BellGuillermo: Objetivamente, ¿qué piensa de "Los detectives salvajes"?
ARTURO PÉREZ- REVERTE: Objetivamente, me aburrí como una cigala hervida.
ARTURO PÉREZ-REVERTE, 50 tuiteos sobre literatura, página web de Zenda Libros (AQUÍ), 3 de julio de 2016
BellGuillermo: Objetivamente, ¿qué piensa de "Los detectives salvajes"?
ARTURO PÉREZ- REVERTE: Objetivamente, me aburrí como una cigala hervida.
ARTURO PÉREZ-REVERTE, 50 tuiteos sobre literatura, página web de Zenda Libros (AQUÍ), 3 de julio de 2016
A mí Neruda me gusta bastante, tal como lo digo en ese cuentito. Un gran poeta americano. Muy equivocado, por otra parte, claro, como casi todos los poetas. No era el sucesor de Whitman, en muchos de sus poemas, en la estructura de esos poemas, sólo podemos ver ahora a un plagiario de Whitman. Pero la literatura es así, es una selva un poco pesadillesca en donde la gran mayoría, la inmensa mayoría de escritores son plagiarios. Hay algunos jóvenes con voz propia, pero no saben escribir, lo que es un desastre. Entonces esos jóvenes van a los talleres literarios o a la universidad para aprender a escribir y cuando ya saben escribir no tienen voz propia. En fin, qué le vamos a hacer. Neruda, en algún momento de su vida, pensó que él era el paradigma del poeta, y se equivocó. Pero la verdad es que todos los poetas, en algún momento de sus vidas, se creen la muerte.
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ROBERTO BOLAÑO, Siempre quise ser un escritor político, entrevista de DEMIAN OROZS, La voz del interior, vía sololiteratura.com, 26 de diciembre de 2001
Comentaba esto con Javier Marías, como digo, mientras despachábamos sendos filetes empanados. No solemos hablar de literatura propia ni ajena, pero esa noche íbamos por ahí. Yo mencioné a Roberto Bolaño. Como ya dije alguna vez en público, es un autor que me parecía -a mí, no a Javier- increíblemente avinagrado y aburrido cuando estaba vivo, y me lo sigue pareciendo muerto. Lo de avinagrado se explica porque en vida nadie le hizo caso ni compró sus libros; eso lo malhumoró mucho y solía meterse con otros autores como si ellos tuvieran la culpa. El caso es que, con el filete empanado a medias, puse a Bolaño como ejemplo. Aparte de que a mí me guste o no, dije, tiene guasa el asunto. Lees algunas columnas de animadores culturales españoles y resulta que Bolaño es imprescindible. Eso, casualmente, ahora que su agente literario le ha montado una bestial promoción post mortem nulla voluptas en Estados Unidos. Podían haberlo dicho cuando estaba vivo y sin agente, digo yo. Ayudándolo a vender más libros y a tener menos mala leche.
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ARTURO PÉREZ-REVERTE, Cuando éramos honrados mercenarios, Alfaguara, Madrid, 2009, págs. 584 y 585