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Benet sobre Solzhenitsyn

Lo que real y profesionalmente ejerce Solzhenitsyn es la mendicidad, con esa desvergüenza de los grandes sabuesos del platillo que al cabo de treinta años en la misma esquina logran amasar una considerable fortuna en moneda fraccionaria. Esa clase de mendigo tiene que ser muy ostensible; si no llama la atención está perdido. Y el peatón menos agudo sabe distinguir sin género de dudas entre la patética petición de quien, avergonzado de su acto, ha de recurrir a él porque ha tocado el fondo de su resistencia y quien, desvergonzado, descarado y sórdido, lo repite una y otra vez haciendo gala de su miseria. Además de un apellido muy complicado, estos mendigos modernos tienen muchas cosas en común: un aspecto lamentable bajo ese disfraz pensado para apelar a la compasión, un ideal que abarca a la humanidad entera, una gigantesca megalomanía, una irritante falta de gracia, un patetismo de tramoya y, en el mejor de los casos, una absoluta hipocresía

(...) Todo esto, ¿por qué? ¿Porque ha escrito cuatro novelas, las más insípidas, las más fósiles, literariamente decadentes y pueriles de estos últimos años? ¿Porque ha sido galardonado con el premio Nobel? ¿Porque ha sufrido en su propia carne -y buen partido ha sacado de ello- los horrores del campo de concentración? Yo creo firmemente que, mientras existan personas como Alexandr Solzhenitsyn, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir. Tal vez deberían estar un poco mejor guardados, a fin de que personas como Alexandr Solzhenitsyn no puedan salir de ellos. Nada más higiénico que el hecho de que las autoridades soviéticas -cuyos gustos y criterios sobre los escritores rusos subversivos comparto a menudo- busquen la manera de librarse de semejante peste.

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JUAN BENET, El hermano Solzhenitsyn, Cuadernos para el diálogo, nº 152, 27 de marzo de 1976

Benet sobre Joyce

Lo que he escrito sobre Joyce no responde a ninguna boutade, sino que creo, de verdad, que es un escritor de segunda fila. ¿Por qué? Porque hace de la literatura un proceso analítico. Me explicaré. Llamo literatura analítica a aquella en la que el predicado está incluido en el sujeto. Si digo “la noche está oscura”, la metáfora es analítica, no crea literatura, tal como yo la entiendo. Para mí, la literatura consiste en formular juicios sintéticos sobre la realidad. Si escribo “la noche es plateada”, el juicio es sintético y lo escrito ya es, por tanto, literatura. Lo demás, el costumbrismo, el naturalismo, no me interesan. Si describes una verbena sin apartarte de los elementos que la integran, no inventas nada, simplemente traspasas la realidad a la escritura. Por eso Faulkner y Proust me parecen grandes escritores; por eso, también, Joyce, me parece menor. El llamado “monólogo interior” –no sé por qué, puesto que un monólogo tiene siempre una trabazón lógica; por otra parte, los ingleses dicen más justamente “corriente del pensamiento” – puede servir como técnica, pero no creo que tenga otros valores.

EDUARDO G. RICO: “Juan Benet: Joyce es de segunda fila”, Triunfo Nº 429, Madrid, 22 de agosto de 1970, pág. 38, recogido por Carlos G. Santa Cecilia en La recepción de James Joyce en la prensa española, Universidad de Sevilla, Secretariado de publicaciones, 1997, págs. 288 y 289

El PP de Castilla y León sobre Benet

NOTA: Tras la muerte de Juan Benet, el grupo socialista de Castilla y León propuso un homenaje al que el PP de esa Comunidad Autónoma se opuso, lo que desató la indignación entre muchos escritores (AQUÍ). Lo que se ofrece a continuación son extractos de la discusión entre el portavoz socialista y el portavoz de cultura del PP:

GRANADO MARTINEZ (PSOE): Bueno, es evidente que todos los amantes de la literatura española y todos los ciudadanos españoles en general nos hemos visto profundamente conmocionados por la desaparición de una figura tan señera de la literatura española como es el escritor Juan Benet, el escritor Juan Benet Goitia. [...] Parece especialmente significativo que la región que se ha visto retratada en una obra de Benet, como "Volverás a región", le rinda un homenaje; le rinda un homenaje, sobre todo, basándose en sus vinculaciones a las tierras de Castilla y León, en los trabajos que hizo como ingeniero de caminos, en los paisajes de Castilla y León que retrató en sus obras, y en la importancia que su obra también ha tenido en la narrativa castellana y leonesa, porque yo creo que también los actuales escritores, sobre todo los actuales escritores de la narrativa leonesa, también deben a Juan Benet.

NIETO NOYA (PP): Señor Granado, advierto un cierto tono de exceso; podría decir que utiliza un lenguaje un tanto hiperbólico. Cuando se dice que es, pues, no sé, el novelista mayor de la literatura española del siglo XX, o algunas otras expresiones que aparecen a lo largo de la Exposición de Motivos, que me imagino que responden a esta actitud de admiración y de respeto por una obra que es siempre respetable; pero actitud de admiración que tengo que dejar constancia de que no es tan universalmente compartida en los medios literarios, en los medios artísticos, porque, frente a manifestaciones como las que él ha recogido, yo podría citar otras que, desde luego, no son tan elogiosas, e incluso alguna que, a lo mejor, es igualmente hiperbólica, pero en el sentido contrario, es decir, se pasa. [...] Ni es tan clásico vivo, ni es tan deleznable como alguna otra pluma se ha atrevido a escribir.

GRANADO MARTINEZ (PSOE): Señor Nieto Noya, dice usted que Juan Benet es un autor discutido y discutible. Mire usted, yo, cuando he hecho esta Proposición No de Ley, he introducido tres cifras, tres citas literarias: una, extraída del suplemento literario del "ABC"; otra, extraída del suplemento literario del Diario "El Mundo"; y otra, extraída del suplemento literario del Diario "El País". ¿Me quiere usted decir, señor Nieto Noya, en dónde escriben los que discuten la valía literaria de don Juan Benet? Porque, como ya no existe "El Alcázar", no creo que puedan escribir en ningún diario; a lo mejor pueden escribir en algún opúsculo fascista, porque, si no es en un tipo de publicación semejante, no creo que haya ninguna publicación en donde se hayan publicado este tipo de discusiones. [...] ¿Usted conoce algún manual de Historia de Literatura Española Contemporánea que no mencione a Juan Benet? ¿Conoce usted uno solo? ¿Conoce usted un solo texto que hable de la literatura española en el siglo XX, que estudien nuestros estudiantes, que no mencione a Juan Benet? Dígame uno sólo que le mencione como discutido y discutible. Ese tipo de afirmaciones, señor Nieto Noya, tendrían que darnos vergüenza que se pudieran escribir en el Diario de Sesiones. [...] Mire, no puedo hablar, porque de verdad que estoy emocionado. Y yo me suelo enfadar con ustedes en las Cortes, pero no me suelo emocionar; y, de verdad, en esta ocasión, pues, ha logrado usted emocionarme, aunque sea para mal. Y voy a dejar de hablar, porque, además, estoy seguro de que, si sigo argumentando, a lo mejor, para contradecirme, va a decir usted alguna otra barbaridad. Y aunque sólo sea por el sentido que yo tengo de la dignidad de estas Cortes, no quiero que figuren más barbaridades en contra de Juan Benet. Si yo llego a saber esto, esta Proposición no se hubiera presentado. Yo estaba absolutamente convencido de que la iban ustedes a apoyar. [...] Yo creo que su intervención, señor Nieto Noya, nos devuelve a un rostro que yo creía que ustedes ya tenían superado. Yo no sé qué es lo que ustedes no le perdonan a Juan Benet. ¿Que se opusiera a la Dictadura de Franco? ¿Que fuera un militante democrático, con gente como Dionisio Ridruejo? ¿Que fuera una persona que, en algún momento dado, tomó posición en contra de algunas posiciones de gente de su partido? También lo hizo en contra de posiciones del gente del mío. Era muy crítico con la gestión del Ministerio de Cultura.

EL SEÑOR NIETO NOYA (PP): Pues, mire usted, yo no pensaba decírselo, pero se lo voy a decir: usted está planteando un homenaje a una persona que me parece muy bien que se haya opuesto a la Dictadura del General Franco; pero, por coherencia, debería de oponerse también a otras dictaduras. Y es un personaje que, en determinado momento, cuando un premio Nobel visita nuestro país, Solzhenitsyn, se permite escribir en un artículo en el diario "El País" que la existencia de personajes como Solzhenitsyn justifica la existencia de los "gulag". [...] Puede usted decirme que ha sido un momento desafortunado en la vida de Juan Benet. Hasta se lo admito. Pero una cosa y la otra. [...] Pretender que sea la propia Junta la que, por inspiración suya, asuma el protagonismo de organizar un homenaje a una figura literaria, que tendrá todos los valores que usted quiera... pero, mire usted, yo también he leído, he leído en periódicos, he leído que es insoportable en su lectura; y antes hablaba de los juicios excesivos, por un lado y por otro, pero hay quien piensa que es insoportable. Y le añadiría más: no lo he leído, no lo he leído en los términos en que usted dice. Lo he intentado leer alguna vez, pero cada uno lee lo que le gusta, lo que le parece bien. [...] He intentado leer algunas cosas y, lo siento, señor Granado, a mí no me gusta. Y uno lee lo que quiere, lee lo que le gusta, lee lo que le produce satisfacción. [...] Y si usted dice que es un hombre que no ha sido conocido, que no ha sido valorado, que no ha sido promovido, que no ha sido premiado, que no ha sido homenajeado en vida, alguna razón habrá, pienso yo; alguna razón habrá.

EL SEÑOR GRANADO MARTINEZ (PSOE): Ustedes, con esta manera de entender el mundo, se están demostrando a sí mismos como unos perfectos reaccionarios; es decir, "no podemos hacerle un homenaje porque publicó en una ocasión un artículo diciendo algo que a lo mejor era una barbaridad". Bueno, pues, todas las grandes figuras literarias, probablemente, hayan publicado alguna vez en su vida un artículo diciendo alguna barbaridad, y no por eso dejan de ser reconocidos literariamente. [...] Y veo que hace una cita, y que la saca de contexto, diciendo que alguno de los comentaristas que han comentado su obra decían de Juan Benet que era un autor insoportable. Señor Nieto Noya, no solamente usted no ha leído a Juan Benet, sino que no ha leído bien esos artículos, porque esa cita es del propio Juan Benet. Juan Benet, que, entre otras cosas, era un hombre de un acendrado sentido del humor, decía de sí mismo: "Soy el autor de novelas más aburrido de la historia de la humanidad, y como además soy insoportable, la gente no me lee". Lo decía él y lo recordaban sus amigos, para recordarle hasta qué punto, hasta qué punto llevaba su sentido lúdico de la vida hacia la propia desconsideración, digámoslo así, de sí mismo.

DIARIO DE SESIONES DE LAS CORTES DE CASTILLA Y LEÓN, 9 DE MARZO DE 1993, PÁGS. 4381-4404. Toda la sesión AQUÍ

Martínez Sarrión sobre Cela

Un curioso efecto de simetría, causado por la muerte de Cela: el 95 por ciento de lo publicado en diarios nacionales sobre el finado, como el mismo porcentaje de su obra, es pura inanidad, pura pérdida de tiempo. De la obra, lo único que de verdad me gustó fue su primera época: el Pascual Duarte y los primeros viajes; menos, La colmena; algo los carpetovinismos, San Camilo 36 no es más que la visita a una colección de burdeles madrileños, al filo de la tragedia. Cuando trató de hacer lo que él entendía por “vanguardia” se vio que resultaba forzado, ilegible, trivial en su pretenciosidad. Madera de boj, el tan anunciado texto que haría justicia a la Galicia marítima, al bravo mar de los Ártabros, no es más que una prolija colección de chistes y ocurrencias de gusto dudoso. Sobre el muerto, han estado bien Ignacio Echeverría, Haro Tecglen y sobre todo Gimferrer, meditado y justo. Lo mejor, que escuché a ráfagas, se debió a Carlos Casares: “Era un hábil imitador de Dalí para promocionarse” y lo opinado por un estudiante de doce o trece años: “Era un tipo duro, un tipo algo borde”. Su hijo, que lo conoció de sobra, le afeaba su absoluta falta de piedad, como rasgo central de su persona. Anécdotas por él contadas: asustar a las pobres mujeres que volvían a sus casas cargadas con la compra; en casa de su patrona durante la guerra, limpiarse el culo con un canario, tras defecar en el teclado del piano, ¡qué hombrada! ¡Qué tipo ocurrente y original! Otro gesto nobilísimo fue ofrecerse a Franco, a su entrada en Madrid, para delatar a “rojos”, ejercer como censor de libros y publicaciones, escribir por una montonera de dólares una novela venezolana, llena de indigenismos, a la mayor gloria del sanguinario dictador Pérez Jiménez. Su manipulación y prepotencia a la hora de cubrir vacantes en la Academia o de discernir el ganador del Premio Cervantes, el cual se hizo otorgar obscenamente, tras el injusto Premio Nobel, como su creciente y ya no disimulado reaccionarismo ideológico, fueron notorios. Un gacetillero de periódico a pie de capilla ardiente se quejaba o fingía quejarse del escaso, casi nulo, número de escritores que fueron a rendirle el último homenaje. Un gesto a su favor que pocos conocen: en un almuerzo, cuando su miserable lacayo Umbral –que le escupió nada más morir en un libro– se desató contra Juan Benet, le dijo: “¡Cállate, Paco, que Benet fue un gran escritor!”. Muere, en fin, un autor enormemente sobrevalorado en vida –Italo Calvino o Juan Marsé, grandes de verdad, así lo escribieron– y un ser humano despreciable. La historia de la literatura lo pondrá, sin duda, en su lugar.

ANTONIO MARTÍNEZ SARRIÓN, Escaramuzas, Alfaguara, Madrid, 2011, págs. 52 y 53.

Benet sobre Joyce y Woolf

Me corresponde hablar de Faulkner como uno de los innovadores de la narrativa de este siglo; otros les hablarán luego de Proust, de Joyce y de Virginia Woolf. Ciertamente en el panorama literario-crítico son cuatro nombres que se consideran sacrosantos. Los cuatro han echado su cuarto a espadas para renovar la narrativa. Pero desde mi punto de vista -nada erudito ni profesoral, nada "técnico"- lo han renovado de muy distinta manera y desde puntos de vista dispares. Por decirlo de manera simple, tenían talentos muy diferentes, cualitativa y cuantitativamente. De hecho, a mi juicio, Virginia Woolf no tenía demasiado; su obra, aburrida y carente de interés, está bien para quien le guste mucho tomar el té a las cinco de la tarde, pero si alguien quiere regodearse en una obra literaria para sacar un buen pensamiento no le dejará más que hambre... Lo más meritorio de Virginia fue su muerte, una muerte heroica eso sí: se llenó de piedras los bolsillos de su vestido y se tiró a un río poco después de que estallase la Segunda Guerra Mundial.

Tampoco Joyce es un personaje de mi interés; tuvo una carrera literaria honesta en cuanto a creador estilístico, en el sentido de que nunca se conformó con lo que hizo ni intentó vender dos veces el mismo producto. Cuando había conseguido uno saltaba al siguiente; pero, demasiado ofuscado con su falso invento del stream of consciousness, lo llevó más allá, lo llevó más adelante en cada salto (de Dublineses al Retrato del artista adolescente, de éste al Ulysses, delUlysses a Finnegan's Wake) y fue encerrándose en su propio invento, absolutamente convencido -como un profeta de voz admonitoria- de que con él se llega a un tope, a un techo en el arte narrativo, así que tendió a su destrucción, a retirar todos los elementos del engranaje y dejarlos aislados uno a uno en el papel. De hecho nadie ha leído su Finnegan's Wake, que es intraducible y nada produce (como no sea quinientas tesis en las universidades norteamericanas); es una obra, como le dijo Wells, que sólo le había divertido y le divertía a él. Nadie lo sigue cómodamente en su casa, en una butaca; pues hay que estudiarlo muy profundamente; no bastan las herramientas ordinarias, hay que tener conocimientos tan personales como los de Joyce, y no siendo James Joyce uno no se entera de nada.

En ese sentido, hay alguien que tiene mucho más mérito, a quien no se ha incluido aquí porque han hablado de él ya en otro coloquio anterior... Es Kafka. Un individuo que, a mi modo de ver, tiene una altura literaria incomparable con la de Joyce o la de Virginia. No cabe duda de que Kafka, Faulkner y Proust constituyen la trilogía planetaria de la literatura del siglo XX.

JUAN BENET, Ensayos de incertidumbre, Random House Mondadori, Barcelona, 2012, págs. 396 y 397.

Azancot sobre Benet y Vizcaíno Casas

Las razones por las cuales una parte muy considerable de la crítica no se ocupa jamás de los libros de Vizcaíno Casas son, fundamentalmente, tres: se estima que es un mal novelista, se rechaza su posición política, se desdeña su éxito multitudinario.

¿Mal novelista? Yo también pienso que es un novelista mediocre, pero no más mediocre en cuanto novelista que Juan Benet, tan exaltado por muchos: para mí, uno en basto y el otro en fino, son escritores que están exactamente a la misma distancia de los maestros del género -una distancia muy grande-. Benet disimula su vacío con referencias culturales, verbalismo desenfrenado y pretensiones de profundidad; Vizcaíno Casas, sobre todo, con demagogias de derecha. 

LEOPOLDO AZANCOT, Chicas de servir, ABC, 23 de noviembre de 1985. Toda la crítica AQUÍ

Benet sobre Cortázar


DANUBIO TORRES FIERRO: Haciendo la salvedad entre las edades de Carpentier y Vargas Llosa, ¿no te parece que entre los nuevos narradores hubo una ruptura con una forma literaria, que introdujeron una nueva sensibilidad?
JUAN BENET: ¿Te parece realmente, que Vargas Llosa haya roto con algo de la literatura latinoamericana, tratándose de un escritor tan académico? Lo que pasa es que es un hombre que organiza muy bien la argamasa, que sabe estructurar sus materiales, y eso para hablar de su caso personal. Pero, en definitiva, el menos académico, que quiere ser Cortázar, está siempre devanando el ovillo de la modernidad.

DANUBIO TORRES FIERRO: ¿Te interesa Rayuela?
JUAN BENET: Poco, muy poco. Mira: creo que Cortázar es un hombre fascinado por la brillantez y que paga por ello un precio muy caro. Puede escribir dos páginas magistrales, como aquellas de Rayuela en las que los personajes están comiendo en un restaurante de París y a alguien se le cae un terrón de azúcar y empieza a rodar por debajo de las mesas, buscándolo. Eso es una maravilla. Pero esa brillantez no se puede prolongar ni estirar porque, al hacerlo mediante el artificio, la charada y el jueguecito, se convierte en una prolongación bastarda, en primer lugar y, luego, fatigante. Una vez dije, de una manera un poco sarcástica, que era un gran gacetillero.


JUAN BENET, entrevistado por Danubio Torres Fierro para “Diorama de la Cultura” del diario Excelsior 1974 y VUELTA NÚMERO 206, 1994. Toda la entrevista AQUÍ.

Benet sobre Lezama Lima


PREGUNTA: ¿Y qué opina de Lezama Lima?
JUAN BENET: No me interesa.

PREGUNTA: ¿Por qué no le interesa?
JUAN BENET: ¿Usted sabe cuándo un libro no le interesa? ¿Usted es tan agudo como para decir: “Yo sé por qué esto no me interesa”?

PREGUNTA: De otra forma, ¿qué defectos le encuentra a Lezama Lima?
JUAN BENET: Ah, no, es que Lezama Lima es una fábrica de defectos. Primero, no tiene acento, no suena bien. Y luego, hay algo muy artificioso en Lezama; algo de reelaboración. Parece un escritor francés que complica a voluntad. Porque, realmente, el libro de Lezama es transparente, no es sugerente sino al revés; la palabra oculta la realiza en vez de sugerirla, en vez de trascenderla. Y las posiciones de Lezama tienen mucho de artificio montado, es fácil ver que lo narrado es en cierto modo banal; en cierto modo, recoge una tradición española y americana de profusión de lenguaje pero que no descansa demasiado sobre la realidad. Las aventuras del joven Cemí son las aventuras de Pipo y Pipa en el fondo. Al joven Cemí no le pasa nada en verdad. Tiene dos experiencias homosexuales y tres experiencias eróticas y dos literarias, pero no le pasa nada. Ni el mundo que nos pinta es demasiado misterioso… Comparen ustedes lo que le pasa al joven Cemí con lo que le ocurre al esclavo Ti Noël de Carpentier, con una riqueza y profundidad casi apuntadas, con una economía de gestos y de palabras; y en el otro, a base de tanto abigarramiento, ¿a qué llega en conclusión?, a que un día vio parir a su hermana, y otro día vio cómo unas negras bailaban detrás de un cañaveral, y otro día cómo se masturbaba un cura. Eso lo ha visto todo el mundo.

PREGUNTA: ¿Pero contarlo de una manera especial, no le podría dar cierta calidad?
JUAN BENET: No, no le da calidad. Eso es costumbrismo en el fondo, y costumbrismo casi andaluz. 

PREGUNTA: ¿Y no habría un cierto costumbrismo en García Márquez?
JUAN BENET: No, García Márquez está muy bien afinado con su lenguaje, está muy unido, ahí no hay divorcios. En cambio sí en Lezama, hay una especie de cámara de aire entre su pensamiento y su lenguaje, y eso se nota muy bien. En muchos escritores españoles hay eso. Pero en Lezama se nota, el lenguaje se descuelga de su pensamiento y, en el fondo, porque su pensamiento es menor, carece de amplitud de visión. Evidentemente es un escritor muy rico y con posibilidades, pero es un pensador muy pobre.


JUAN BENET, palabras recogidas por Fernando Tola de Habich y Patricia Grieve, incluidas en JUAN BENET, Cartografía personal, Cuatro Ediciones, Valladolid, 1997, págs. 51 y 52.


Benet sobre Dostoyevski


Repito, con palabras más extensas, lo que ya he dicho a otro periódico para la misma ocasión: Dostoievski no me ha interesado gran cosa y lo tengo olvidado casi por completo; por supuesto que no se me ocurre releerlo ni rellenar los huecos que dejé cuando lo leí en mi juventud. No me divierte ni espero que me enseñe nada. Por si fuera poco, su estilo me parece zafio, exento de toda finura. No creo que se pueda aducir que eso se debe a malas traducciones, pues un estilo con potencia y gracia se transparenta a través de la transcripción más cruel, como se demuestra por las mismas traducciones de sus compatriotas y contemporáneos que escribían con delicadeza, esto es, Turgueniev, Chéjov y Tolstói, por ese orden. Por otra parte, no es de extrañar que la pluma de Dostoievski parezca una escoba. Solo se dedicaba a barrer, fregar y enjuagar la ropa, labores domésticas en un escenario plagado de mujeres chillonas, visionarios de blusón, ambiciones de casaca, piedad de sotana y -entre tanta miseria- mucha alma seráfica siempre dispuesta a presentar la otra mejilla.

Delicias de un cierto público
Ese tremendismo -si además viene acompañado de la estancia de su autor en Siberia por una temporada- suele hacer las delicias de un cierto público, el mismo en todas las épocas. A mí nada me parece más inelegante -y deshonesto- que explotar las propias lágrimas; todo escritor de fuste a sí mismo se tiene prohibida la piedad y si a eso suma una buena educación jamás se dejará arrastrar al más repugnante de los sentimientos, la autocompasión.

El tiempo, muy explicablemente, ha sido devastador para con Dostoievski. Hace cuarenta años era todavía uno de los genios del siglo XIX, un explorador de los entresijos del alma humana. Hoy es una sombra, un escritor pompier que, sin duda, sigue teniendo sus devotos, esto es, todos aquellos que siguen apegados a la lucha literaria contra la opresión. A mí me parece un sonajero y de nada me congratulo tanto como de la dirección que tomó la mejor literatura del siglo XX, en todo opuesta a la línea marcada por los Dostoievski, Zola & Co.


JUAN BENET, Un estilo exento de toda finura, El País, 28 de enero de 1981 (AQUÍ)

NOTA MARICRÓNICA: Tras la publicación de este artículo, El País publicó dos "Cartas al director" que manifestaban su indignación con su contenido: la de un lector madrileño llamado Luis Medina del Palacio (AQUÍ) y la de un grupo de estudiantes de Filología de la Universidad Autónoma de Madrid (AQUÍ).

Benet sobre Cortázar


Rayuela 
me gusta poco, muy poco. Mira: creo que Cortázar es un hombre fascinado por la brillantez y que paga por ello un precio muy caro. Puede escribir dos páginas magistrales, como aquellas de Rayuela en las que los personajes están comiendo en un restaurante de París y a alguien se le cae un terrón de azúcar y empieza a rodar por debajo de las mesas, buscándolo. Eso es una maravilla. Pero esa brillantez no se puede prolongar ni estirar porque, al hacerlo mediante el artificio, la charada y el jueguecito, se convierte en una prolongación bastarda, en primer lugar y, luego, fatigante. Una vez dije, de una manera un poco sarcástica, que era un gran gacetillero.


JUAN BENET, entrevista de Danubio Torres Fierro, “Diorama de la Cultura ” del diario Excelsior 1974 y VUELTA NÚMERO 206. 1994.