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Saer sobre el "boom" latinoamericano

Mirá, todo el mundo sabe mi opinión respecto al boom. Es una pregunta típica de los reportajes la de por qué yo no coincido con los autores del boom. Pero en verdad, por ejemplo, con Cortázar yo me di cuenta que había perdido un poco el sentido de la realidad con el famoso prólogo que él hace a la obra de Arlt. Es una cosa infame que muestra su desconocimiento de Arlt y cierta pretensión de considerarlo como quien lo mira desde arriba. Respecto a Vargas Llosa, yo fui uno de los primeros que dijo que La ciudad y los perros era una novela escrita para mostrar que hay militares malos y militares buenos. Yo creo que la filosofía de los autores del boom fue el mercado, y creo que ellos percibieron que en Estados Unidos se empezaba a ver este tipo de cosas que iba a ser, según mi opinión, la destrucción de la literatura latinoamericana.

JUAN JOSÉ SAER, transcripción de la conferencia que dio en la Universidad de Sao Paulo en octubre de 1997. Toda la conferencia AQUÍ

Aira sobre Cortázar

Cortázar es un caso especial para los argentinos, y no sólo para los argentinos, también para los latinoamericanos y quizás para los españoles, porque es el escritor de la iniciación, el de los adolescentes que se inician en la literatura y encuentran en él —y yo también lo encontré en su momento— el placer de la invención. Pero con el tiempo se me fue cayendo. Hay algunos cuentos que están bien. El de los cuentos es el mejor Cortázar. O sea, un mal Borges, o mediano. A propósito de una de las cosas más feas que hizo Cortázar en su vida, el prólogo para la edición de la Biblioteca Ayacucho de los cuentos de Felisberto Hernández, un prólogo paternalista, condescendiente, en el que prácticamente viene a decir que el mayor mérito del escritor uruguayo fue anunciarlo a él, cuando en verdad Felisberto es un escritor genial al que Cortázar no podría aspirar siquiera a lustrarle los zapatos. Sus cuentos son buenas artesanías, algunas extraordinariamente logradas, como Casa tomada, pero son cuentos que persiguen siempre el efecto inmediato. Y luego, el resto de la carrera literaria de Cortázar es auténticamente deplorable.

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CÉSAR AIRA, "El mejor Cortázar es un mal Borges", entrevista de CARLOS ALFIERI para el diario Clarín, 9 de octubre de 2004. Toda la entrevista AQUÍ

Cortázar sobre Valéry

Hace veinte años veía yo en Paul Valéry el más alto exponente de la literatura occidental. Hoy continúo admirando al gran poeta y ensayista, pero ya no representa para mí ese ideal. No puede representarlo quien a lo largo de toda una vida consagrada a la meditación y a la creación, ignoró soberanamente (y no sólo en sus escritos) los dramas de la condición humana que en esos mismos años se abrían paso en la obra epónima de un André Malraux y, desgarrada y contradictoriamente pero de una manera admirable precisamente por ese desgarramiento y esas contradicciones, en un André Gide. Insisto en que a ningún escritor le exijo que se haga tribuno de la lucha que en tantos frentes se está librando contra el imperialismo, en todas sus formas, pero sí que sea testigo de su tiempo como lo querían Martínez Estrada y Camus, y que su obra o su vida (¿pero cómo separarlas?) den ese testimonio en la forma que les sea propia. Ya no es posible respetar como se respetó en otros tiempos al escritor que se refugiaba en una libertad mal entendida para dar la espalda a su propio signo humano, a su pobre y maravillosa condición de hombre entre hombres, de privilegiado entre desposeídos y martirizados. JULIO CORTÁZAR, carta a Roberto Fernández Retamar, Saignon (Vaucluse), 10 de mayo de 1967, recogido en JULIO CORTÁZAR, Cartas 2 (1964-1968), edición a cargo de Aurora Bernárdez, Alfaguara, Buenos Aires, 2000, pág. 1140-1141

Cortázar sobre Arguedas

Me interroga sobre una supuesta "generación perdida" de exiliados latinoamericanos en Europa, citando entre otros a Fuentes, Vargas Llosa, Sarduy y Garcia Márquez. En los últimos años el prestigio de estos escritores ha agudizado como era inevitable una especie de resentimiento consciente o inconsciente por parte de los sedentarios (honi soit qui mal y pense!), que se traduce en una casi siempre vana búsqueda de razones de esos "exilios" y una reafirmación enfática de permanencia in situ de los que hacen su obra sin apartarse, como dice el poeta, del rincón donde empezó su existencia. De golpe me acuerdo de un tango que cantaba Azucena Maizani: No salgas de tu barrio, sé buena muchachita, cásate con un hombre que sea como vos, etc., y toda esta cuestión me parece afligentemente idiota en una época en que por una parte los jets y los medios de comunicación les quitan a los supuestos "exilios" ese trágico valor de desarraigo que tenían para un Ovidio, un Dante o un Garcilaso, y por otra parte los mismos "exiliados" se sorprenden cada vez que alguien les pega la etiqueta en una conversación o un artículo. Hablando de etiquetas, por ejemplo, José María Arguedas nos ha dejado como frascos de farmacia en un reciente articulo publicado por la revista peruana Amaru. Prefiriendo visiblemente el resentimiento a la inteligencia, lo que siempre es de deplorar en un cronopio, ni Arguedas ni nadie va a ir demasiado lejos con esos complejos regionales, de la misma manera que ninguno de los "exiliados" valdría gran cosa si renunciara a su condición de latinoamericano para sumarse más o menos parasitariamente a cualquier literatura europea. A Arguedas le fastidia que yo haya dicho (en la carta abierta a Fernández Retamar) que a veces hay que estar muy lejos para abarcar de veras un paisaje, que una visión supranacional agudiza con frecuencia la captación de la esencia de lo nacional. Lo siento mucho, don José María, pero entiendo que su compatriota Vargas Llosa no ha mostrado una realidad peruana inferior a la de usted cuando escribió sus dos novelas en Europa. Como siempre, el error está en llevar a lo general un problema cuyas soluciones son únicamente particulares; lo que importa es que esos "exiliados" no lo sean para sus lectores, que sus libros guarden y exalten y perfeccionen el contacto más profundo con su tierra y sus hombres. Cuando usted dice que los escritores "de provincias", como se autocalifica, entienden muy bien a Rimbaud, a Poe y a Quevedo, pero no elUlises, ¿que demonios quiere decir? ¿Se imagina que vivir en Londres o en París da las llaves de la sapiencia? ¡Vaya complejo de inferioridad, entonces! Conozco a un señor que jamás salió de su barrio de Buenos Aires y que sabe mis sobre André Breton, Man Ray y Marcel Duchamp que cualquier critico europeo o norteamericano. Y cuando digo saber no me refiero a la fácil acumulación de fichas y libros, sino a ese entender profundo que usted busca con relación a Ulises, esa participación fuera de todo tiempo y de todo espacio que se entabla o no se entabla en materia literaria. A manera de consuelo usted agrega: "Todos somos provincianos, provincianos de las naciones y provincianos de lo supranacional." De acuerdo; pero menuda diferencia entre ser un provinciano como Lezama Lima, que precisamente sabe más de Ulises que la misma Penélope, y los provincianos de obediencia folklórica para quienes las músicas de este mundo empiezan y terminan en las cinco notas de una quena. ¿Por qué confundir los gustos personales con los deberes nacionales y literarios? A usted no le gusta exiliarse y esta muy bien, pero yo tengo la seguridad de que en cualquier parte del mundo usted seguiría escribiendo como José María Arguedas; ¿por qué, entonces, dudar y sospechar de los que andan por ahí porque eso es lo que les gusta? Los "exiliados" no somos ni mártires ni prófugos ni traidores; y que esta frase la terminen y la refrenden nuestros lectores, qué demonios.

JULIO CORTÁZAR, entrevista de Rita Guilbert para Life, París, enero de 1968. La entrevista entera se puede leer AQUÍ
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Arguedas sobre Cortázar

Luego de unos días de vacilación me he decidido a comentar algunas de las expresiones e ideas de Julio Cortázar que aparecen en la entrevista que concedió a Life del 7 de abril. He vacilado mucho porque he de referirme únicamente al tema de los escritores "exilados" y al desprecio que Cortázar me dedica por la confesión que hice de mi "provincialismo" en el primer y muy sui generis capítulo de la novela que intento escribir, y que se publicó en el número 6 de la revistaAmaru, de Lima. En esas páginas manifesté, también de manera muysui generis, pero respetuosa, mi discrepancia con el señor Cortázar respecto de la excesiva rotundidad con que afirma que más profunda y sustancialmente entienden e interpretan a Latinoamérica los escritores que viven fuera de ella, especialmente en Europa. El respeto con que lo traté en esas páginas se ha convertido ahora en un mutuo menosprecio entre Cortázar y el que escribe estas líneas.

Afirma Cortázar que “en los últimos años el prestigio de estos escritores –de los absurdamente denominados “exilados”; cita a Fuentes, Vargas Llosa, Sarduy y García Márquez– ha agudizado, como era inevitable, una especie de resentimiento consciente o inconsciente de parte de los sedentarios...”, es decir, de quienes trabajamos en Latinoamércia. Por el contrario, creo que podemos asegurar que la obra de estos escritores ha despertado admiración y orgullo, salvo el caso de quienes andan siempre resentidos contra éstos y aquéllos. ¿Cómo podría probar Cortázar que hay resentimiento y hasta agudizado contra García Márquez, Vargas Llosa y él mismo en América Latina? La única “prueba” que ofrece es no sólo insensata sino algo repudiable. Causa verdadero disgusto tener que expresarse así de un escritor tan importante a quien la gloria le hace comportarse, a veces, a la manera de un Júpiter mortificado, no por explicable menos lejano de su frecuente papel de sapiente y hábil agitador.

He aquí la insensata “prueba” a que me he referido: “Prefiriendo visiblemente el resentimiento a la inteligencia –dice Cortázar–, ni Arguedas ni nadie va a ir demasiado lejos con esos complejos regionales, de la misma manera que ninguno de los “exilados” valdría gran cosa si renunciara a su condición de latinoamericano para sumarse más o menos parasitariamente a cualquier literatura europea.” Admiro con todas mis fuerzas, lo he dicho, a García Márquez; admiro con la intensidad de un “provinciano” a Vargas Llosa, admiraba realmente a Cortázar. He sentido y siento odios y ternuras; el resentimiento aparece sólo en los desventurados e impotentes. Yo soy un hombre feliz y continuaré siéndolo mientras pueda seguir trabajando, aquí o allá. La “prueba” de Cortázar resulta, pues, contraria. En el mismo párrafo citado Cortázar afirma también que se puede renunciar a la condición de latinoamericano. No; no es posible si realmente se ha llegado a tener la condición de tal. Porque si lo intentara, en el propio curso del intento se le descubriría, ya fuera este latinoamericano, artista, lavaplatos o comerciante. No voy a comentar las otras expresiones de desprecio que desde esa fortaleza deLife, tan juiciosamente tomada, me dedica Cortázar, porque son personales y no importan: bastará con que conteste a una pregunta que me hace, un tanto a la manera como ciertos gamonales interrogan a sus indios siervos: “¿Se imagina que vivir en Londres o en París da las llaves de la sapiencia?” No, señor Cortázar, no me imagino eso.

Y ahora la segunda cuestión. Me dice Cortázar: “A usted no le gusta exilarse...”, y a continuación me interroga: “¿por qué, entonces, dudar y sospechar de los que andan por ahí, porque eso es lo que les gusta? Los “exilados” no somos...”

Con respecto a usted y los escritores que usted cita como exilados yo nunca he manifestado duda ni sospecha; al contrario, he sentido un verdadero regocijo por haber creado ustedes –Fuentes es cosa aparte– precisamente en Europa obras que han convivido e interesado casi en todo el mundo. ¿En qué se funda usted para asegurar que dudo y sospecho? Mario Vargas Llosa ha fundamentado muy claramente la razón de su preferencia, de su necesidad de vivir en Europa. Lo ha hecho con energía, aunque ha exagerado un poco –y digo esto teniendo en cuenta mi ya largo trabajo con residencia en el Perú–, ha exagerado un poco los terribles obstáculos que un escritor tiene que vencer en casi todos los países latinoamericanos para poder crear.

Ni Cortázar, ni Vargas Llosa, ni García Márquez son exilados. No sé de dónde ni de parte de quién surgió este inexacto calificativo con el que, aparentemente, Cortázar se engolosina. Ni siquiera Vallejo fue un verdadero exilado. A usted, don Julio, en esas fotos de Life se le ve muy en su sitio, muy "macanudo", como diría un porteño. No es exilado quien busca y encuentra –hasta donde es posible hacerlo en nuestro tiempo– el sitio mejor para trabajar. A pesar de su pasión y muerte Vallejo escribió lo mejor de su obra en París, y quién sabe si no habría llegado a tanto si no se hubiera ido a Europa. Empiezo a sospechar, ahora sí, que el único de alguna manera "exilado" es usted, Cortázar, y por eso están tan engreído por la glorificación, tan folkloreador de los que trabajamos in situ y nos gusta llamarnos, a disgusto suyo, provincianos de nuestros pueblos de este mundo, donde, como usted dice, ya se inventaron y funcionan muy eficientemente los jets, maravilloso aparato al que dediqué un jayllay quechua, un himno bilingüe de más de cinco notas como felizmente las tienen nuestras quenas modernas.

JOSÉ MARÍA ARGUEDAS, Inevitable comentario a unas ideas de Julio Cortázar, El Comercio, Lima, 1 de junio de 1969, recogido en El zorro de arriba y el zorro de abajo, José María Arguedas, ALLCA XX, 1997, edición crítica Éve-Marie Fell, págs. 411-413

NOTA: Las declaraciones que hizo Cortázar a Life se pueden leer en la Troya 346 (AQUÍ)

Abreu sobre García Márquez y Cortázar

Leo una noticia sobre la pavorosa y recuerdo aquella espléndida idea que tenía Reinaldo allá en los horrendos setenta. Consistía en crear un comando de asesinos con el propósito de ir eliminando a los cómplices de la dictadura cubana. Qué bien nos lo pasábamos confeccionando la lista de cómplices a eliminar. Yo escribía: La Maconda, también conocido como Culo Fofo(García Márquez); Arenas escribía Ay caimancito ¡que me ensarte el Che!(Cortázar).

La solidaridad internacional con Cuba (es decir con los Castro) siempre fue y es canallada, racismo, complicidad con los asesinos, putería, mamalonancia, afición al culo y la polla negra y como es natural una estrategia del fidelismo para eternizar el fidelismo.

Un sueño imposible, la lista. Soy el primero en reconocerlo. Pero una idea bonita qué duda cabe y sobre todo higiénica.

JUAN ABREU, Emanaciones, 1149 (AQUÍ)

Barral sobre Cortázar

Llegué ayer tarde. El de hoy ha sido el primer día de mi cura de soledad de esta presunta reordenación de mi vida. No ha sido precisamente un día extraordinario: me he levantado entrada la mañana, he leído al sol, almorzado frugalmente, leído en el balcón, paseado con el perro (el polígono de los paseos dominicales del invierno). Leído de nuevo al atardecer hasta que vino Juan a empapelar el baño, lo que creó una pausa de casi una hora. Tras una cena fría y rápida he vuelto a la mesa, he leído de nuevo (siempre ese novelón de Cortázar) y hecho sin mucha convicción una lectura de correcciones de Metropolitano. Durante el día, como anoche, he garabateado algunas cuartillas, sin divertirme demasiado.

Tanto ese pelma de Cortázar (no debía haber traído ese libro) como el perro, cuyas necesidades no he acabado de ubicar en mi proyecto, en mi perezosa distribución del tiempo, me han impedido esfuerzos de concentración notables.

*En la nota a pie de página dice: "El libro que lee es Rayuela que no le interesa nada"

CARLOS BARRAL, Los diarios / 1957-1989, Anaya & Mario Muchnik, 1993, Madrid, pág. 119

Cortázar sobre Collazos

En 1969, en las páginas del semanario Marcha, Cortázar y el escritor colombiano Óscar Collazos -que luego viviría varios años en Barcelona- sostuvieron una interesantísima polémica acerca de la literatura latinoamericana llamada del boom. Yo había seguido la polémica con muchísimo interés, y compartía plenamente las opiniones de Cortázar. Óscar Collazos había acusado a algunos de esos escritores -especialmente a él- de "europeizantes", como si hubiera dos culturas: una latinoamericana y una europea, contrapuestas. Con una extraordinaria lucidez (recordemos que la polémica fue a finales de 1969), Cortázar le replicó: "Ya no hay nada foráneo en las técnicas literarias, porque el empequeñecimiento del planeta, las traducciones que siguen casi simultáneamente a las ediciones originales, el contacto entre los escritores, eliminan cada vez más los compartimentos estancos en que antaño se cumplían las diversas literaturas nacionales. (...) los mecanismos formales que vehiculan esas experiencias han cesado de ser un privilegio de ciertas culturas; el campo experimental es uno solo, y sus resultados individuales se propagan con una velocidad directamente proporcional a su importancia y eficacia. Nada me sorprendería que en este mismo momento un novelista sueco o italiano estuviera trabajando a partir de la estructura tempo-espacial de La casa verde, así como unos cuantos escritores franceses han mostrado ya la influencia que ha tenido en ellos el mecanismo mental y prosódico de Jorge Luis Borges".

CRISTINA PERI ROSSI, Cortázar, Ediciones Omega, 2001, Barcelona, págs. 30 y 31.


Onetti sobre Cortázar


JUAN CRUZ: ¿Y Cortázar? 
JUAN CARLOS ONETTI: Y con Cortázar, mira, muy amigos, yo lo había conocido muy vagamente en Buenos Aires, nos hicimos amigos, pero él todavía no había hecho su obra, creo que sí había escrito Los Premios, que a él le entusiasmaba mucho y a mí no, sobre todo, no después, al compararlo con lo que escribió posteriormente ¿no? Pero tal vez en ese momento Los Premios, solitario, me hubiera parecido un buen libro. Ahora, después, lo comparé con el resto de lo que fue escribiendo Cortázar y entonces me pareció inferior, por ejemplo inferior a la famosa Rayuela y los cuentos, tiene cuentos admirables, para mí, por ejemplo Vd. habrá oído hablar de El perseguidor...

JUAN CRUZ: ¿Y como ser humano qué le parecía Cortázar?
JUAN CARLOS ONETTI: Acá entramos en un problema. Mira, te voy a decir, él siempre se mostró como un hombre muy humilde, muy desinteresado, pero nada. Era de una vanidad tremenda y la polémica que tuvo con mi amigo peruano, el de Los ríos subterráneos, Arguedas, un gran escritor, que se suicidó, dos veces se suicidó. La primera lo salvaron. Un libro de él termina diciendo que la gran ambición suya era ir a Montevideo para estrecharle la mano a Onetti. Así que te das cuenta que nos queríamos, sabía además mucho. Este escritor peruano había criticado el desinterés de Cortázar por los problemas latinoamericanos de los indios y este hombre vivía dedicado, tenía una granja para niños indígenas....

Como Arguedas, en una declaración, elogiaba el talento de Cortázar pero lamentaba que no se preocupara por la gente pobre, los humildes, sobre todo los indígenas, de Latinoamérica, y Cortázar le contestó de una manera muy desagradable para mí, diciéndole: Vd. está tocando una quena en el Perú y yo dirijo una orquesta sinfónica en París. Es una grosería, sobre todo conociendo a este peruano, que era uno de los hombres más dulces que he conocido. ¿Y qué fue lo que le dijo a Cortázar? No era ofensivo, era como una invitación a que lo hiciera, pero bueno, eso fue una miseria...

JUAN CRUZ: De todos modos, de Cortázar se pueden decir muchas más cosas.
JUAN CARLOS ONETTI: Otra que dijo fue, no sé en qué época, "yo he escrito los mejores 72 cuentos de la literatura castellana". Publicado. No se puede. Pero ni se puede contar escribir los cuentos, a mí qué coño me importa.


JUAN CARLOS ONETTI, ¿Qué fue de la señora Síntesis?, entrevista de Juan Cruz Ruiz el 6 de enero de 1993, recogida en Toda la vida preguntando, Círculo de Tiza, 2015.

Benet sobre Cortázar


DANUBIO TORRES FIERRO: Haciendo la salvedad entre las edades de Carpentier y Vargas Llosa, ¿no te parece que entre los nuevos narradores hubo una ruptura con una forma literaria, que introdujeron una nueva sensibilidad?
JUAN BENET: ¿Te parece realmente, que Vargas Llosa haya roto con algo de la literatura latinoamericana, tratándose de un escritor tan académico? Lo que pasa es que es un hombre que organiza muy bien la argamasa, que sabe estructurar sus materiales, y eso para hablar de su caso personal. Pero, en definitiva, el menos académico, que quiere ser Cortázar, está siempre devanando el ovillo de la modernidad.

DANUBIO TORRES FIERRO: ¿Te interesa Rayuela?
JUAN BENET: Poco, muy poco. Mira: creo que Cortázar es un hombre fascinado por la brillantez y que paga por ello un precio muy caro. Puede escribir dos páginas magistrales, como aquellas de Rayuela en las que los personajes están comiendo en un restaurante de París y a alguien se le cae un terrón de azúcar y empieza a rodar por debajo de las mesas, buscándolo. Eso es una maravilla. Pero esa brillantez no se puede prolongar ni estirar porque, al hacerlo mediante el artificio, la charada y el jueguecito, se convierte en una prolongación bastarda, en primer lugar y, luego, fatigante. Una vez dije, de una manera un poco sarcástica, que era un gran gacetillero.


JUAN BENET, entrevistado por Danubio Torres Fierro para “Diorama de la Cultura” del diario Excelsior 1974 y VUELTA NÚMERO 206, 1994. Toda la entrevista AQUÍ.

Bolaño sobre Cela y Umbral


Consejos sobre el arte de escribir cuentos

Como ya tengo cuarentaicuatro años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos. 1) Nunca aborde los cuentos de uno en uno. Si uno aborda los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte. 2) Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, de cinco en cinco. Si se ve con energía suficiente, escríbalos de nueve en nueve o de quince en quince. 3) Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, y además lleva en su interior el juego más bien pegajoso de los espejos amantes: una doble imagen que produce melancolía. 4) Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo y a Monterroso. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y Umbral. 5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura. 6) Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así. 7) Los cuentistas suelen jactarse de haberse leído a Petrus Borel. Gran error: ¡deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval! 8) Lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges. 9) La verdad de la verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra. 10) Piensen en el punto número nueve. Piensen y reflexionen. Aún están a tiempo. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas. 11) Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, el Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas, y Mientras ellas duermen, de Javier Marías. 12) Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.


ROBERTO BOLAÑO, Entre paréntesis, Anagrama, Barcelona, 2004, págs. 324-325.


Fernando Vallejo sobre García Márquez, Mujica Lainez, Cortázar y Borges


ALBERTO GONZÁLEZ TORO: ¿Cuál es su opinión sobre su compatriota Gabriel García Márquez? 
FERNANDO VALLEJO: El personaje me interesa muy poco; me parece más bien un cortesano del tirano de Cuba. Es una vileza alcahuetear semejante monstruosidad. Esta es mi opinión sobre García Márquez persona.

AGT: ¿Y como escritor?
FV: Es un escritor que escribe novelas en tercera persona, con las que ya me peleé. Yo no he escrito ninguna novela en tercera persona, todas son en primera persona. La tercera persona me parece un camino trillado en la literatura, no va para ningún lado. Por lo demás, García Márquez es un escritor correcto que conoce en cierta forma el oficio. No tanto, por supuesto, como tu paisano Manuel Mujica Lainez, o como el español Azorín. De Mujica Lainez te puedo decir que es el prosista más grande del idioma español, con lo cual no te estoy diciendo que es el más grande escritor. Porque una cosa es ser un gran prosista y otra ser un gran escritor. Pero nadie, en los mil años de la lengua española, ha escrito un español con tal riqueza sintáctica y lexicográfica como él, con su ritmo y sonoridad. Es el gran prosista del idioma.

AGT: Lástima que esté un poco olvidado.
FV: Sí, es cierto, porque el que han endiosado los jóvenes argentinos es Julio Cortázar.

AGT: ¿No le gusta Cortázar?
FV: No lo conozco. Lo he ojeado y me da la impresión de que no sabía escribir. No sabía justamente el idioma literario, escribía pobremente. Y los jóvenes hacen este cálculo: si este escritor tan malo es nuestro gran escritor, entonces por qué yo no puedo ser igual a él.

AGT: ¿Y Borges?
FV: El Aleph es un relato muy hermoso, logrado, espléndido. Ya sólo con eso bastaría para que su nombre quede en la literatura. Pero no pienso que sea tan grande como se dice. Lo han hecho tan grande porque desde el mundo anglosajón y francés lo pueden entender muy fácil: no es un escritor muy propio de la lengua española. El español no era tan importante en su literatura. Por lo demás, usa las palabras impropiamente, y además es afectado. Tiene afectaciones feas.


FERNANDO VALLEJO, Fernando Vallejo contra el mundo, entrevista de Alberto González Toro para la Revista Ñ, 5 de julio de 2008. 

Benet sobre Cortázar


Rayuela 
me gusta poco, muy poco. Mira: creo que Cortázar es un hombre fascinado por la brillantez y que paga por ello un precio muy caro. Puede escribir dos páginas magistrales, como aquellas de Rayuela en las que los personajes están comiendo en un restaurante de París y a alguien se le cae un terrón de azúcar y empieza a rodar por debajo de las mesas, buscándolo. Eso es una maravilla. Pero esa brillantez no se puede prolongar ni estirar porque, al hacerlo mediante el artificio, la charada y el jueguecito, se convierte en una prolongación bastarda, en primer lugar y, luego, fatigante. Una vez dije, de una manera un poco sarcástica, que era un gran gacetillero.


JUAN BENET, entrevista de Danubio Torres Fierro, “Diorama de la Cultura ” del diario Excelsior 1974 y VUELTA NÚMERO 206. 1994.