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Arenas sobre Fuentes

Una noche, por truculencias del azar me vi en la residencia del rector de una prestigiosa universidad norteamericana. Esa noche se habían dado cita allí numerosos escritores de fama mundial. Una de las figuras que más me aterrorizó fue la de Carlos Fuentes; aquel hombre no parecía un escritor, sino una máquina computadora; tenía una respuesta exacta y al parecer lúcida para cualquier problema o pregunta que se planteara; lo único que había que hacer era apretar un botón. Los profesores norteamericanos proliferaban por allí en forma alarmante y, además, cada uno llevaba, como los enfermeros de un hospital, una gran chapa metálica pegada al pecho donde aparecían sus nombres y sus títulos. Carlos Fuentes se expresaba en un inglés perfecto y parecía ser un hombre que no tuviera ningún tipo de dudas, ni siquiera metafísicas; era para mí lo más remoto a lo que podía compararse con un verdadero escritor. Aquel señor, elegantemente vestido, era una enciclopedia, aunque quizás un poco más gruesa. Muchos escritores de este tipo reciben grandes premios literarios, incluyendo hasta el Cervantes o el Nobel y pronuncian unas conferencias impecables. Salí de aquella reunión aterrorizado.

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REINALDO ARENAS, Antes que anochezca, RBA, Barcelona, 1994, pág. 326

Yépez sobre Fuentes

 Primero que todo, obviedad, usted [Carlos Fuentes] construyó parte de la mejor literatura mexicana. Y sospecho que —y he aquí parte central de la presente carta tránsfuga— la novela mexicana contemporánea se trata de la fragmentación de las distintas novelísticas implícitas en su obra. Unos se quedaron con su afán polifónico-totalizador; otros con su afán minimal-estilístico. Y en el futuro otros se quedarán con su novela para lector común.


La literatura no es angelical; es consanguínea de las condiciones psicohistóricas de su época. Por ende, su forma literaria refluja la estructura del Partido Revolucionario Institucional. Y no sólo hablo del partido de Estado, sino también del modo de pensar que el PRI representa, en México y en cualquier región de la mente. No es casual que más de una vez usted haya apoyado al gobierno, como en ese bochornoso asunto de Echeverría. Menos penoso, sin embargo, que el TLC entre Octavio Paz y Carlos Salinas.


Muchas veces he pensado que cierto lenguaje suyo —sobre todo, en sus primeros libros— y el de Paz son increíblemente similares. Usted escribió las novelas que Paz nunca logró. (De un borrador de mala novela de tesis salió el Laberinto.) Su primera etapa narrativa, en definitiva, en el futuro se leerá a la par que la poesía de Paz. Y no me interesa quién copió a quién. Ese lenguaje estaba en el aire post-revolucionario. Por una parte, es reencauce del lenguaje popular elevado a rango estético, aprovechando su fuerza demosténica. Y, otra, y esto es más espinoso, ese lenguaje deriva de la demagogia del PRI. De su romanticismo machista del Pueblo y la Historia.


Usted y Paz, y sus “sucesores”, aplicaron el presidencialismo, el “Partido” único, en la literatura. Y eso sigue haciendo mucho daño. Mermó severamente el verdadero espíritu de la escritura: la disidencia desestructurante. Por desgracia, incluso, se puede prescindir de ustedes, y el PRI cultural continúa. Usted y Paz fungieron como caciques. Fueron protagonistas del modelo que aún hoy domina: la “República de las Letras”, la “Tradición Mexicana”, el escritor como caudillo que, en realidad, es terrateniente. Porfiriato y priato. Dictacalladita mexicana. El Partido de la Literatura Revolucionaria Integrada.


Una parte de su escritura, pues, depende del discurso nacionalista y los ideales del régimen. Hicieron del PRI, nuestra literatura más elegante. Fueron demasiado estetas. Demasiado literatos. Demasiado oficiales.


Afortunadamente, ese latifundio se está desmoronando. Y es que (qué risa) los herederos ni siquiera han tenido los huevos para mantener la hacienda bajo su mando.


Indudablemente sus novelas son una lección tremenda, bellísima, de estilos monumentales, técnicas de derroche, ambientes vocales. Enseñan a escribir. Creo que los narradores posteriores a usted, aprendieron justamente eso. Y sólo eso.


HERIBERTO YÉPEZ, Carta a un viejo novelista, Palabras Malditas, agosto de 2009. Toda la carta AQUÍ

Bolaño sobre Huidobro y Pérez-Reverte

MÓNICA MARISTAIN: ¿Qué le diría a Vicente Huidobro?
ROBERTO BOLAÑO: Huidobro me aburre un poco. Demasiado tralalí alalí, demasiado paracaidista que desciende cantando como un tirolés. Son mejores los paracaidistas que descienden envueltos en llamas o, ya de plano, aquellos a los que no se les abre el paracaídas.

M.M.: ¿Octavio Paz sigue siendo el enemigo?
R.B.: Para mí, ciertamente, no. No sé qué pensarán los poetas que durante esa época, cuando yo viví en México, escribían como sus clones. Hace mucho que no sé nada de la poesía mexicana. Releo a José Juan Tablada y a Ramón López Velarde, incluso puedo recitar, si se tercia, a Sor Juana, pero no sé nada de lo que escriben los que, como yo, se acercan a los cincuenta años.

M.M.: ¿No le daría ahora ese papel a Carlos Fuentes?
R.B.: Hace mucho que no leo nada de Carlos Fuentes.

M.M.: ¿Qué le produce el hecho de que Arturo Pérez Reverte sea actualmente el escritor más leído en lengua española?
R.B.: Pérez Reverte o Isabel Allende. Da lo mismo. Feuillet era el autor francés más leído de su época.

M.M.: ¿Y el hecho de que Arturo Pérez Reverte haya ingresado a la Real Academia?
R.B.: La Real Academia es una cueva de cráneos privilegiados. No está Juan Marsé, no está Juan Goytisolo, no está Eduardo Mendoza ni Javier Marías, no está Olvido García Valdés, no recuerdo si está Alvaro Pombo (probablemente si está se deba a una equivocación), pero está Pérez Reverte. Bueno, (Paulo) Coelho también está en la Academia brasileña.

MÓNICA MARISTAIN, Estrella distante: entrevista a Roberto Bolaño, Página12, 19 de julio de 2003. Toda la entrevista AQUÍ

Umbral sobre Fuentes y Paz

Hoy, por el contrario, el heredofranquismo está más vigente que nunca: utilización de las bases, reforzamiento de las relaciones con la OTAN, amistad/sumisión con Estados Unidos, sublimación de la Hispanidad como nunca la hubiera soñado Sánchez Bella, con halago continuo a intelectuales del V Centenario, como Octavio Paz o Carlos Fuentes, dos creadores acabados. Era mejor poeta Eduardo Carranza, amigo de Luis Rosales y los poetas falangistas, que el forzoso Paz, a quienes algunos llaman ya en Madrid "la Paz". "No faltes, que va a hablar la Paz".

FRANCISCO UMBRAL, La década roja, Planeta, Barcelona, 1993, pág. 25.

Paz sobre Fuentes


Haces mal en despreciar a Carlos Fuentes: su libro es un best-seller (va en la tercera edición) y parece que lo publicarán en Nueva York. Ahora escribe su segunda novela. Frente a esto ¿qué importan la confusión, los ecos, las repeticiones, los párrafos más recordados que escritos, más leídos que pensados y todo lo demás que se podría decir? A mí también me asombró su libro. Le tenía estimación, lo quería, creía en él, ¿cómo era posible que hubiera escrito eso? Pero eso –y esa fue mi segunda sorpresa– tuvo un gran éxito. Mis sentimientos frente a Fuentes son ambiguos –fue amigo mío, muy amigo; después de la novela, dejé de verlo; ahora nos hemos vuelto al ver. No puedo evitar quererlo; no puedo evitar que me irrite... y me defraude.


OCTAVIO PAZ, fragmento de una carta a José Bianco enviada en 1958, recogida por Guillermo Sheridan en Concordia: Las cartas de Octavio Paz a José Bianco, Cuadernos Hispanoamericanos, Nº 765, Marzo 2014, págs. 11 y 12.