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Benedetti sobre Lezama Lima


Lezama Lima siempre ha sido altamente estimado, a nivel latinoamericano, por una élite intelectual que a menudo se envanece de su propia admiración, como si el mero hecho de entender a Lezama les otorgara una patente de talento y erudición. Primer malentendido. Si bien Lezama es —de ello no cabe duda— un poeta difícil, solo en raras ocasiones resulta absolutamente impenetrable.

Quizá deba empezar por admitir que, cuando en algún reportaje me preguntan por mis poetas, nunca incluyo a Lezama Lima. Siempre he hallado que se levanta un muro entre su poesía y mi atención de lector, pero ese muro no es precisamente el hermetismo, sino cierta extraña sensación de que la poesía es en él una empresa estrictamente privada, un enfrentamiento entre esa mirada fija o retador desconocido, que, según Lezama, es la poesía, y el poeta que acepta su reto y la resiste. 


MARIO BENEDETTI, fragmento de Lezama Lima, más allá de los malentendidos, artículo de 1976 recogido en El ejercicio del criterio, Alfaguara, 1995, Madrid, pág. 242.

NOTA DE LA ADMINISTRACIÓN: Sin embargo la consideración general que la obra de Lezama Lima merece a Benedetti es muy positiva (AQUÍ)

Etxebarría sobre Salinger


Se muere Salinger. Los medios le dedican más páginas que a Francisco Ayala y Benedetti juntos. Cualquiera de los dos autores ha escrito más y mejor que Salinger. Esta afirmación puede ser discutible. Pero es que, además, han escrito en mi lengua.

Me sorprende mucho leer en un diario de difusión nacional que "Salinger, harto de editores, críticos y medios de comunicación decidió que quería seguir siendo un escritor al que la gente conoce por sus obras y punto". Y que por eso se retiró a un pueblecito. Si yo pudiera vivir sólo de mis libros, sin necesidad de promocionarlos, también me retiraría a una casita en Mundaka, pero eso sólo les sucede a los escritores yankis, que pueden no sólo vender en un país de 300 millones de habitantes, sino contar con una inmensa maquinaria promocional -imperialismo cultural se llama- que permite que se te traduzca de forma casi inmediata en medio mundo y que cuando te mueras tu necrológica supere en extensión a la de cualquier escritor local, pese a que en EE UU prácticamente no se publiquen ni se traduzcan las obras de autores extranjeros. Salinger podía permitirse tan retirada vida porque era millonario. Ayala no. Ya de paso, si nos atenemos a las memorias de su primera mujer, su amante y su hija-coinciden las tres en lo esencial- descubrimos que tenía un carácter neurótico, violento a veces, con muchos problemas de relación. Cierro con el título de mi novela, y de paso me hago promoción. Ha quedado demostrado una vez más: lo verdadero es un momento de lo falso.


LUCÍA ETXEBARRÍA, Verdades a medias, ADN.es Opinión, 15 de febrero de 2010.