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Dalton sobre Borges


DE UN REVOLUCIONARIO A J. L. BORGES

Es que para nuestro Código de Honor,
usted también, señor, fue de los tantos lúcidos que agotaron la infamia.
Y en nuestro Código de Honor
el decir: «¡qué escritor!»
es bien pobre atenuante;
es, quizás,
otra infamia...


ROQUE DALTON, Antología, Editorial Txalaparta, 1995, págs. 138 y 140.

Borges sobre Dostoyevski


JUAN JOSÉ SAER: ¿Y de Dostoievsky, Borges? ¿Cuál es la imagen que usted tiene?
BORGES: Yo lo creí alguna vez el único. Y releí muchas veces Crimen y castigo y Los poseídos. Luego, en medio de mi entusiasmo, comprendí que me costaba mucho distinguir un personaje de otro. Que todos se parecían bastante a Dostoievsky y que eran personas que parecían gozar en la desventura ¿no?, y eso me desagrada. Entonces dejé de leerlo y no me sentí desmejorado por esa ausencia.


JORGE LUIS BORGES, fragmento de "Jorge Luis Borges y Juan José Saer: El patetismo de la novela", conversación mantenida el 15 de junio de 1968 en Santa Fe, recogido por Pilar Bravo & Mario Paoletti en Borges verbal, 1999, Emecé Editores.

Borges sobre Baroja


Pío Baroja es un viejo y tenaz enemigo de América. Dispersos en su vasta obra hay más de cuatro conceptos hirientes, injustos y agresivos contra los americanos, y esto, aunque parezca o pueda parecer paradójico, es un motivo bastante serio para que la crítica de cualquiera de los países de América arroje de cuando en cuando una mirada sobre los libros de Baroja.

Amigos y enemigos, son en realidad, nuestro pro y nuestro contra, pero ambos nuestros. El indiferente está más lejos de nosotros que el enemigo. A este pequeño condimento que puede atraer nuestra atención hacia Baroja, se une en su última novela Los visionarios, el interés de un tema de actualidad palpitante en todo el mundo-, la cuestión agraria y campesina. Baroja la observa y analiza, adelantemos que muy mal, y hasta grotescamente, en los campos de Andalucía. ¿Está capacitado Pío Baroja para interpretar y comprender semejante hecho en el terreno de la realidad española o en el de cualquier otro país? Después de haber leído Los visionarios no es necesario vacilar mucho para responder con una negación rotunda. Pero en rigor, tratándose de un novelista y no de un economista, podría pasarse por alto su incomprensión de la realidad y las proyecciones del fenómeno social, siempre que al menos nos diera de él una visión viviente, rica de sugerencias, animada. Por el contrario, la visión que nos da Baroja del movimiento social en Andalucía es, o boba o siniestra. Los dirigentes obreros que desfilan por las páginas de Los visionarios (que desfilan en toda la acepción de la palabra, pues no hacen más que pasar por allí), cuando no son bandidos reales y verdaderos lo parecen de un modo enteramente sospechoso. Dado el terreno sobre el que se desliza la novela, pudo tener una vitalidad intensísima. Pero Baroja está ya, por lo visto, demasiado viejo. Todos sus defectos se han centuplicado con los años. Su estilo es de tal manera seco, árido y desagradable, que se creería estar leyendo, no una novela, sino un informe comercial. Los tres protagonistas, si se puede hablar de protagonistas, en algo que carece totalmente de trama, se trasladan monótonamente de un punto a otro de Andalucía, y en cada uno de los pueblos de tránsito, solicitan y reciben, acerca de la localidad, escrupulosos informes, pedidos y satisfechos con una minuciosidad de notario. En los momentos (escasos) en que no requieren o reciben informes, Fermín, Anita y Michel, conversan de cosas desprovistas de interés. Y como al fin Baroja sospecha que todos deben estar ya muy aburridos de tan simpáticos amigos, nos obsequia con un cuento final, acerca de unas pobres señoritas pueblerinas arruinadas por la revolución, y que para colmo de males se ven víctimas de los ataques desatados contra ellas por un pícaro salido de su propia familia. (Este pícaro, naturalmente, es comunista.) Se nos olvidaba agregar que al comienzo, en el libro I, asistimos a una conversación en la antesala de un enfermo, entre varios aristócratas y su médico, en la que se habla de los ex reyes de España, así como también de algunos otros pequeños episodios semejantes. Ninguno de los personajes vuelve a figurar ni desempeña el más mínimo papel en los seis libros restantes de la obra. Y ¿a qué seguir? Con lo poco que llevamos dicho basta para comprender que no solamente entre nosotros se escriben libros a base exclusiva de palabras, aunque no haya nada que decir con ellas. 

Revista Multicolor de los Sábados, N° 10, 11 De Octubre De 1933


JORGE LUIS BORGES, Obras, Reseñas y Traducciones Inéditas, Atlántida, Buenos Aires, 1999, edición de Irma Zangara, págs. 126 y 127.

NOTA: Uno de esos "más de cuatro conceptos hirientes, injustos y agresivos contra los americanos"  de que habla Borges se puede leer en el siguiente fragmento barojiano de Juventud, egolatría (AQUÍ)

Borges sobre Breton y Trotski


*NOTA DE LA ADMINISTRACIÓN: Aunque Borges cita a André Breton y a Diego Rivera, el manifiesto al que se refiere fue redactado por André Breton y Leon Trotski. Por razones tácticas, Trotski pidió que la firma de Diego Rivera sustituyera a la suya.

Hace veinte años pululaban los manifiestos. Esos autoritarios documentos renovaban el arte, abolían la puntuación, evitaban la ortografía y a menudo lograban el solecismo. Si eran obra de literatos, les complacía calumniar la rima y exculpar la metáfora; si de pintores, vindicar (o injuriar) los colores puros; si de músicos, adular la cacofonía; si de arquitectos, preferir un sobrio gasómetro a la excesiva catedral de Milán. Todo, sin embargo, tiene su hora. Esos papeles charlatanes (de los que poseí una colección que he donado a la quema) han sido superados por la hoja que André Bretón y Diego Rivera acaban de emitir.

Esa hoja se titula con terquedad: Por un arte revolucionario independiente. Manifiesto de Diego Rivera y André Bretón por la liberación definitiva del Arte. El texto es aún más efusivo y más tartamudo. Consta de unas tres mil palabras que dicen exactamente dos cosas (que son incompatibles). La primera, digna del capitán La Palice o del axiomático Perogrullo, es que el arte debe ser libre y que en Rusia no lo es. Anota Rivera-Bretón: «Bajo la influencia del régimen totalitario de la U.R.S.S. se ha extendido por el mundo entero un profundo crepúsculo hostil al surgimiento de toda especie de valor espiritual. Crepúsculo de lodo y de sangre en el cual, disfrazados de intelectuales y de artistas, engañan hombres que han hecho del servilismo un recurso, del reniego de sus principios un juego perverso, del falso testimonio venal un hábito y de la apología del crimen un gozo. El arte oficial de la época stalinista refleja sus esfuerzos irrisorios para engañar y enmascarar su verdadero papel mercenario... A los que nos apremian, ya sea por hoy o por mañana, a consentir que el arte se someta a una disciplina que juzgamos radicalmente incompatible con sus medios, oponemos una negativa sin apelación y nuestra voluntad deliberada de atenernos a la fórmula: Toda licencia en arte». ¿Qué conclusión podemos derivar de lo anterior? Juzgo que ésta, y sólo ésta: El marxismo (como el luteranismo, como la luna, como un caballo, como un verso de Shakespeare) puede ser un estímulo para el arte, pero es absurdo decretar que sea el único. Es absurdo que el arte sea un departamento de la política. Sin embargo, eso precisamente es lo que reclama este manifiesto increíble. André Bretón, apenas estampada la fórmula «Toda licencia en arte», se arrepiente de su temeridad y dedica dos páginas fugitivas a renegar de ese dictamen precipitado. Rechaza el «indiferentismo político», denuncia el arte puro «que de ordinario sirve los fines más impuros de la reacción» y proclama «que la tarea suprema del arte contemporáneo es participar consciente y activamente en la preparación de la revolución». Acto continuo propone «la organización de modestos congresos locales e internacionales». Deseoso de agotar los deleites de la prosa rimada, anuncia que «en la etapa siguiente se reunirá un congreso mundial que consagrará oficialmente la fundación de la Federación Internacional del Arte Revolucionario Independiente (F.I.A.R.I.)».

¡Pobre arte independiente el que premeditan, subordinado a pedanterías de comité y a cinco mayúsculas!


JORGE LUIS BORGES, Un caudaloso manifiesto de Breton, El Hogar, 2 de diciembre de 1938, recogido por Klaus Müller-Bergh y Gilberto Mendonça Teles en Vanguardia Latinoamericana, Tomo V, Iberoamericana, Madrid, 2009, págs. 197 y 198.

Borges sobre Neruda


Miércoles, 5 de junio de 1963. […] BORGES: “¿No habrá franceses que escriban poemas tan insensatos como los de Neruda? ¿Vos creés que allá también habrá santones, como acá? Qué absurda la idea de Heredia, de suponer que de toda la Historia sólo quedarían cuadritos. Ese poema grotesco de Rimbaud sobre el cura, ¿no está bien? (Pausa) Aunque no está muy bien... En cuanto a Baudelaire, todo es tan feo y tan lujoso... Wilde, que no era buen poeta, hacía lo mismo, pero un poco en broma. Poe, que tampoco era buen poeta, se le parecía mucho. Bueno, tal vez Poe sea un poco mejor”. BIOY: “No creo. Todo es demasiado fabricado”.

Leemos a Apollinaire. BORGES: “Es muy casual. Llevado por la rima puede tomar para cualquier rumbo. En sus mejores momentos está muy bien: en "La jolie rousse", en "Cors de chasse" hay versos que uno quisiera repetir. En Neruda no hay versos que uno quisiera repetir. Además, si uno lee a Apollinaire, tiene la impresión de que, por momentos al menos, siente lo que dice y lo dice porque quiere. Neruda no ha de recordar sus propios poemas. Nadie puede recordarlos, y si alguien se los leyera y salteara un verso, Neruda no se daría cuenta... Apollinaire puede ser sentimental. Los franceses no temen ser sentimentales, y lo hacen bien. Escribe sus versos con un poco de descuido, por momentos como si no le importaran mucho. Eso está bien. Los argentinos (y sudamericanos) que lo imitan son más secos: los poemas les resultan muertos. Apollinaire es un poeta que uno puede admirar, pero no respetar mucho”. BIOY: “Y hasta querer un poco”. BORGES: “Neruda cambia de estilo y de tono en un poema, sin darse cuenta. Es un bruto. Empieza bien el poema sobre Walt Whitman porque sin duda le quedó en el oído el ritmo de versos de Whitman que estaría leyendo, pero después llega al disparate y de pronto se le llena de negros el poema, que se convierte en otro: en un poema contra los Estados Unidos. Es un discípulo de Lorca, mucho peor que Lorca. El mejor Lorca es el que escribe poemas andaluces y gitanos. Cuando creyó que podía escribir de todo, cuando escribió los versos libres de Poeta en Nueva York, escribió poemas horribles. Estos poetas, en cierto modo, son muy hábiles. No se les puede acusar de insensatos, porque están jugando a ser insensatos. De todos modos, una barba con mariposas o una barba marinera son ridiculeces bastante feas”. BIOY: “Neruda gusta porque a veces es cursi sin asco. Gusta a gente a quien gusta Pedro Miguel (que es mucho mejor), pero que sabe que Pedro Miguel está desacreditado. Aquí pueden abandonarse al placer de la cursilería, porque viene entre modernidades feas y concretas, que les garante que el poeta no es cursi, sino moderno”. BORGES: “Pero, ¿cómo les gusta? Esa gente ¿nunca leyó un buen poema de Bécquer? ¿Ignora el placer que da un buen poema? Yo creo que Neruda está por debajo de Molinari. Siquiera Molinari es un poco misterioso”. BIOY: “Octavio Paz, con dolor en el alma, condenaba en Neruda al hombre y admiraba al poeta. Estaba muy apenado”.

Leemos poemas de Neruda y de Paz. Los de Paz, no libres de fealdades y estupideces, parecen mejores. BORGES: “En la "Oda a Lorca", Neruda hacia el final habla de su melancolía de hombre varonil. Está escribiendo sobre un manflora y que no vayan a confundirlo: qué miseria. Incomparablemente mejor es el poema de Machado sobre la muerte de Lorca: tiene inspiración. Yo le decía a Amorim que el poema de Martínez Estrada sobre Whitman era mejor que el de Neruda. "¿Cómo vas a comparar —me preguntaba— a ese viejo confuso con un gran poeta?" Yo le decía: "Olvidate de Martínez Estrada, olvidate de Neruda: leé los poemas, compará los poemas". El pobre Amorim no tuvo suerte. Era muy cordial, muy amigo de todos, pero no creo que Neruda ni nadie lo recuerde...”.


ADOLFO BIOY CASARES, Borges, Destino, Barcelona, 2006, págs. 893-895.

Borges sobre Neruda


JORGE LUIS BORGES: Pienso que Neruda es un buen poeta, un poeta muy bueno. No le admiro como hombre, me parece un hombre mezquino.

RICHARD BURGIN: ¿Por qué dice eso?
JORGE LUIS BORGES: Bueno, escribió un libro -tal vez yo esté siendo político ahora-, escribió un libro sobre los tiranos de Sudamérica, y dedicó varias estrofas a los Estados Unidos. Pero él sabía que todo eso es mentira. Y ni siquiera dijo una palabra contra Perón. Porque él tenía un pleito en Buenos Aires, eso lo he sabido después, y no quería arriesgar nada. Y así, mientras que se suponía que estaba escribiendo en el colmo de la indignación, lleno de noble decir, no dedicó ni un solo apelativo a Perón. Y él estaba casado con una mujer argentina, sabía muy bien que muchos de sus amigos estaban en la cárcel. Sabía todo lo que estaba ocurriendo en nuestro país y sin embargo no abrió la boca ni una sola vez. Al mismo tiempo habla contra los Estados Unidos, sabiendo que todo lo que decía era mentira, ¿no? Pero, claro, eso no tiene que ver con la calidad de su poesía. Neruda es un buen poeta, un gran poeta. Y cuando aquel hombre (Miguel Ángel Asturias) ganó el Premio Nobel, yo dije que se lo deberían haber dado a Neruda....


JORGE LUIS BORGES, entrevistado por RICHARD BURGIN y recogido en Conversaciones con Jorge Luis Borges, Taurus Ediciones, Madrid, 1974.


Borges sobre Arlt


Lunes, 10 de diciembre de 1956. Come en casa Borges. Habla de Roberto Arlt. "Era muy ingenuo. Se dejaba engañar por cualquier plan para ganar mucha plata, por descabellado que fuera, a condición de que hubiera en él algo deshonesto. Por ejemplo, se interesó mucho en el proyecto de instalar una feria para rematar caballos, en Avellaneda. El verdadero negocio consistiría en que clandestinamente cortarían las colas de los caballos, venderían la cerda y ganarían millones. Un negocio adicional: con las costras de las mataduras del lomo fabricarían un insecticida infalible.

Era comunista: se entusiasmó con la idea de organizar una gran cadena nacional de prostíbulos, que costearían la revolución social. Era un malevo desagradable, extraordinariamente inculto. Hablábamos una noche con Ricardo Güiraldes y con Evar Méndez de un posible título para una revista. Arlt, con su voz tosca y extranjera, preguntó: "¿Por qué no le ponen El Cocodrilo? Ja, ja". Era un imbécil.

En Crítica estuvo dos días y lo echaron porque no servía para nada. No sabía hacer absolutamente nada. Me explicaron que solo en El Mundo supieron aprovecharlo. Le encargaban cualquier cosa y después daban las páginas a otro para que las reescribiera. Dicen que reuniendo sus aguafuertes porteñas, que son trescientas y pico, podría hacerse un libro extraordinario. Imagínate lo que será eso. Las escribía todos los días, sobre lo primero que se le presentaba. Menos mal que algún otro las reescribió.

Me aseguran que después se cultivó y leyó a Faulkner, y que eso lo demostró en un artículo de dos páginas, algo magnífico, en que estaba todo: "Sobre la crisis de la novela". Qué título. Ya te podés imaginar la idiotez que sería eso. Lo que pasa, según Arlt, es que la gente no comprende lo que es la novela, por eso hay crisis de novelas. En la novela cada personaje debe tener un destino claro, como el destino del tigre es matar. ¿Te das cuenta? Tiene que valerse de un animal para significar la sencillez del destino. Más que personajes describiría muñecos".


JORGE LUIS BORGES, recogido por Adolfo Bioy Casares en Borges, Destino, Barcelona, 2006, pág. 249.

Kodama sobre Bioy Casares


HERNÁN IGLESIAS ILLA: Hablando de polémico. Sé que a usted esto no le gustó, pero el "Borges" de Bioy es bastante polémico.
MARIA KODAMA: Eso no es polémico. Eso es traición. Borges me definió a Bioy una vez con una palabra: "Cobarde". Ésa era la palabra con la que lo definía.

HERNÁN IGLESIAS ILLA: ¿En general o por algo específico?
MARIA KODAMA: En general, por cosas que hizo Bioy en su vida y él se daba cuenta de que era un cobarde, algo que, por otra parte, era lo que Borges más despreciaba. Además, si vos mirás las entrevistas de Borges, sólo elogia dos cuentos de Bioy, y esos cuentos fueron recontracorregidos por Borges.

Eso Bioy no se lo perdonó nunca. Bioy es el Salieri de Borges. La verdad es la verdad y las cosas como son. Yo te pregunto: ese hombre escribe un libro en el que inventa, distorsiona lo que vos decís o pone en tu boca lo que él no tiene el coraje de decir. Y lo publica después de que vos morís y él también muere (que ya es una cobardía, porque no quiere hacerse cargo). En el otro mundo se encuentran, ¿vos creés que ese hombre es amigo tuyo? Como hombre te pregunto.

HERNÁN IGLESIAS ILLA: En esas condiciones, no.
MARIA KODAMA: Son las condiciones en que fueron hechas, según el propio Bioy escribe. Además, ¿qué amigo espera que vos te vayas para contar conversaciones privadas? Porque una cosa es si nosotros tenemos un amigo en común y te digo "Che, qué estúpido que es Fulano". Pero vos, por el tono de voz y los años de conocimiento que tenemos, te das cuenta de que por ahí lo digo en broma o estoy en un momento malo. Pero si vos lo escribís, negro sobre blanco, sin todo el entorno de lo que significó en ese momento, es brutal. Y si sos una persona sensible y correcta y ética, no lo hacés. Si vos sos un hombre ético, correcto y normal, no escribís una autobiografía en la que ponés nombre y apellido de todas las mujeres que fueron tus amantes, muchas de ellas casadas, arruinando matrimonios, incluyendo la seducción de la propia sobrina de tu mujer. ¿Eso es un hombre? Eso es un desecho humano para mí.

HERNÁN IGLESIAS ILLA: ¿Le molesta que el libro de Bioy no haya sido percibido así?
MARIA KODAMA: A mí lo que me da muchísima curiosidad... Me gustaría hacer una reunión con la gente que ha inventado todo en los diarios. No como una forma de agresión, sino para entender, porque a mí me gusta entender las cosas. ¿Por qué esta agresión de 26 años movida por seis personas a las que la prensa les presta atención colocando cosas que demuestran el racismo, como por ejemplo mencionando "la piel amarilla". ¿No sería mucho más sencillo que reconocieran que son racistas? 


MARÍA KODAMA, entrevistada por Hernán Iglesias Illa, "Maria Kodama: Bioy es el Salieri de Borges, que lo consideraba un cobarde", La Nación, 10 de octubre de 2012. 

Bolaño sobre Cela y Umbral


Consejos sobre el arte de escribir cuentos

Como ya tengo cuarentaicuatro años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos. 1) Nunca aborde los cuentos de uno en uno. Si uno aborda los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte. 2) Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, de cinco en cinco. Si se ve con energía suficiente, escríbalos de nueve en nueve o de quince en quince. 3) Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, y además lleva en su interior el juego más bien pegajoso de los espejos amantes: una doble imagen que produce melancolía. 4) Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo y a Monterroso. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y Umbral. 5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura. 6) Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así. 7) Los cuentistas suelen jactarse de haberse leído a Petrus Borel. Gran error: ¡deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval! 8) Lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges. 9) La verdad de la verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra. 10) Piensen en el punto número nueve. Piensen y reflexionen. Aún están a tiempo. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas. 11) Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, el Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas, y Mientras ellas duermen, de Javier Marías. 12) Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.


ROBERTO BOLAÑO, Entre paréntesis, Anagrama, Barcelona, 2004, págs. 324-325.


Cela sobre Borges


Hay un nombre, Borges. Sí, escribe sobre literatura. Borges, para mí, no tiene la estimación que tiene para los demás. Ahora, estoy dispuesto a admitir que sea la excepción. No creo, en absoluto, que lo que lee el escritor llegue a formar parte de su propia vida y que sustituya en cierto modo a las experiencias. No. Lo que sucede es que eso, si se suma a una serie de características personales, produce un objeto muy adecuado para la sociedad de consumo, y entonces, qué sé yo, el instinto maternal de todas las histéricas del mundo se vuelca sobre un “sieguesito”, “pobresito”, “ansianito”. Eso gusta mucho.


CAMILO JOSÉ CELA, recogido en Lo que dijo en TVE Cela, Centro de Documentación de RTVE, Servicio de Publicaciones de RTVE, Madrid, 1989, pág. 76.

Fernando Vallejo sobre García Márquez, Mujica Lainez, Cortázar y Borges


ALBERTO GONZÁLEZ TORO: ¿Cuál es su opinión sobre su compatriota Gabriel García Márquez? 
FERNANDO VALLEJO: El personaje me interesa muy poco; me parece más bien un cortesano del tirano de Cuba. Es una vileza alcahuetear semejante monstruosidad. Esta es mi opinión sobre García Márquez persona.

AGT: ¿Y como escritor?
FV: Es un escritor que escribe novelas en tercera persona, con las que ya me peleé. Yo no he escrito ninguna novela en tercera persona, todas son en primera persona. La tercera persona me parece un camino trillado en la literatura, no va para ningún lado. Por lo demás, García Márquez es un escritor correcto que conoce en cierta forma el oficio. No tanto, por supuesto, como tu paisano Manuel Mujica Lainez, o como el español Azorín. De Mujica Lainez te puedo decir que es el prosista más grande del idioma español, con lo cual no te estoy diciendo que es el más grande escritor. Porque una cosa es ser un gran prosista y otra ser un gran escritor. Pero nadie, en los mil años de la lengua española, ha escrito un español con tal riqueza sintáctica y lexicográfica como él, con su ritmo y sonoridad. Es el gran prosista del idioma.

AGT: Lástima que esté un poco olvidado.
FV: Sí, es cierto, porque el que han endiosado los jóvenes argentinos es Julio Cortázar.

AGT: ¿No le gusta Cortázar?
FV: No lo conozco. Lo he ojeado y me da la impresión de que no sabía escribir. No sabía justamente el idioma literario, escribía pobremente. Y los jóvenes hacen este cálculo: si este escritor tan malo es nuestro gran escritor, entonces por qué yo no puedo ser igual a él.

AGT: ¿Y Borges?
FV: El Aleph es un relato muy hermoso, logrado, espléndido. Ya sólo con eso bastaría para que su nombre quede en la literatura. Pero no pienso que sea tan grande como se dice. Lo han hecho tan grande porque desde el mundo anglosajón y francés lo pueden entender muy fácil: no es un escritor muy propio de la lengua española. El español no era tan importante en su literatura. Por lo demás, usa las palabras impropiamente, y además es afectado. Tiene afectaciones feas.


FERNANDO VALLEJO, Fernando Vallejo contra el mundo, entrevista de Alberto González Toro para la Revista Ñ, 5 de julio de 2008. 

Borges sobre Góngora


Sábado, 27 de febrero de 1982. Comen en casa Borges y Paz Leston. BORGES: "Estuve leyendo las Soledades y el Polifemo: son activamente feos. Leí todo Polifemo: es horrible. Góngora, en Polifemo, se especializa en la fealdad vistosa. Le gustan palabras como corcho, escamas, chupar, vomitar, nácar y perlas. Le gusta un sistema de balanzas con platillos que se estabilizan, bajan o suben: si dice que algo es noble, otro es humilde, esto blanco, esto negro, todo articulado por palabras como aunque, no tanto, sin embargo, no menos. Esto es un error: como la literatura es una máquina, debe ser clandestina, un poco misteriosa. El de Góngora es un mundo de mecanismos verbales. No imagina lo que dice y es esencialmente grosero: escribir que el agua del Nilo vomita riquezas es una grosería y una estupidez. ¿Cómo no advierte que ese verbo no le conviene? Quería usar palabras latinas, y eso le bastaba. La idea que tenía del ingenio era bastante rara. Cualquier oposición, negro-blanco, muerte-vida, lo atraía y le parecía ingeniosa. Dámaso Alonso ha prosificado Las soledades, es decir ha quebrado los hiperbata y ha restituido la sintaxis, sin advertir que dejaba en descubierto la pobreza mental de Góngora"


JORGE LUIS BORGES, recogido por Adolfo Bioy Casares en Borges, Destino, Barcelona, 2006, págs. 1567 y 1568.

Luis Goytisolo sobre García Márquez


Martes, 28 de septiembre. Contrariamente a lo que sucede en Estados Unidos, en Hispanoamérica no se da una narrativa de verdadera entidad hasta bien entrado el siglo XX. Hacia mediados de ese siglo, nombres como el de Borges o Rulfo se convirtieron en imprescindibles. En su tiempo, sin embargo, se vieron eclipsados por el de García Márquez, cuya novela Cien años de soledad se convirtió en estandarte mismo del realismo mágico. El éxito de esta novela fue verdaderamente espectacular, favorecido sin duda por diversos acontecimientos políticos y cambios sociológicos como pudieran ser los procesos de descolonización, la revolución cubana o el espíritu de mayo del 68. Si desde entonces los planteamientos del realismo mágico sencillamente se han extinguido, el paso del tiempo y la publicación de otras obras del mismo autor no han dejado de hacer sentir su peso sobre la imagen de Cien años de soledad. Y ello pese a que aún abundan quienes consideran pulp fiction sus últimas novelas pero alaban las primeras, sin caer en la cuenta de que nada hay en su obra reciente que no se diera ya en Cien años de soledad o Crónica de una muerte anunciada. Lo cierto es que aspectos o rasgos antes celebrados han terminado por convertirse en reproches, empezando por el primer párrafo de su novela más famosa, ya que si el autor hubiese aclarado que el coronel Aureliano Buendía estuvo a punto de ser fusilado pero no fue fusilado, el suspense que se busca se hubiera esfumado. A decir verdad, en ninguna novela que se precie hay lugar para esta clase de recursos. Por otra parte, a la luz de sus obras posteriores, el monótono olimpo del autor no hace más que saturarse de deidades fabricadas en serie, réplicas las unas de las otras. El coronel es el general a la vez que el patriarca, las jóvenes generaciones son siempre irresponsables e impredecibles, y los niños, simples objetos de culto. Las mujeres merecen capítulo aparte: o son longevas diosas del hogar que en su adolescencia tuvieron un breve momento de intensa lascivia, o son su negación. Mujeres que alternan su habitual estado de lascivia –que el autor cree permanentemente en las prostitutas– con el de ocurrentes amas de casa. Todo ello narrado con una total ausencia de composición general. Los capítulos se suceden por acumulación, y en cada uno de ellos reaparecen prácticamente todos los personajes, que seguirán o no adelante como en una incierta carrera de caracoles. Semejante invertebración permitiría que cualquiera de sus novelas pudiera tener perfectamente unos cientos de páginas más o menos sin que el resultado final se viese sustancialmente alterado. De ahí, tal vez, su reacción –que se cuenta en Cómo contar un cuento– al saber que le habían dado el Nobel: “¡Se lo han creído!”, parece que exclamó. Nada que ver con Rulfo, cuya obra es puro hueso, limpio de adherencias que se corrompan, huesos mondos y lirondos como el de esos esqueletos que afloran en algunas celebraciones mejicanas. Ni con Borges, al que le bastan dos o tres páginas donde otros precisarían doscientas o trescientas. Lo único que sorprende en Borges es que sus referentes contemporáneos fuesen novelistas como Chesterton o Wells. Y que sintiese tanto entusiasmo por Martín Fierro. Pero lo mismo Borges que Rulfo sabían de sobra que la magia que cuenta no es la que se da en los acontecimientos relatados –prodigios– sino en el modo de contarlos, en las palabras utilizadas.


LUIS GOYTISOLO, Diario de 360º, Siruela, Madrid, 2010, págs. 142 y 143.

Onetti sobre Borges


CARLOS ALBERTO MONTANER: En su conferencia usted se refirió a Borges en términos condenatorios. ¿Siente una especial animadversión contra Borges?
JUAN CARLOS ONETTI: No, es solo por la posición política de Borges. Es la cosa más absurda que he visto. Contra los negros norteamericanos. ¡Las cosas que me ha contado a mí! ¡Demenciales! Recuerdo que en tiempos de Perón, a la caída de Perón, las contaba. ¡La cosa más absurda! Todo lo veía desde el punto de vista doméstico. Que la sirvienta se le había ido para trabajar en un club peronista, donde le pagaban menos de lo que su madre le pagaba, y ya no se podía vivir. ¡Tonterías! Algo increíble. Me acuerdo que iba a terminar la entrevista, yo me iba porque aquello no daba más, cuando, casi por casualidad, cayó la conversación en Henry James, y entonces Borges comenzó a hablar, y aquello era tan maravilloso que me volví a sentar y escuché absorto todo el tiempo que me pudo dedicar. Es muy grande la erudición literaria de Borges.


CARLOS ALBERTO MONTANER, Conversaciones con Onetti. De la literatura considerada como una forma de urticaria, Playor, Madrid, 1980, págs. 149-158.

Bioy Casares y Borges sobre Goethe


Jueves, 8 de junio de 1967. Come en casa Borges. Afirma que la literatura alemana es rica en lo que llaman los franceses chefs-d'oeuvre manques. Dos ilustres ejemplos: Fausto, Zarathustra. Las Conversaciones de Goethe con Eckermann sería otro. Sobre Goethe observa: "Debió de ser inteligente, pero no conocía los límites de su inteligencia. Se creía capaz de inventar personajes. Nada más estúpido que el final del Fausto. La idea del Wilhelm Meister, de una república pedagógica, prueba que algo había podrido: something rotten in Denmark". BIOY: "Qué diferente Stevenson. ¿Te acordás del episodio de Weir of Hermiston en que el Lord Justice abruma al condenado a muerte? Lo que más conmueve al hijo del terrible juez (que asiste al juicio) es que el pobre condenado a muerte lleva una bufanda, para protegerse la garganta, que le duele. Que raro es todo, cómo se establecen las escalas de valores en la literatura del mundo. Pensar que para nadie Stevenson es superior a Goethe. No es que no sea superior: son incomparables. Para todo interlocutor, Goethe es uno de los grandes genios y el otro...". BORGES: "Tal vez escribir un libro para chicos lo perjudicó". BIOY: "¿Pero no creés que La isla del tesoro es superior al Fausto?". BORGES: "¡Bueno, desde luego! ¿Cómo no voy a creer?". BIOY: "Cuantas delicadezas hay en Stevenson".


ADOLFO BIOY CASARES, Borges, Destino, Barcelona, 2006, págs. 232 y 234. 

Borges y Bioy sobre Saint-John Perse


Jueves, 9 de diciembre de 1965. Come en casa Borges. Hablamos de Saint-John Perse. BIOY: "Es peor que todo el mundo". BORGES: "Es peor que Bernárdez. ¡Pensar que Eliot lo tradujo!". BIOY: "Vos decís que Eliot es malo pero, comparado con Saint-John Perse, corresponde a otro nivel. Lo que pasa es que el lenguaje no es bastante matizado y uno condena por igual a gente muy diversa. Saint-John Perse ¿a quién corresponderá? ¿A Schiavo? Mirá que haber elegido ese seudónimo...". BORGES: "En Europa tienen conciencia de la pobreza de su literatura actual. En Alemania, en Francia, yo creo que saben que están peor aún que nosotros".


ADOLFO BIOY CASARES, Borges, Destino, Barcelona, 2006, pág. 1094.

Sabato sobre Borges


PREGUNTA: ¿Considera a Borges como a un escritor preciosista?
ERNESTO SABATO: Es indudable que buena parte de su obra es bizantina y que en buena medida el acento está colocado sobre lo puramente estético, lo que nunca podría decirse de Dante, de Shakespeare, de Tolstoi, de Dickens, de Kafka; escritores poderosos en que el acento está colocado sobre la Verdad y en los que la belleza se da como consecuencia, porque esa Verdad es expresada mediante el gran resplandor poético, con la belleza a menudo terrible que es característica de estos testigos trágicos de la condición humana. Sí, en Borges se incurre a veces en lo precioso, y es por eso que lo admiran ciertas personas. Pero una de las peores desdichas de un creador es que lo admiren por sus defectos. De modo que los genuinos defensores de Borges no son esas personas sino gente como nosotros: los que reconocemos lo que en él hay de admirable y queremos rescatarlo de entre su preciosismo. Está de moda en la izquierda argentina repudiar a Borges: escritores que no le llegan a los tobillos nos dicen que Borges es inexistente. Eso revela que ni siquiera son buenos revolucionarios, pues el que no sabe qué de trascendente tiene la cultura de una comunidad no está maduro para reemplazar a esa comunidad. Los que venimos detrás de Borges, o somos capaces de reconocer sus valores perdurables o ni siquiera somos capaces de hacer buena literatura. 


ERNESTO SABATO, El escritor y sus fantasmas, Seix Barral, Barcelona, 2004