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Proust sobre Balzac


En la actualidad se pone a Balzac por encima de Tolstói. Es locura. La obra de Balzac es antipática, gesticulante, llena de ridiculeces, la humanidad es juzgada en ella por un hombre de letras deseoso de hacer un gran libro, en Tolstói por un dios sereno. Balzac llega a dar la impresión de lo grande, en Tolstói todo es naturalmente más grande, como los cagajones de un elefante al lado de una cabra.


MARCEL PROUST, fragmento de León Tolstói, escrito en ¿noviembre de 1910?, recogido en Escribir: Escritos sobre arte y literatura, Páginas de Espuma, Madrid, 2022, traducción de Mauro Armiño, pág. 155.

Pamuk sobre la literatura comprometida


ENTREVISTADOR: Cuando dice «la generación previa», ¿a quiénes se refiere?
ORHAN PAMUK: A autores que sentían una responsabilidad social, autores que sentían que la literatura debía servir a la moral y a la política. Eran realistas planos, no experimentales. Como los escritores de tantos países pobres, desperdiciaron su talento intentando servir a su nación. Yo no quería ser como ellos porque incluso de joven había disfrutado con Faulkner, Virginia Woolf y Proust, y nunca aspiré al modelo social-realista de Steinbeck y Gorky. La literatura producida en los sesenta y setenta empezaba a dejar de estar de moda, así que fui bien recibido como autor de una nueva generación.


ORHAN PAMUK, fragmento de la entrevista concedida a Paris Review recogida en Otros colores, Random House Mondadori, Barcelona, 2008, traducción de Rafael Carpintero, pág. 421.

Moravia sobre Flaubert


No me gusta Flaubert, que cuidó mucho su estilo. Flaubert no parece un novelista muy bueno. Madame Bovary es una novela que se detiene y se atasca en todas las páginas. Por el contrario, en Proust, la novela se desliza, fluye, no se detiene jamás. Proust supo reanimar el movimiento narrativo mezclando en una misma frase los hechos y la crítica de los hechos. Sus novelas son novelas-ensayos. Desbloqueó la novela, que, después de Flaubert, no acababa de encontrar su camino. De pronto, afirma que sus personajes han envejecido. No es suficiente. Proust sacó a la novela de este callejón sin salida; su genio le hizo descubrir la solución de la novela-ensayo.

En realidad, ni siquiera aprecio el estilo de Flaubert. Lo encuentro ronroneante, simétrico, enredado, burgués. Por otra parte, conviene admitir que Flaubert asesinó a la novela en tanto que narración "inventada", romancesca. Prefiero, con mucho, a Balzac. Aunque escribe algunas veces muy mal y se encuentra en sus páginas cierta cantidad de escorias, de desperdicios, Balzac sigue siendo muy vivo, muy poderoso. Es más burgués aún que Flaubert, pero es la burguesía en todo su esplendor, treinta años antes que la de Madame Bovary.


ALBERTO MORAVIA, El rey está desnudo, conversaciones con Vania Luksic, Plaza&Janés, Barcelona, 1982, traducción de Alberto Baró, págs. 133 y 134.