El Evangelio de Schopenhauer, Nietzsche, Tolstói, Ibsen, Rousseau, Tertuliano y Agustín es un Evangelio inventado, adulterado, inauténtico, apócrifo.
Claudel sobre varios
El Evangelio de Schopenhauer, Nietzsche, Tolstói, Ibsen, Rousseau, Tertuliano y Agustín es un Evangelio inventado, adulterado, inauténtico, apócrifo.
Mann sobre Nietzsche
Nietzsche sobre el Nuevo Testamento
Cioran sobre Nietzsche y Voltaire
Borges sobre Nietzsche y Blake
Nietzsche sobre Sainte-Beuve
Sender sobre Nietzsche
MARCELINO C. PEÑUELAS: Sin embargo, parece que Nietzsche tuvo más influencia que Schopenhauer en los escritores del noventa y ocho.
RAMÓN J. SENDER: La influencia de Nietzsche fue definitiva con los tímidos. Representa la liberación anárquica en la conducta de los escritores. No una influencia de estilo ni una ideología. Nietzsche dijo que el hombre superior tenía derecho a maltratar a todo el mundo, y a algunos escritores como Unamuno, Baroja y Azorín les pareció muy bien.
MARCELINO C. PEÑUELAS: Nietzsche puede resultar peligroso para algunos espíritus sensibles y débiles, por la sensación falsa de fuerza que a veces producen sus escritos.
RAMÓN J. SENDER: Nietzsche era un paranoico. Su escuela producía alucinados y locos. Hitler asoló Europa y luego se pegó un tiro. A Mussolini lo colgaron. Nietzsche mismo murió en un manicomio. Ni siquiera había en él una base literaria racional que se pudiera dignamente considerar. Era un alucinógeno. De modo que yo no tengo nada de nietzscheano. Además, me ha parecido, por lo poco que yo sé de alemán y de algunas traducciones que he leído, un escritor afectado y retórico.
MARCELINO C. PEÑUELAS: Pero tiene cosas muy buenas, a pesar de su retórica. Zaratustra, por ejemplo.
RAMÓN J. SENDER: Los orígenes de la tragedia es lo único bueno, en mi opinión.
RAMÓN J. SENDER, entrevistado por MARCELINO C. PEÑUELAS para Conversaciones con Ramón J. Sender , Magisterio Español, Madrid, 1969, pág. 267 y 268
Cioran sobre Nietzsche
Juan de Mairena sobre Séneca
Russell sobre Nietzsche
Nietzsche no se cansa nunca de menospreciar a las mujeres. En su obra seudo-profética "Así hablaba Zaratustra", dice que las mujeres no son, todavía, capaces de amistad; son aún gatos, o pájaros o, a lo más, vacas. «Los hombres deben ser adiestrados para la guerra y las mujeres para el recreo de los guerreros. Toda otra cosa es tontería». El recreo del guerrero ha de ser de una forma peculiar si hemos de confiarnos en su enfático aforismo sobre este particular: «¿Vas con una mujer? No olvides el látigo».
Nietzsche sobre Nietzsche
FRIEDRICH NIETZSCHE, prólogo a El nacimiento de la tragedia, Gredos, Madrid, 2010, traducción de Germán Cano, pág. 7.
Safranski sobre Nietzsche
Por lo que se refiere a este Romanticismo de la vida dionisiaca que culmina en Nietzsche, el reproche puede formularse así: este filósofo denigró el espíritu hasta convertirlo en una mera función de la vida, y redujo el conocimiento a ciertas verdades que son sólo ficciones útiles para la vida. Ahora bien, en cuanto desaparece la verdad, se rompen los fundamentos de la moral social. Queda la lógica salvaje de la autoafirmación y el ideal de la desinhibida autorrealización de la vida fuerte a expensas de la débil. Por tanto, este tipo de vitalismo creó un presupuesto intelectual para una moral sin escrúpulos que terminó dando vía libre a la liquidación de la vida que no merece vivir, tal como se llegará a afirmar.
Nietzsche sobre Platón
Respecto a Platón soy un escéptico radical, y nunca he podido compartir con los eruditos su tradicional admiración por Platón como artista. En último término, están de parte mía en esta apreciación los más refinados jueces del juicio estético que existieron en el propio mundo antiguo. A mi forma de ver, Platón mezcla todas las formas del estilo; tiene sobre su conciencia una falta semejante a la de los cínicos que idearon la sátira menipea. Para que los diálogos de Platón, esa especie de dialéctica horriblemente satisfecha de sí misma y pueril, puedan ejercer un atractivo, es preciso no haber leído nunca a los buenos autores franceses (a Fontenelle, por ejemplo).
Nietzsche sobre Sand
He leído las primeras lettres d'un voyageur [Cartas de un viajero]: como todo lo que desciende de Rousseau, falsas, afectadas, un fuelle, exageradas. Yo no soporto ese multicolor estilo de papel pintado; tampoco la ambición plebeya de tener sentimientos generosos. Lo peor, ciertamente, continúa siendo la coquetería femenina expresada con unos modales masculinos, con unos modales de jóvenes ineducados. — ¡Qué fría tiene que haber sido, con todo, esta artista insoportable! Se daba cuerda como un reloj — y escribía... ¡Fría como Hugo, como Balzac, como todos los románticos, en cuanto se ponían a hacer poesía! ¡Y qué complacida de sí misma habrá estado tumbada al hacerlo, esa fecunda vaca de escribir, que tenía en sí algo alemán en el mal sentido de la palabra, lo mismo que también Rousseau, su maestro, y que, en todo caso, sólo fue posible al decaer el gusto francés! — Pero Renan la venera...
Canetti sobre Nietzsche
Beauvoir sobre Montherlant
“Como el burro de las norias árabes, giro y giro, ciegamente y marchando sin cesar sobre mis huellas. Pero no saco agua fresca.” Hay poco que añadir a esta confesión que firmaba Montherlant en 1927. El agua fresca nunca brotó. Quizá Montherlant hubiera debido encender la hoguera de Peregrinus: era la solución más lógica. Prefirió refugiarse en su propio culto. En lugar de entregarse a este mundo que no sabía fertilizar, se contentó con mirarse en él; y ordenó su vida en función del interés de este espejismo visible solo para sus ojos. “Los príncipes se sienten cómodos en cualquier circunstancia, incluso en la derrota”, escribió, y porque se complace en la derrota, se cree rey. Ha aprendido de Nietzsche que “la mujer es el entretenimiento del héroe” y cree que basta con entretenerse con mujeres para ser consagrado héroe. Y el resto por el estilo. Como dice Costals: “En el fondo, ¡menuda risa!”


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