Mostrando entradas con la etiqueta Paz Octavio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paz Octavio. Mostrar todas las entradas

Paz sobre Sade


El toreo de Buñuel es un discurso filosófico y sus películas son el equivalente moderno de la novela filosófica de Sade. Pero Sade fue un filósofo original y un artista mediano: ignoraba que el arte, que ama el ritmo y la letanía, excluye la repetición y la reiteración.


OCTAVIO PAZ, Fundación y disidencia, Obras Completas II, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2000, pág. 960.

Garro sobre Paz


¿El Premio Nobel a mí? ¡Uy, no, hombre! Fui una muchachita majadera, muy majadera. Él [Octavio Paz] cuidaba su carrera, caravanas aquí, caravanas allá. Buscó siempre el ascenso. Yo no he hecho más que meter la pata.


ELENA GARRO, recogido por Elena Poniatowska en Elena Garro: la partícula revoltosa, incluido en Las siete cabritas, Txalaparta, Tafalla, 2001, pág. 99.


Paz sobre Fuentes


Haces mal en despreciar a Carlos Fuentes: su libro es un best-seller (va en la tercera edición) y parece que lo publicarán en Nueva York. Ahora escribe su segunda novela. Frente a esto ¿qué importan la confusión, los ecos, las repeticiones, los párrafos más recordados que escritos, más leídos que pensados y todo lo demás que se podría decir? A mí también me asombró su libro. Le tenía estimación, lo quería, creía en él, ¿cómo era posible que hubiera escrito eso? Pero eso –y esa fue mi segunda sorpresa– tuvo un gran éxito. Mis sentimientos frente a Fuentes son ambiguos –fue amigo mío, muy amigo; después de la novela, dejé de verlo; ahora nos hemos vuelto al ver. No puedo evitar quererlo; no puedo evitar que me irrite... y me defraude.


OCTAVIO PAZ, fragmento de una carta a José Bianco enviada en 1958, recogida por Guillermo Sheridan en Concordia: Las cartas de Octavio Paz a José Bianco, Cuadernos Hispanoamericanos, Nº 765, Marzo 2014, págs. 11 y 12.

Borges sobre Neruda


Miércoles, 5 de junio de 1963. […] BORGES: “¿No habrá franceses que escriban poemas tan insensatos como los de Neruda? ¿Vos creés que allá también habrá santones, como acá? Qué absurda la idea de Heredia, de suponer que de toda la Historia sólo quedarían cuadritos. Ese poema grotesco de Rimbaud sobre el cura, ¿no está bien? (Pausa) Aunque no está muy bien... En cuanto a Baudelaire, todo es tan feo y tan lujoso... Wilde, que no era buen poeta, hacía lo mismo, pero un poco en broma. Poe, que tampoco era buen poeta, se le parecía mucho. Bueno, tal vez Poe sea un poco mejor”. BIOY: “No creo. Todo es demasiado fabricado”.

Leemos a Apollinaire. BORGES: “Es muy casual. Llevado por la rima puede tomar para cualquier rumbo. En sus mejores momentos está muy bien: en "La jolie rousse", en "Cors de chasse" hay versos que uno quisiera repetir. En Neruda no hay versos que uno quisiera repetir. Además, si uno lee a Apollinaire, tiene la impresión de que, por momentos al menos, siente lo que dice y lo dice porque quiere. Neruda no ha de recordar sus propios poemas. Nadie puede recordarlos, y si alguien se los leyera y salteara un verso, Neruda no se daría cuenta... Apollinaire puede ser sentimental. Los franceses no temen ser sentimentales, y lo hacen bien. Escribe sus versos con un poco de descuido, por momentos como si no le importaran mucho. Eso está bien. Los argentinos (y sudamericanos) que lo imitan son más secos: los poemas les resultan muertos. Apollinaire es un poeta que uno puede admirar, pero no respetar mucho”. BIOY: “Y hasta querer un poco”. BORGES: “Neruda cambia de estilo y de tono en un poema, sin darse cuenta. Es un bruto. Empieza bien el poema sobre Walt Whitman porque sin duda le quedó en el oído el ritmo de versos de Whitman que estaría leyendo, pero después llega al disparate y de pronto se le llena de negros el poema, que se convierte en otro: en un poema contra los Estados Unidos. Es un discípulo de Lorca, mucho peor que Lorca. El mejor Lorca es el que escribe poemas andaluces y gitanos. Cuando creyó que podía escribir de todo, cuando escribió los versos libres de Poeta en Nueva York, escribió poemas horribles. Estos poetas, en cierto modo, son muy hábiles. No se les puede acusar de insensatos, porque están jugando a ser insensatos. De todos modos, una barba con mariposas o una barba marinera son ridiculeces bastante feas”. BIOY: “Neruda gusta porque a veces es cursi sin asco. Gusta a gente a quien gusta Pedro Miguel (que es mucho mejor), pero que sabe que Pedro Miguel está desacreditado. Aquí pueden abandonarse al placer de la cursilería, porque viene entre modernidades feas y concretas, que les garante que el poeta no es cursi, sino moderno”. BORGES: “Pero, ¿cómo les gusta? Esa gente ¿nunca leyó un buen poema de Bécquer? ¿Ignora el placer que da un buen poema? Yo creo que Neruda está por debajo de Molinari. Siquiera Molinari es un poco misterioso”. BIOY: “Octavio Paz, con dolor en el alma, condenaba en Neruda al hombre y admiraba al poeta. Estaba muy apenado”.

Leemos poemas de Neruda y de Paz. Los de Paz, no libres de fealdades y estupideces, parecen mejores. BORGES: “En la "Oda a Lorca", Neruda hacia el final habla de su melancolía de hombre varonil. Está escribiendo sobre un manflora y que no vayan a confundirlo: qué miseria. Incomparablemente mejor es el poema de Machado sobre la muerte de Lorca: tiene inspiración. Yo le decía a Amorim que el poema de Martínez Estrada sobre Whitman era mejor que el de Neruda. "¿Cómo vas a comparar —me preguntaba— a ese viejo confuso con un gran poeta?" Yo le decía: "Olvidate de Martínez Estrada, olvidate de Neruda: leé los poemas, compará los poemas". El pobre Amorim no tuvo suerte. Era muy cordial, muy amigo de todos, pero no creo que Neruda ni nadie lo recuerde...”.


ADOLFO BIOY CASARES, Borges, Destino, Barcelona, 2006, págs. 893-895.

Paz sobre Góngora


Las fábulas, abundantes en signos, podrían considerarse poemas extensos. Sin embargo, por su carácter mismo, son episodios desprendidos del gran libro de la mitología. Casi todas están inspiradas en las Metamorfosis de Ovidio. La más famosa de todas, la Fábula de Polifemo y Galatea, es uno de los poemas más perfectos de la poesía europea pero ¿es un poema extenso? Lo distintivo no es únicamente el número de líneas sino el desarrollo: las divisiones entre las distintas partes y los enlaces y articulaciones entre ellas. El poema extenso debe satisfacer una doble exigencia: la de variedad dentro de la unidad y la de la combinación entre recurrencia y sorpresa. No encuentro en las Soledades desarrollo sino acumulación —a veces deslumbrante, otras fastidiosa y siempre prolija— de fragmentos y detalles. Hace mucho quería decirlo y ahora me atrevo: las Soledades es una pieza de marquetería sublime y vana. Es un poema sin acción y sin historia, plagado de amplificaciones y rodeos divagantes; las continuas digresiones son a veces mágicas, como pasearse por un jardín encantado, pero la repetición de maravillas termina por resultar tediosa. Hay visiones fascinantes y charadas fútiles: ¿cuál es el aroma que “traducido mal por Egipto,/ tarde lo encomendó el Nilo a sus bocas”? En fin, ¿se puede leer con entusiasmo a las Soledades? Entusiasmo: la marca de la poesía, su señal de nacimiento, el furor divino.

La composición de las Soledades es nula. Composición en el sentido en que la Eneida y la Divina Comedia, las Coplas a la muerte del maestro Santiago y El preludio, el Canto a mí mismo y Un lance de dados son obras compuestas, cualquiera que sea su género. El Polifemo, que es para mí el mejor poema de Góngora, está concebido con mayor fortuna; tal vez porque en este caso el poeta cordobés siguió fielmente a Ovidio. La acción es condensada y rápida como en el poeta latino pero la verdadera originalidad de Góngora está en el lenguaje, que es prodigioso, y en su visión paradisíaca del mundo natural. Los personajes de Góngora nos impresionan por sus dimensiones sobrehumanas pero su Polifemo no nos hace reír como el de Teócrito ni nos conmueve como el de Ovidio: nos asombra. Lo mismo debe decirse de Acis y su fin desdichado o de la hermosa Galatea y su pasión: nos maravillan sin conquistar nuestra complicidad sentimental o emocional como los otros héroes de la literatura. No son personas ni personajes: son figuras. El mundo de Góngora no es el teatro de las pasiones humanas o el de las batallas y amores de los dioses. Es un mundo estético y sus criaturas, tejidas por las palabras, son reflejos, sombras, centelleos, engaños adorables y efímeros. ¿Qué queda después de la lectura? Queda una naturaleza transfigurada en lenguaje. Queda la hermosura...

La influencia de Góngora fue inmensa. Enriqueció al vocabulario y nos enseñó a ver y a combinar lo que vemos de una manera a un tiempo inusitada y sensual; en cambio, no nos dio una visión del ser humano ni de este mundo y sus trasmundos. Tampoco nos enseñó a componer, en la acepción más inmediata de la palabra: formar un todo con cosas diversas. Fue muy imitado y, sin embargo, esa influencia no produjo ninguna obra considerable, excepto Primero sueño de sor Juana Inés de la Cruz. El poema de la poetisa mexicana es gongorino y, al mismo tiempo, es la negación de Góngora y su estética: es una visión del mundo y del espíritu humano perdido en la vastedad universal.


OCTAVIO PAZ, fragmento de Contar y cantar: sobre el poema extenso, incluido en La otra voz (Poesía y fin de siglo), Barcelona, Seix Barral, 1990, págs. 22 y 23.

Saramago sobre Paz


JUAN RAMÓN IBORRA: El último Nobel ha recaído en un hispanohablante…
JOSÉ SARAMAGO: Es el séptimo, y alguno de ellos no se entienden, por ejemplo José de Echegaray. A Octavio Paz no lo conozco para decir si se lo merece. No me es simpático, pero no tengo derecho a decir si el premio es injusto.

JRI: ¿Por qué no le es simpático Octavio Paz?
JS: Por sus actitudes, su modo de estar en el mundo. No me interesa su anticomunismo, su antisocialismo, porque estoy en otra área.


JOSÉ SARAMAGO, entrevistado por Juan Ramón Iborra y recogido en Confesionario, Ediciones B, Barcelona, 2001, pág. 15.