamente un telegrama a Sartre, con mi felicitación. Me sentía muy impresionado. . . LUIS BUÑUEL, Mi último suspiro, Mondadori, Barcelona, 1982, pág. 260. Traducción de Ana Mª de la Fuente

Borges sobre Baroja

El escritor, según él y según sus críticos, no se puede leer. Es inútil. Uno lee y lee un libro así y no saca nada. Más aceite da un ladrillo. Baroja es la decadencia de Montaigne. O de Whitman. El libro se basa en la suposición de que todo lo que le pasa a un hombre es encantador. Pero Montaigne, o Whitman, o Bloy, están más estilizados. [...] Baroja está como un objeto. Sí, como un asado en un asador. Y no creas que tiene rigor para pensar. Dice que la vida de un carpintero puede ser más interesante que la de un militar, escrita (esta última) con una retórica manida. Lo de la retórica manida es inútil; está de más; perjudica su argumento. Si quiere decir que la vida más simple puede ser más interesante que la más compleja, no debe agregar lo de la retórica manida; yo creo que él quiere decir que a veces, y escritas de igual modo, la más simple puede ser la más interesante. ¿O quiere decir que la vida militar sólo puede escribirse con una retórica manida? ¿Por qué? La vida de Lawrence, en Los siete pilares de la sabiduría, está escrita con retórica, pero no manida. Se ve que ha leído muy poco. Todo el tiempo uno cree que la frase lo va a llevar a determinada cita, a determinado verso o párrafo; uno los espera, Baroja pasa muy cerca, pero pasa de largo". JORGE LUIS BORGES, recogido por Adolfo Bioy Casares en Borges, Destino, Barcelona, 2006, pág. 667

Borges sobre Pound

Para elogiarlo se contradice una afirmación de Stevenson. Yeats, Joyce, Eliot lo juzgan el mejor poeta, il miglior fabbro; pero nadie lo lee. Lo ponderan porque no condesciende a temas que interesan al lector, a situaciones en que el lector puede hallarse; no produce catarsis ni nada. Qué diferencia con Stevenson, que decía que "el encanto no es muy importante, pero sin él ninguna otra virtud vale". A Pound le atribuyen todas las virtudes. No creo que las tenga. JORGE LUIS BORGES, recogido por Adolfo Bioy Casares en Borges, Destino, Barcelona, 2006, pág. 1079