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Paz sobre García Márquez
Gómez de la Serna está presente en nuestra literatura. Por ejemplo, es uno de los antecedentes de García Márquez. El mismo amor a la imagen descomunal y absurda, no el humor negro sino la fascinación, muy hispánica, por lo grotesco y lo monstruoso, por los extremos y los "colmos". Por supuesto, hay una diferencia radical entre Gómez de la Sema y García Márquez: el primero es un inventor mientras que el segundo es un popularizador. El lenguaje atomizado de Gómez de la Serna es el lenguaje de la explosión: con él comienza la prosa moderna en español. La prosa de García Márquez es esencialmente académica, es un compromiso entre el periodismo y la fantasía. Poesía aguada. Es un continuador de una doble corriente latinoamericana: la épica rural y la novela fantástica. No carece de habilidad pero es un divulgador o, como llamaba Pound a este tipo de fabricantes, un diluter.
OCTAVIO PAZ, entrevistado por Julián Ríos para Sólo a dos voces, Barcelona, 1973, recogido en Gabriel García Márquez. Testimonios sobre su vida. Ensayos sobre su obra, Siglo del hombre editores, Colombia, 1992, selección y prólogo de Juan Gustavo Cobo Borda, pág. 133.
Sánchez Dragó sobre Cela y Gómez de la Serna
Cine y literatura narrativa. Sigo dando vueltas a ese matrimonio morganático. Es el último paso de tuerca. Sólo un divertimento…
Lo primero –el cine– no existiría sin lo segundo. Quizá por eso tantos escritores se han interesado, e incluso dedicado, al séptimo arte.
Ramón Gómez de la Serna, en los años 20, escribió un libro (Cinelandia) en el que la novela y el cine se convertían en mancomunada fuente de greguerías y frases más o menos chispeantes…
Sobre el patio de butacas: “Al cine hay que ir bien peinado, sobre todo por detrás”.
A propósito de la pantalla: “La máquina de coser es el aparato cinematográfico de las sábanas blancas”.
O bien: “La pantalla cinematográfica debe tener la anchura de una sábana matrimonial, ya que al final de casi todas las películas se casan sus protagonistas”.
Y esta otra, incomprensible (al menos para mí): “Dos senos y un jersey”. ¿Por qué no una blusa o un sujetador? ¿O, mejor aún, dos tetas y dos manos? No sugiero que sean las mías.
“Al entrar en las puertas giratorias miramos hacia atrás, por si viene Charlot.” Psch.
Creo que Ramón es un escritor sobrevalorado. Literatura, la suya, menor, excepto en Automoribundia, por serlo, mayormente, de ocurrencias.
Con Cela sucede algo parecido.
Realidad y ficción, cine y literatura, y una última greguería: “El cine es la mentira de la verdad”. Eso sí que está bien, diría Antonio Machado…
FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ, También la verdad se inventa, Dragolandia, El Mundo, 17 de febrero de 2012 (AQUÍ)
Carmen Baroja sobre Ortega y Gómez de la Serna
Yo no sé lo que era ser filósofo, tampoco sabría cómo eran. A unos me los figuro con toga y barbas, la cabeza de escayola. A otros, con levitones y chisteras peludas; a algunos, con casaca y peluconas blancas. Siempre serios, graves y sesudos. ¡Lo que nunca me figuré es que hubiera un filósofo con americanita de trabilla y el pelo queriendo disimular la calva! Ortega y Gasset, a pesar de su maravillosa manera de hablar y de su no menos maravillosa manera de escribir, me pareció siempre en su vida el colmo de la cursilería.
Y lo malo es que esa cursilería enfática la ha transmitido a sus discípulos, y así vemos en estos tiempos calamitosos a todos estos pollos que llaman jerarcas, todos discípulos del gran don José y naturalmente tan cursis como él, inflados y majaderos.
El esnobismo en las mujeres tiene otro matiz; éste me parece muy bien. A las mujeres, no siendo demasiado exagerado, las hace más divertidas y por lo menos dejan de hablar de las criadas y de los trajes para hacerlo de algo más agradable, aunque a veces dé risa. Pero las ideas y la cursilería que han heredado del gran don José sus adeptos han tenido consecuencias terribles para España. Todos estos pollos fascistas son sus legítimos herederos, amamantados con sus teorías, y siempre con la cara vuelta a la última moda, o sea, al sol que más calienta.
págs. 195 y 196
Ese Gómez de la Serna era un tipo un poco ridículo -creo que es, porque debe [de] vivir en América- y un amargado, aunque no le he hablado nunca. Parecía una señora de aquellas que se disfrazaban de hombre en Carnaval, de las que tienen un culito redondito y unas caderas salientes. Creo que en la época de sus éxitos en el Café de Pombo, en Madrid estaba todo algo desorbitado, empezando por la fama de Solana, que ha pintado algunos trozos de cuadro verdaderamente bien y a quien indudablemente se le ocurrían cosas absurdas y raras, algunas con esa gracia que tiene lo horrible; pero en general, y aparte de esa vena genial que tenía, era un pintor desagradable y que hacía una pintura negra y basta, aunque muy del gusto de lossnobs actuales.
Volviendo a Gómez de la Serna, que tenía la enorme originalidad de ser el único Ramón que había en el mundo, creo que todo lo que escribía era tan original como esto pero, a fuerza de querer serlo, algunas veces conseguía hacer comparaciones que resultaban extrañas, algo como los colmos que estuvieron hace años de moda: "¿En qué se parece un tragón a una pantera de Java? En que la pantera dejaba algo y el tragón no deja nada...".
Pero el gran don José, otra estrella que también ha quedado con poco rabo, dio en decir que era genial y alguna gente lo repitió después. Luego él se encargó de andar en los circos y de hacer algunas majaderías...
págs. 201 y 202
CARMEN BAROJA Y NESSI, Recuerdos de una mujer de la generación del 98, Tusquets, Barcelona, 1998
*Carmen Baroja fue hermana de Ricardo y Pío Baroja, y madre de Julio y Pío Caro Baroja
César Vallejo sobre Valéry, France, Pirandello y Gómez de la Serna
El literato a puerta cerrada no sabe nada de la vida. La política, el amor, el problema económico, el desastre cordial de la esperanza, la refriega directa del hombre con los hombres, el drama menudo e inmediato de las fuerzas y direcciones encontradas de la realidad, nada de esto sacude personalmente al escritor de puerta cerrada. Producto típico de la sociedad burguesa, su existencia es una afloración histórica de intereses e injusticias sucesivas y heredadas hacia una célula estéril y neutra de museo. Es una momia que pesa pero no sostiene. Este infecto plumífero de gabinete es, en particular, hijo directo del error económico de la burguesía. Propietario, rentista, con prebendas o sinecuras de Estado o familia, el pan y el techo le están asegurados y puede escapar a la lucha económica, que es incompatible con el aislamiento individual. Tal es el más frecuente caso económico del literato de gabinete. Otras veces, el escriba se nutre el estómago de un tácito sentido económico, heredado de la psicología de clase de que procede. Carece entonces de renta, como vulgar parásito de la sociedad, pero disfruta de un temperamento que le permite practicar una literatura de gran cotización. ¿Cómo? "El artista —escribe Upton Sinclair— que triunfa en una época, es un hombre que simpatiza con las clases remantes de dicha época, cuyos intereses e ideales interpreta, identificándose con ellos". En una sociedad de aburridos regoldantes y de explotadores satisfechos, que, como decía Lenin, "enferman de obesidad", la literatura que más place es la que huele a polilla de bufete. Cuando la burguesía francesa fue más feliz y satisfecha de su imperio, la literatura de mayor prestancia fue la de puerta cerrada. A la víspera de la guerra, el rey de la pluma fue Anatole France. Hoy mismo, en los países donde la reacción burguesa se muestra más recalcitrante, como en la propia Francia, en Italia y en España, —para no citar sino países latinos— los escritores en boga son Paúl Valéry, Pirandello y Gómez de la Serna, cuyas obras contienen, en el fondo, una evidente sensibilidad de gabinete. Ese refinamiento mental, ese juego de ingenio, esa filosofía de salón, esa emoción libresca, trascienden a lo lejos al hombre que se masturba muellemente, a puerta cerrada.
Frente a esa literatura de pijama, que como el arte confinado de las piezas cerradas tiende actualmente hacia arriba pero para evaporarse, también con ese aire muy pronto se agolpa a los pulmones naturales del hombre, la libre inmensidad de la vida.
CÉSAR VALLEJO, Variedades, 1928, recogido por José Carlos González Boixo en César Vallejo y la vanguardia poética, incluido en La modernidad literaria en España e Hispanoamérica, de Carmen Ruiz Barrionuevo y César Real Ramos, Ediciones Universidad de Salamanca, 1995, Salamanca, pág. 220.
Carpentier sobre Gómez de la Serna
Divinas palabras es obra mucho más avanzada (¡por algo ha tenido tal éxito teatral, recientemente, en Francia e Italia!) que los ingenuos vanguardismos de un Antonio Espina o de un Jarnés –por no hablar de las vanas y aburridas greguerías de un Gómez de la Serna, de las que nada queda, pese a los entusiasmos retrospectivos de algunos. Gómez de la Serna no pasa de ser un episodio histórico –minimomento histórico– en el panorama de los años veinte...
ALEJO CARPENTIER, entrevista de Excilia Saldaña, incluida en Entrevistas: Alejo Carpentier, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1985, pág. 347.
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