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Sabato sobre Quevedo

Grandes manejadores de la lengua, aun manejadores geniales, incurren muchas veces en la tentación de dejarse llevar por su pasión verbal. Podríamos poner muchos ejemplos, pero bastaría el de Quevedo. Su ingenio, su dominio portentoso del idioma, lo llevó más de una vez a esos juegos verbales que son todo lo contrario de una gran literatura, y que poco tienen que ver con sus dos o tres grandes poemas sobre la muerte. ¿Podríamos imaginar a Cervantes, a Kafka, a Tolstoi, a Dostoievski, a San Juan de la Cruz, a Rimbaud, a Holderlin, a Rilke, haciendo esas acrobacias y fuegos de artificio?

ERNESTO SABATO, entrevista de Angela Dellepiane en Revista Iberoamericana, Nº 158, Enero-Marzo 1992, pág. 34

Unamuno sobre Quevedo

 A mí no me carga Cervantes, ni mucho menos, sino que le venero más y mejor que sus ridículos idólatras; pero me carga Quevedo, pongo por caso de clásico cargante, y no puedo soportar sus chistes corticales y sus insoportables juegos de palabras.


MIGUEL DE UNAMUNO, Paisajes y ensayos, Obras Completas I, Escelicer, Madrid, 1968, pág. 1265

Quevedo sobre Góngora (17)

RECETA PARA HACER SOLEDADES EN UN DÍA

Quien quisiere ser culto en un solo día,

la jeri (aprenderá) gonza siguiente:

fulgores, arrogar, joven, presiente,

candor, construye, métrica armonía;

poco, mucho, si no, purpuracía,

neutralidad, conculca, erige, mente,

pulsa, ostenta, librar, adolescente,

señas traslada, pira, frustra, arpía;

cede, impide, cisuras, petulante,

palestra, liba, meta, argento, alterna,

si bien disuelve émulo canoro.

Use mucho de líquido y errante,

su poco de nocturno y de caverna,

anden listos livor, adunco y poro.

Que ya toda Castilla,

con sola esta cartilla,

se abrasa de poetas babilones,

escribiendo sonetos confusiones;

y en la Mancha, pastores y gañanes,

atestadas de ajos las barrigas,

hacen ya cultedades como migas.

FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III, Parte I, Sátiras personales, Castalia, 2001, Madrid, págs. 227 y 228, edición de José Manuel Blecua

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Quevedo sobre Góngora (16)

 CONTRA DON LUIS DE GÓNGORA


Ya que coplas componéis,


ved que dicen los poetas


que, siendo para secretas,


muy públicas las hacéis.


Cólica dicen tenéis,


pues por la boca purgáis;


satírico diz que estáis;


a todos nos dais matraca:


descubierto habéis la caca


con las cacas que cantáis.


De vos dicen por ahí


Apolo y todo su bando


que sois poeta nefando


pues cantáis culos así.


Por lo cual me han dicho a mí


que desde hoy en adelante


diga que obras vuestras cante,


por el mandado de Apolo,


con el son de un rabel sólo,


un rabadán ignorante.


No hay música donde estén


vuestros inmundos trabajos:


que si suenan bien los bajos,


los tiples no suenan bien.


Y cuando tonos les den


de los que el vulgo levanta,


¿cuál hombre o mujer que canta,


si tiene cabeza cuerda,


a pies de coplas de mierda,


hará pasos de garganta?


Con Esgueva es vuestro enojo;


nombre de sucio le dan,


siendo, de puro galán,


todos sus males de ojo.


Con mucha razón me arrojo:


que sólo los bien nacidos


celebramos atrevidos;


que en otra conversación,


por ser sucios, como son,


no pueden ser admitidos.


Vuestros conceptos alabo,


pues, de pura buena pesca,


los hacéis a la gatesca,


pues los hacéis por el rabo.


Tenéis un ingenio bravo,


hacéis cosas peregrinas,


vuestras coplas son divinas;


sino que dice un dotor


que vuestras letras, señor,


se han convertido en letrinas.


Que alabe será muy justo


vuestras coplas mi voz sola,


pues por ser todas de cola,


se pegan a cualquier gusto.


Desde el scita al negro adusto,


y desde el Tajo dorado


al Nilo tan celebrado,


no hay ingenio tan machucho


ni crecido; mas ¿qué mucho,


si crece de estercolado?


Son tan sucias de mirar


las coplas que dais por ricas,


que las dan en las boticas


para hacer vomitar.


Un nombre os ando a buscar


que os venga derechamente,


y hallo que os llama un valiente,


que de Córdoba os conoce,


poeta de entre once y doce,

que es cuando vacia la gente.


¿Adónde hallaréis excusa


para lo que vemos todos,


pues fue en verano y sin lodos


tan rabiosa vuestra musa?


Si acaso Circe o Medusa,


o juntas ambas a dos,


os han mudado, por Dios,


que olvidéis tal prelacía


antes que la pulicía


venga a conocer de vos.


Yo, por mí, no pongo duda


en que las coplas pasadas,


según están de cagadas,


las hicisteis con ayuda.


Más valdrá que tengáis muda


la lengua en las suciedades;


dejad las ventosidades:


mirad que sois en tal caso


albañal por do el Parnaso


purga sus bascosidades.


FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III, Parte I, Sátiras personales, Castalia, Madrid, 2001, págs. 228-231, edición de José Manuel Blecua


Quevedo sobre Góngora (15)

ESCRIBIÓ QUEVEDO CONTRA GÓNGORA Y [SE] DEFENDIÓ GÓNGORA [CON] AQUELLAS DÉCIMAS SUYAS QUE EMPIEZAN "MUSA QUE SOPLA Y NO INSPIRA". Y DICE QUEVEDO

En lo sucio que has cantado

y en lo largo de narices,

demás de que tú lo dices,

que no eres limpio has mostrado.

Eres hombre apasionado;

y por saber que es corona

la Pasión en tu persona,

es punto más necesario

que esté en el monte Calvario

puesta de hoy más tu Helicona.

Traducir un hombre al rey

de francés en castellano,

mandándolo por su mano,

es justo y por justa ley;

mas no a la plebeya grey

ni al rey por dinero ruego,

como tu pariente ciego;

y no hagas desto donaire;

que mi culpa es cosa de aire,

pero la tuya, de fuego.

Por muy pequeña ocasión

sé que en perseguirme has dado:

de aquellos lo has heredado

que inventaron la Pasión.

Satírico no es razón

ser un hombre principal

que tiene sangre real;

yo lo sé: que tus pasados

fueron todos salpicados

con la de un Rey celestial.

Dirás: «Yo soy Racionero

en Córdoba de su iglesia»;

pues no es maravilla efesia

comprallo por el dinero.

Longinos fue caballero,

y Longinos fue judío;

de tu probanza me río;

al deán engañado has;

mas podrá volverse atrás,

que no es el cabildo río.

Pues no fueron declinados

ni por «sermo» ni por «templo»

tus deudos que, para ejemplo,

del Templo fueron echados,

quítate de esos cuidados,

que decir mal es mal trato;

no seas a tu vida ingrato;

guárdate tras esta salva,

no te muerda el perro de Alba

o te arañe el rostro de un gato.

.
.

FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III, Parte I, Sátiras personales, Castalia, Madrid, 2001, págs. 228-231, edición de José Manuel Blecua

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Quevedo sobre Góngora (14)

Poeta de ¡Oh, qué lindicos!,

verdugo de los vocablos,

que a puras vueltas de cuerda

los haces que digan algo;

perseguidor de los ríos,

como si fueras borracho,

sin perdonar a las fuentes

ni, por lo sucio, a los charcos;

tú, que de tajo le diste

en un romancito a Tajo,

porque en las sierras de Cuenca

le dan los pinos de palos,

acordársete debiera

de aquel buen tiempo pasado

que fuiste poeta Encina

por lo que te varearon.

Poeta de bujarrones

y sirena de los rabos,

pues son de ojos de culo

todas tus obras o rasgos;

caballero, porque nunca

has caído de tu asno;

escoba de la basura

de las ninfas del Parnaso;

poeta de lo comido,

musa de desatacados,

ingenio de melecina

que siempre apunta a lo bajo,

no es posible que seas hijo

de ciudad a cuyos partos

debe Roma, y todo el mundo,

los Sénecas y Lucanos.

Córdoba no te parió,

si no es que se hizo preñado

algún arrabal de ti,

y que naciste en el campo.

Racionero dicen que eres,

mas yo irracional te hallo,

aunque en la cola y lo sucio,

canónigo eres del Rastro.

Góngora te llaman todos,

ilustre apellido y claro,

mas viénete como al potro

el Manrique por su amo.

¿Quién te mete con los griegos

aun no siendo tú troyano?

¿Por qué de lo que no has visto

hablas como papagayo?

¿Qué te hizo Anacreonte

en los versos castellanos,

que le alabas cuando más

pretendes vituperallo?

Sus «suavidades» (llamaste)

de arrope, y has acertado,

que es mosto dulce, y él hizo

dulce el mosto con su canto.

Y al pobre Lope de Vega

te lo llevaste de paso

sólo por llamarse Lope,

de tu consonante esclavo.

¿Qué te movió a poner lengua

en dos ingenios tan raros,

sin ser bacines ni pullas,

que son vínculo a tus labios?

Como Eróstrato quisiste,

hallándote despreciado,

quemar lo mejor del mundo,

abrasar dos templos altos;

que es tanta la infamia tuya,

que buscas nombre, afrentado

por medio de un gran castigo,

a costa de mil agravios.

Hiciéraste tus coplitas

una Bueno y otra Malo,

y cuando van por aceite

cantáranlas los muchachos.

De la brida a la jineta,

estribos cortos y largos

remataran de tus chistes

los conceptillos de asco,

y dejaras de pedir

antojos, de vista falto,

pues los que tú has menester

son los que traen los caballos.

Para sacar versos flojos,

o sea para soltarlos,

basta la vena que tienes:

hartos arrojas cada año.

No entendemos los greguescos

por acá, aunque los usamos;

dánoslos a entender tú,

que andas siempre en esos barrios.

Y advierte que ni Quevedo

ni Lope harán de ti caso,

para honrarte con Respuesta:

que fuera grande pecado.

Yo, que soy un poetilla

hijo de todos los diablos,

humildemente nacido

entre hongos y entre esparto;

como el barbero aprendiz,

que para probar la mano

se ejercita en zanahorias

antes que en venas de brazos,

así yo poeticomienzo

para ver cómo lo hago;

atreveréme después

a satirizar cristianos:

Gongorilla, Gongorilla,

de parte de Dios te mando

que, en penitencia de haber

hecho soneto tan malo,

andes como Juan Guarín,

doce años como gato,

y con tu soneto al cuello,

por escarmiento y espanto.

Y advierte que al responder

a estos versos, mentecato,

que te aguarda por respuesta

otro romance más largo.

Y que desde aqueste punto

toda mi vida consagro

a decir mal de tus cosas,

aun entre sueños hablando.

Contra Galicia escribiste,

tierra de tocino y nabos,

que, como toda es limpieza,

toda junta te dio enfado.

Muy dificultoso eres,

no te entenderá un letrado,

pues, aborreciendo puercos,

lo puerco celebras tanto.

cristiano viejo no eres,

porque aún no te vemos cano;

hi de algo, eso sin duda,

pero con duda hidalgo.

Llámate quien te conoce

Mondonguedo del Parnaso,

pues vaciar y llenar vientres

tienes solamente a cargo.

Almorrana eres de Apolo,

por donde el dios, soberano

gracioso, purga inmundicias

y sangre, si está enojado.

Dícenme tienes por lengua

una tripa entre los labios,

viendo que hablas con ella

ventosedad todo el año.

Y para adelante digo

que te enmiendes de tus cargos,

y pues eres manicorto,

no seas tan lengüilargo.

FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III, Parte I, Sátiras personales, Castalia, Madrid, 2001, págs. 234-237, edición de José Manuel Blecua.

Quevedo sobre Góngora (13)

Yo te untaré mis obras con tocino,

porque no me las muerdas, Gongorilla,

perro de los ingenios de Castilla,

docto en pullas, cual mozo de camino.

Apenas hombre, sacerdote indino,

que aprendiste sin christus la cartilla;

chocarrero de Córdoba y Sevilla,

y, en la Corte, bufón a lo divino.

¿Por qué censuras tú la lengua griega

siendo sólo rabí de la judía,

cosa que tu nariz aún no lo niega?

No escribas versos más, por vida mía,

aunque aquesto de escribas se te pega,

por tener de sayón la rebeldía.

.

.

FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III (Parte I), Biblioteca clásica Castalia, Madrid, 2001, pág. 238

Quevedo sobre Góngora (12)

Dime, Esguevilla, ¿cómo fuiste osado

a subirte a las barbas del que ha sido

más escrito en España y más leído

y con más justo nombre celebrado?

Si porque te cantó le has murmurado,

tan solamente que te acuerdes pido

de que toman tus aguas apellido

de las que hace un pueblo tan honrado.

Guárdales, pues, respeto a versos tales,

que es muy necio en juzgar cosas tan varias

el que nunca salió de entre pañales.

¿Decir que son las coplas ordinarias,

si no tan llenas de agudeza, y tales,

que aun son a ojos de todos necesarias?

FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III (Parte I), Biblioteca clásica Castalia, Madrid, 2001, pág. 238

Quevedo sobre Góngora (11)

Vuestros coplones, cordobés sonado,

sátira de mis prendas y despojos,

en diversos legajos y manojos,

mis servidores me los han mostrado.

Buenos deben de ser, pues han pasado

por tantas manos y por tantos ojos,

aunque mucho me admira en mis enojos

de que cosa tan sucia hayan limpiado.

No los tomé porque temí cortarme

por lo sucio, muy más que por lo agudo;

ni los quiso leer por no ensuciarme.

Y así, ya no me espanta el ver que pudo

entrar en mis mojones a inquietarme

un papel de limpieza tan desnudo.

FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III (Parte I), Biblioteca clásica Castalia, Madrid, 2001, pág. 239

Quevedo sobre Góngora (10)

CONTRA D. LUIS DE GÓNGORA Y SU POESÍA

Este cíclope, no siciliano,

del microcosmo sí, orbe postrero;

esta antípoda faz, cuyo hemisferio

zona divide en término italiano;

este círculo vivo en todo plano;

este que, siendo solamente cero,

le multiplica y parte por entero

todo buen abaquista veneciano;

el minoculo sí, más ciego vulto;

el resquicio barbado de melenas;

esta cima del vicio y del insulto;

éste, en quien hoy los pedos son sirenas,

éste es el culo, en Góngora y en culto,

que un bujarrón le conociera apenas.

FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III (Parte I), Biblioteca clásica Castalia, Madrid, 2001, pág. 240

Quevedo sobre Góngora (9)

CONTRA EL MISMO (GÓNGORA)

Tantos años, y tantos todo el día,

menos hombre, más Dios, Góngora hermano.

No altar, garito sí; poco cristiano,

mucho tahúr, no clérigo, sí arpía.

Alzar, no a Dios: ¡extraña clerecía!,

misal apenas, naipe cotidiano;

sacar lengua y barato, viejo y vano,

son su misas, no templo y sacristía.

Los que güelen tu musa y tus emplastos,

cuando en canas y arrugas te amortajas,

tal epitafio dan a tu locura:

«Yace aquí el capellán del rey de bastos,

que en Córdoba nació, murió en Barajas

y en las Pintas le dieron sepultura».

FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III (Parte I), Biblioteca clásica Castalia, Madrid, 2001, pág. 239
..

Quevedo sobre Góngora (8)

¿Socio otra vez? ¡Oh tú, que desbudelas

del toraz veternoso inanidades,

y en parangón de tus sideridades,

equilibras tus pullas paralelas!,

por Atropos te abjuro que te duelas

de tus vertiginosas navidades,

que se gratulan neotericidades

y craticulan sendas bisabuelas.

Merlincocaizando nos fatiscas

vorágines, triclinios, promptuarios,

trámites, vacilantes icareas.

De lo ambágico y póntico troquiscas

fulginosos vórtices y varios,

y, atento a que unificas, labrusqueas.

FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III (Parte I), Biblioteca clásica Castalia, Madrid, 2001, pág. 241

Quevedo sobre Góngora (7)

OTRO SONETO CONTRA GÓNGORA

Verendo padre, a lástima movido

de verte sin consejo zumbeando,

por Helicona, te requiero y mando

que te vuelvas a E(s)gueva arrepentido;

que te aseguro que, a no haber salido

de lo que él va con su licuor lavando,

más dulce paresciera y más blando:

si bien tan viejo, no tan distraído.

Vuélvete al dios Apolo, y sin con ira

despreciaré tus ruegos, por tus vicios

enfadado de tantas necedades,

alza tu propia cara, calla y mira,

y en vez de hacerle nuevos sacrificios,

hazle otra Garza y otras Soledades.

FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III (Parte I), Biblioteca clásica Castalia, Madrid, 2001, pág. 242

Quevedo sobre Góngora (6)

AL MISMO GÓNGORA

Sulquivagante, pretensor de Estolo,

pues que lo expuesto al Noto solificas

y obtusas speluncas comunicas,

despecho de las musas a ti solo,

huye, no carpa, de tu Dafne Apolo

surculos slabros de teretes picas,

porque con tus perversos damnificas

los institutos de tu sacro Tolo.

Has acabado aliundo su Parnaso;

adulteras la casta poesía,

ventilas blandos, niños inquïetas,

parco, cerúleo, veterano vaso:

piáculos perpetra su porfía,

estuprando neotéricos poetas.

FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III (Parte I), Biblioteca clásica Castalia, Madrid, 2001, pág. 243


Quevedo sobre Góngora (5)

OTRO SONETO AL MISMO GÓNGORA

Ten vergüenza purpúrate don Luis,

pues eres poco verme y mucho pus;

cede por el costado, que eres tus,

cito, no incienso; no lo hagamos lis.

Construye jerigonza paraís,

que circuncirca es del Polo mus;

vete a dudar camino de Emaús,

pues te desprecia el palo y el mentís.

Tu nariz se ha juntado con el os

y ya tu lengua pañizuelo es;

sonaba a lira, suena a moco y tos.

Peor es tu cabeza que mi(s) p(i)es.

Yo, polo, no lo niego, por los dos;

tú, puto, no lo niegues, por los tres.

FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III (Parte I), Biblioteca clásica Castalia, Madrid, 2001, pág. 244

Quevedo sobre Góngora (4)

CONTRA EL MISMO

¿Qué captas, noturnal, en tus canciones,

Góngora bobo, con crepusculallas,

si cuando anhelas más garcibolallas

las reptilizas más y subterpones?

Microcosmote Dios de inquiridiones,

y quieres te investiguen por medallas

como priscos, estigmas o antiguallas,

por desitinerar vates tirones.

Tu forasteridad es tan eximia,

que te ha de detractar el que te rumia,

pues ructas viscerable cacoquimia

farmacofolorando como numia,

si estomacabundancia das tan nimia,

metamorfoseando el arcadumia.

FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III (Parte I), Biblioteca clásica Castalia, Madrid, 2001, pág. 245

Quevedo sobre Góngora (3)

AL MISMO

Esta magra y famélica figura,

cecina del Parnaso, musa momia,

cadáver de la infamia y la locura,

de todo bodegón cáncer y gomia;

este descomulgado,

con su proprio bonete encorozado,

doctor en mierda, gradüado en pujos,

que para deshonrar a otros linajes,

luego les achacaba sus abuelos;

éste que, permitiéndolo los cielos,

por desacreditar los más honrados

y dar a los modestos pesadumbres,

de los unos decía sus costumbres,

levantaba a los otros sus pecados;

éste que en sí estudiaba

oprobios con que a todos deshonraba,

aunque parece que es el racionero

de Zamora, yo quiero

que esta vez sola, porque no se ofenda,

del racionero cordobés se entienda.

FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III (Parte I), Biblioteca clásica Castalia, Madrid, 2001, pág. 246

Quevedo sobre Góngora (2)

EPITAFIO AL MESMO

Este que, en negra tumba, rodeado

de luces, yace muerto y condenado,

vendió el alma y el cuerpo por dinero,

y aun muerto es garitero;

y allí donde le veis, está sin muelas,

pidiendo que le saquen de las velas.

Ordenado de quínolas estaba,

pues desde prima a nona las rezaba;

sacerdote de Venus y de Baco,

caca en los versos y en garito Caco.

La sotana traía

por sota, más que no por clerecía.

Hombre en quien la limpieza fue tan poca

(no tocando a su cepa),

que nunca, que yo sepa,

se le cayó la mierda de la boca.

Éste a la jerigonza quitó el nombre,

pues después que escribió cíclopemente,

la llama jerigóngora la gente.

Clérigo, al fin, de devoción tan brava,

que, en lugar de rezar, brujuleaba;

tan hecho al tablarejo el mentecato,

que hasta su salvación metió a barato.

Vivió en la ley del juego,

y murió en la del naipe, loco y ciego;

y porque su talento conociesen,

en lugar de mandar que se dijesen

por él misas rezadas,

mandó que le dijesen las trocadas.

Y si estuviera en penas, imagino,

de su tahúr infame desatino,

si se lo preguntaran,

que deseara más que le sacaran,

cargado de tizones y cadenas,

del naipe, que de penas.

Fuese con Satanás, culto y pelado:

¡Mirad si Satanás es desdichado!

FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III (Parte I), Biblioteca clásica Castalia, Madrid, 2001, pág. 247
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Quevedo sobre Góngora

AL MESMO

Alguacil del Parnaso, Gongorilla,

pues vives de las décimas que haces

y en los conventos pasces,

gorra de otra capilla en la capilla;

si Guadarrama no, ya Calcaborra,

o tus desvergonzadas canas borra

o envejece los dijes de tu seso;

la contrición suceda a lo travieso:

no te halle la muerte en esos labios,

u en esos cortezones,

en vez de misereres, coridones.

Tu décima he leído

contra el cojo poeta esclarecido.

Yo, que su ingenio admiro, no su paso,

no hago de ti caso;

que si de ti le hiciera,

cecina del Parnaso,

musa momia, famélica figura,

darte seiscientos garrotazos fuera,

para lo que tu chola merecía,

poca palestra a la región vacía.

No sea griego Quevedo, sea troyano,

mas en romance, ingenio soberano.

No sea Lope latino,

mas fecundo escriptor, dulce y divino.

No sea francés Juan Pablo;

¿estás contento, diablo?,

y solamente tú, Matus Gongorra,

cuando garciclopeas Soledades,

francigriegas latinas necedades;

siendo así (Mendocilla me lo dijo)

obras ambas de artífice prolijo.

Dime, orejón poeta,

ver que se celebrara

de Quevedo el ingenio y la mollera,

¿de tanta invidia era

para que, magras las quijadas rancias,

en ti le persiguieran a porfía

de un gerifalte boreal arpía?

Trata de extremaunción y no de musas,

que escribes moharraches,

Bosco de los poetas,

todo diablos y culos y braguetas,

que con tus decimillas,

adjetivas demonios y capillas;

contra el púlpito flechas,

contra Florencia escribes,

y dicen lenguas ruines

que de atrás os conocen florentines.

Dejas pasar sin décima

al otro don Francisco

que allá en Caramanchel tuvo su aprisco;

que de tu coche hizo sinagoga

y de entre tu manteo y tu sotana

la Sancta le agarró cierta mañana,

¿y al don Francisco sin Moisén copleas?

La vieja ley, carroño, lisonjeas.

¡Oh junta, culta sí, mas deshonesta,

a los rayos de Júpiter expuesta!

Dejad estas contiendas,

porque ya de vosotros

anda el judïazo y entre el juego

humo anhelando el que no suda fuego.

Sacerdote de anillo,

de cuantas veces truecas la comida,

trueca una vez la bufa, otra la vida.

Pues es tal por de dentro

tu cuerpo, ¡oh rapacilla calavera!,

que la propria comida se hace afuera;

y por no estar tan mal aposentados,

por tu boca reculan los bocados.

Pues tu lengua maldita,

que en Esgueva aprendió tan bajo oficio

(profesó ya de paño de servicio),

sus diligencias hace

por no estar en tu boca, Dios la oiga;

y a las señas que hace de ahorcado,

sólo falta el verdugo; y yo sospecho

que te fuera consuelo,

según eres de sucio, si se advierte,

por ver un culo al trance de tu muerte.

Duélete de ti proprio,

pues tienes las quijadas

en esa nuez, que alguna vez fue cara,

impenetrable casi a la cuchara.

A los pies de Quevedo

estás siempre en soneto y remoquete:

Luisillo, cosas tienes de juanete.

Musas merlincocayas bisabuelas,

meted al viejo adunco, si canoro,

vuestros corchos por uno y otro poro.

Pues, ¿qué hiciérades todas,

viéndole presidir en un garito,

cuando, pidiendo naipes y barato,

a bocados y coces

número crece y multiplica voces?

Mas en las caduqueces que publica

quiere, sin admitir los desengaños,

que, en letras pocas, lean muchos años.

Que ya envenena mucho cuanto toca

el prodigioso fuelle de su boca.

No es tu ración de Córdoba, entrevélo;

que tus embestiduras y tus bribias

dicen a los que somos cordobeses

que la tuya es ración de los marqueses.

Muda costumbres antes que pellejo,

si tu neutralidad sufre consejo.

Paréceme que llamas como sueles,

tú y estotro mancebo de la honda,

un paladín de sienes que responda,

un marido linterno,

breve de barba, duro no de cuerno.

¿Quién sino Satanás batir pudiera

berrendo y reverendo, y un judío

que se quemaba de mirar el río?

¿Quién pudo adjetivar sino tú solo,

que al vicio das la boga,

púlpito con garita y sinagoga?

Por eso, en insolente desatino,

sólo te codició Paravicino.

Y págalo Quevedo

porque compró la casa en que vivías,

molde de hacer arpías;

y me ha certificado el pobre cojo

que de tu habitación quedó de modo

la casa y barrio todo,

hediendo a Polifemos estantíos,

coturnos tenebrosos y sombríos,

y con tufo tan vil de Soledades,

que para perfumarlas

y desengongorarla

de vapores tan crasos,

quemó como pastillas Garcilasos:

pues era con tu vaho el aposento

sombra del sol y tósigo del viento.

FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III (Parte I), Biblioteca clásica Castalia, Madrid, 2001, pág. 248
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Borges sobre la literatura española

La Literatura española... Trataré de decirlo cortésmente: empieza espléndidamente con los Romances, que son realmente lindísimos. Luego vienen escritores admirables, como Fray Luis de León, que para mí sigue siendo el mejor poeta castellano. Y San Juan de la Cruz. Y así llegamos al Quijote, que creo que es un libro realmente inagotable, sobre todo la segunda parte. Pero después ocurre algo que ya se nota en dos hombres de genio, como lo son Quevedo y Góngora: todo se torna rígido. Uno tiene la impresión de que ya no hay caras, sino máscaras. La culminación de este fenómeno se da en Baltasar Gracián, donde no se siente ninguna pasión ni sensibilidad. Es un mero juego de formas, como el cubismo o la literatura de Joyce... Luego tenemos el siglo XVIII, muy pobre. Y el movimiento romántico, donde España sirve para inspirar a todo el mundo, menos a los españoles. Sólamente queda Bécquer: una réplica débil del primer Heine... Luego de este panorama general, ocurre un hecho que creo que no se debe ocultar: cuando todo se renueva, sobre todo por influencia de Francia (la obra de Hugo, de Verlaine, de Poe -Poe también nos llegaba de Francia, porque entonces Francia era la forma para que se pudieran comunicar dos países americanos-), esa renovación se hace desde este lado del Atlántico y no desde España. Si usted piensa en Rubén Darío, en Freire, en Lugones: son poetas no inferiores y ciertamente anteriores a los Machado y a Juan Ramón Jiménez. . . JORGE LUIS BORGES, recogido por Esteban Peicovich en Borges, el palabrista, Libertarias/Prodhufi, Madrid, 1995, págs. 107 y 108