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Vittorini sobre Steinbeck

La forma como Steinbeck puede encadenar centenares y centenares de páginas en cuanto se dedica a describir, tras abandonar todo esfuerzo de la imaginación, los acontecimientos más obvios de la lucha social en los Estados Unidos, siempre ha indicado –ya fuera con La batalla o Las uvas de la ira– que sus verdaderas capacidades son de naturaleza secundaria: literaria en lugar de poética, demostrativa en lugar de exploradora, divulgativa en lugar de creativa (…). La suya es una escritura análoga a la de los escritores oficiales soviéticos de la época de Stalin: un Ehrenburg, un Fedeiev y una Panova. No vio nuevos fermentos en las luchas sociales de los Estados Unidos (…). No vio en ellas otra cosa que lo que vieron los intelectuales progresistas de la época de Roosevelt. Explicó al pueblo, en forma de novela, exactamente lo que en ellas vieron los políticos del New Deal. .. . ELIO VITTORINI, Diario en público, Gadir, Madrid, 2008, págs. 334 y 335

Buñuel sobre Steinbeck

Detesto a muerte a Steinbeck, en particular a causa de un artículo que escribió en París. Contaba –seriamente– que había visto a un niño francés pasar ante el Palacio del Elíseo con una barra de pan en la mano y presentar armas con ella a los centinelas. Steinbeck encontraba este gesto “conmovedor”. La lectura del artículo me encolerizó. ¿Cómo se puede tener tanta vergüenza? Steinbeck no sería nada sin los cañones americanos. Y meto en el mismo saco a Dos Passos y Hemingway. ¿Quién les leería si hubiesen nacido en Paraguay o en Turquía? Es el poderío de un país lo que decide sobre los grandes escritores. Galdós novelista es con frecuencia comparable a Dostoievski. Pero, ¿quién le conoce fuera de España? LUIS BUÑUEL, Mi último suspiro, Mondadori, Barcelona, 1982, pág. 261. Traducción de Ana Mª de la Fuente

Pamuk sobre la literatura comprometida


ENTREVISTADOR: Cuando dice «la generación previa», ¿a quiénes se refiere?
ORHAN PAMUK: A autores que sentían una responsabilidad social, autores que sentían que la literatura debía servir a la moral y a la política. Eran realistas planos, no experimentales. Como los escritores de tantos países pobres, desperdiciaron su talento intentando servir a su nación. Yo no quería ser como ellos porque incluso de joven había disfrutado con Faulkner, Virginia Woolf y Proust, y nunca aspiré al modelo social-realista de Steinbeck y Gorky. La literatura producida en los sesenta y setenta empezaba a dejar de estar de moda, así que fui bien recibido como autor de una nueva generación.


ORHAN PAMUK, fragmento de la entrevista concedida a Paris Review recogida en Otros colores, Random House Mondadori, Barcelona, 2008, traducción de Rafael Carpintero, pág. 421.