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Brodsky sobre Solzhenitsin


Un gran escritor es el que agranda la perspectiva de la sensibilidad humana, el que muestra una oportunidad, una pauta que seguir a quien ya no sabe qué hacer ni adónde ir. Después de Platónov, lo más cerca que estuvo la prosa rusa de producir esa clase de escritor fue con Nadiezhda Mandelstam, con sus memorias, y, en menor medida, con Alexandr Solzhenitsin, con sus novelas y prosa documental. Me permito poner a este gran hombre en el segundo puesto en gran medida por su aparente incapacidad para discernir tras el sistema político más cruel de la historia del cristianismo el fracaso humano, por no decir el del propio credo (¡para que luego hablen del severo espíritu de la religión ortodoxa!). Dada la magnitud de la pesadilla histórica que describe, esa incapacidad en sí misma es lo suficientemente espectacular para que sospechemos una dependencia entre conservadurismo estético y resistencia a la idea de que el hombre es radicalmente perverso. Aparte de la consecuencia estilística para la escritura, la negativa a aceptar dicha idea contribuye a la recurrencia de dicha pesadilla a la luz del día... en cualquier momento.


JOSEPH BRODSKY, fragmento de Catástrofes en el aire, recogido en Menos que uno: Ensayos escogidos, Ediciones Siruela, Madrid, 2006, traducción de Carlos Manzano, pág. 258.

Vidal sobre Solzhenitsin


MIJAIL SKAFIDAS: Otros escritores, como Alexandr Solzhenitsin, comparten su pesimismo, pero lo achacan a la pérdida de Dios y la religión en nuestras vidas cotidianas.
GORE VIDAL: Gracias a Dios hemos perdido a Solzhenitsin. Es el peor novelista de nuestra época en todos los aspectos, como escritor de relatos y desde el punto de vista intelectual y filosófico. Cuando hice la crítica de su libro 1914, no podía creerme lo espantoso que era. No me importó Un día en la vida de Iván Denisovich. Ése estaba bien. Solzhenitsin es muy valiente, pero no sabe escribir. Es la clase de hombre que jamás debería acercarse a la literatura, la religión o la política, porque es un ingeniero. Para un ingeniero, todo ha de tener sentido, tiene que encajar o se vuelve loco. Los grandes autores y los grandes políticos tienen una mente divergente: saben que nada tiene sentido.

Jimmy Carter, un ingeniero, fue uno de los peores presidentes de Estados Unidos, porque se metía en los detalles e intentaba darles sentido. Franklin Roosevelt fue uno de los mejores presidentes de Estados Unidos. No tenía ningún plan y no prestaba ninguna atención a los detalles. Se limitaba a dar el salto, y dependía de la suerte y la improvisación. Eso es lo que hacen los grandes novelistas. Solzhenitsin es un escritorzuelo. Lo único que me sorprende es que acabara siendo un escritorzuelo religioso, y no un escritorzuelo comunista.


GORE VIDAL, "Los grandes autores saben que nada tiene sentido", entrevista de Mijail Skafidas para El País, 13 de abril de 1999. Toda la entrevista AQUÍ