Quevedo sobre Góngora (16)

 CONTRA DON LUIS DE GÓNGORA


Ya que coplas componéis,


ved que dicen los poetas


que, siendo para secretas,


muy públicas las hacéis.


Cólica dicen tenéis,


pues por la boca purgáis;


satírico diz que estáis;


a todos nos dais matraca:


descubierto habéis la caca


con las cacas que cantáis.


De vos dicen por ahí


Apolo y todo su bando


que sois poeta nefando


pues cantáis culos así.


Por lo cual me han dicho a mí


que desde hoy en adelante


diga que obras vuestras cante,


por el mandado de Apolo,


con el son de un rabel sólo,


un rabadán ignorante.


No hay música donde estén


vuestros inmundos trabajos:


que si suenan bien los bajos,


los tiples no suenan bien.


Y cuando tonos les den


de los que el vulgo levanta,


¿cuál hombre o mujer que canta,


si tiene cabeza cuerda,


a pies de coplas de mierda,


hará pasos de garganta?


Con Esgueva es vuestro enojo;


nombre de sucio le dan,


siendo, de puro galán,


todos sus males de ojo.


Con mucha razón me arrojo:


que sólo los bien nacidos


celebramos atrevidos;


que en otra conversación,


por ser sucios, como son,


no pueden ser admitidos.


Vuestros conceptos alabo,


pues, de pura buena pesca,


los hacéis a la gatesca,


pues los hacéis por el rabo.


Tenéis un ingenio bravo,


hacéis cosas peregrinas,


vuestras coplas son divinas;


sino que dice un dotor


que vuestras letras, señor,


se han convertido en letrinas.


Que alabe será muy justo


vuestras coplas mi voz sola,


pues por ser todas de cola,


se pegan a cualquier gusto.


Desde el scita al negro adusto,


y desde el Tajo dorado


al Nilo tan celebrado,


no hay ingenio tan machucho


ni crecido; mas ¿qué mucho,


si crece de estercolado?


Son tan sucias de mirar


las coplas que dais por ricas,


que las dan en las boticas


para hacer vomitar.


Un nombre os ando a buscar


que os venga derechamente,


y hallo que os llama un valiente,


que de Córdoba os conoce,


poeta de entre once y doce,

que es cuando vacia la gente.


¿Adónde hallaréis excusa


para lo que vemos todos,


pues fue en verano y sin lodos


tan rabiosa vuestra musa?


Si acaso Circe o Medusa,


o juntas ambas a dos,


os han mudado, por Dios,


que olvidéis tal prelacía


antes que la pulicía


venga a conocer de vos.


Yo, por mí, no pongo duda


en que las coplas pasadas,


según están de cagadas,


las hicisteis con ayuda.


Más valdrá que tengáis muda


la lengua en las suciedades;


dejad las ventosidades:


mirad que sois en tal caso


albañal por do el Parnaso


purga sus bascosidades.


FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética III, Parte I, Sátiras personales, Castalia, Madrid, 2001, págs. 228-231, edición de José Manuel Blecua