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Algren sobre Beauvoir (3)

Nelson Algren fue la única persona que aireó públicamente su ira contra las memorias de Beauvoir. América día a día y Los mandarines ya habían puesto a prueba su tolerancia. “Hacer pública una relación existente entre dos personas es destruirla –le dijo a un entrevistador–. Mire, lo grande del amor sexual es que te permite convertirte en ella y a ella convertirse en ti, pero si compartes la relación con todo el mundo que puede permitirse comprar un libro, la reduces; ya no tiene sentido. Es bueno para el negocio editorial, supongo, pero desde luego uno pierde el interés por el otro.”

HAZEL ROWLEY, Sartre y Beauvoir, Lumen, Barcelona, 2006, traducción de Montse Roca, pág. 443

Algren sobre Beauvoir (2)

"Cuando llegues a París, ve a ver a Simone de Beauvoir", me insistió una vez un pseudointelectual. La gente afirmaba que era, cosa sorprendente en una buena escritora, moralista, sin sentido del humor y tiránica. Me gustó ser el único que se dio cuenta de que no era una buena escritora. 

NELSON ALGREN, recogido por Hazel Rowley en Sartre y Beauvoir, Lumen, Barcelona, 2006, traducción de Montse Roca, pág. 445

Algren sobre Beauvoir

Ningún cronista de nuestras vidas, desde Theodore Dreiser, ha combinado de manera tan constante la pasión por la justicia humana con una sosería tan asfixiante como madame De Beauvoir. Mientras otros escritores regañan de manera amable al lector, ella le aplasta la nariz contra la pizarra, le pincha con su regla de treinta centímetros y le advierte que, si no empieza a comportarse como un adulto, va a contener la respiración mientras lo hace…

Cuando madame tiene razón, tiene toda la razón. Y cuando se equivoca es ridícula…

El mundo de madame De Beauvoir, que describe con infinita exactitud, es una imagen reflejada; nadie ha vivido nunca tras ese espejo. Razón por la cual todos los personajes de sus novelas, aunque están sacados de la vida real, no están vivos en las páginas impresas…

NELSON ALGREN, recogido por Hazel Rowley en Sartre y Beauvoir, Lumen, Barcelona, 2006, traducción de Montse Roca, págs. 445 y 446

Beauvoir sobre Montherlant


“Como el burro de las norias árabes, giro y giro, ciegamente y marchando sin cesar sobre mis huellas. Pero no saco agua fresca.” Hay poco que añadir a esta confesión que firmaba Montherlant en 1927. El agua fresca nunca brotó. Quizá Montherlant hubiera debido encender la hoguera de Peregrinus: era la solución más lógica. Prefirió refugiarse en su propio culto. En lugar de entregarse a este mundo que no sabía fertilizar, se contentó con mirarse en él; y ordenó su vida en función del interés de este espejismo visible solo para sus ojos. “Los príncipes se sienten cómodos en cualquier circunstancia, incluso en la derrota”, escribió, y porque se complace en la derrota, se cree rey. Ha aprendido de Nietzsche que “la mujer es el entretenimiento del héroe” y cree que basta con entretenerse con mujeres para ser consagrado héroe. Y el resto por el estilo. Como dice Costals: “En el fondo, ¡menuda risa!”


SIMONE DE BEAUVOIR, El segundo sexo, Vol. I: Los hechos y los mitos, Ediciones Cátedra, Madrid, 2000, traducción de Alicia Martorell