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Huerta sobre Whitman

La tradición romántica nos ha legado una imagen plenamente positiva, afirmativa, de los poetas. No todos la comparten. (...) Un ejemplo mayúsculo del siglo XIX para ilustrar una circunstancia actual es el de Walt Whitman y su profetismo filodemocrático. Éste era en el fondo una emanación imperial y republicana. He aquí unas palabras “romanas” de Whitman (“romanas” en el peor sentido imaginable); pueden leerse en Democratic Vistas, el panfleto whitmaniano de 1871. Escribe ahí el poeta de Leaves of Grass cómo la individualidad en Estados Unidos habrá de vestirse con ropajes “imperiales y republicanos”. Todo el texto está lleno de afirmaciones semejantes, indignas del poeta visionario de quien tantas cosas aprendieron Borges y Neruda, sus discípulos latinoamericanos.

En cuanto a México, Whitman escribió en 1846, cuando se declaró la guerra entre Estados Unidos y México: “¿Qué tiene que ver México, miserable e ineficiente —con sus supersticiones, su burla de la libertad, su tiranía actual de los pocos sobre los muchos—, qué tiene que ver con la gran misión de poblar el nuevo mundo con una raza noble? ¡Nos toca a nosotros culminar esa misión!”

La hostilidad contra los braceros y los mexicanos en general tienen aquí un antecedente ilustre, pero no por ilustre menos repulsivo.

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DAVID HUERTA, revista Hoja por hoja, Nº 137, Octubre 2008

Bolaño sobre Neruda

 A mí Neruda me gusta bastante, tal como lo digo en ese cuentito. Un gran poeta americano. Muy equivocado, por otra parte, claro, como casi todos los poetas. No era el sucesor de Whitman, en muchos de sus poemas, en la estructura de esos poemas, sólo podemos ver ahora a un plagiario de Whitman. Pero la literatura es así, es una selva un poco pesadillesca en donde la gran mayoría, la inmensa mayoría de escritores son plagiarios. Hay algunos jóvenes con voz propia, pero no saben escribir, lo que es un desastre. Entonces esos jóvenes van a los talleres literarios o a la universidad para aprender a escribir y cuando ya saben escribir no tienen voz propia. En fin, qué le vamos a hacer. Neruda, en algún momento de su vida, pensó que él era el paradigma del poeta, y se equivocó. Pero la verdad es que todos los poetas, en algún momento de sus vidas, se creen la muerte.


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ROBERTO BOLAÑO, Siempre quise ser un escritor político, entrevista de DEMIAN OROZS, La voz del interior, vía sololiteratura.com, 26 de diciembre de 2001

Borges sobre Baroja

El escritor, según él y según sus críticos, no se puede leer. Es inútil. Uno lee y lee un libro así y no saca nada. Más aceite da un ladrillo. Baroja es la decadencia de Montaigne. O de Whitman. El libro se basa en la suposición de que todo lo que le pasa a un hombre es encantador. Pero Montaigne, o Whitman, o Bloy, están más estilizados. [...] Baroja está como un objeto. Sí, como un asado en un asador. Y no creas que tiene rigor para pensar. Dice que la vida de un carpintero puede ser más interesante que la de un militar, escrita (esta última) con una retórica manida. Lo de la retórica manida es inútil; está de más; perjudica su argumento. Si quiere decir que la vida más simple puede ser más interesante que la más compleja, no debe agregar lo de la retórica manida; yo creo que él quiere decir que a veces, y escritas de igual modo, la más simple puede ser la más interesante. ¿O quiere decir que la vida militar sólo puede escribirse con una retórica manida? ¿Por qué? La vida de Lawrence, en Los siete pilares de la sabiduría, está escrita con retórica, pero no manida. Se ve que ha leído muy poco. Todo el tiempo uno cree que la frase lo va a llevar a determinada cita, a determinado verso o párrafo; uno los espera, Baroja pasa muy cerca, pero pasa de largo". JORGE LUIS BORGES, recogido por Adolfo Bioy Casares en Borges, Destino, Barcelona, 2006, pág. 667

Santayana sobre Whitman


Confieso que no me gusta la poesía palabrera y arrogante, la poesía que se enfurece y predica. Walt Whitman no menos que otros. Cuando un retórico compone largos poemas sobre Dios, Satanás, el Universo, las Labores Agrícolas, el Amor, la Libertad o la Revolución, yo no digo que no pueda estar exponiendo verdades importantes, aunque lo dudo, ni que su sentimiento moral deje de parecer edificante a los de su propia secta; pero digo que no es un poeta. Va cargado.


GEORGE SANTAYANA, fragmento de El último puritano, recogido por Juan Ramón Jiménez en Vida. Volumen 1: Días de mi vida, Pre-Textos, Valencia, 2014, págs. 525 y 526.